domingo, 2 de agosto de 2015

Nuria de Gispert afirma que el Rey está «muy atado de pies y manos»


BARCELONA.- La presidenta del Parlament de Catalunya, Núria de Gispert, ha afirmado que el Rey Felipe VI está "muy atado de pies y manos" por el Gobierno, a la hora de tratar el encaje catalán dentro de España y el 27-S, por lo que no anticipa un cambio. Y ha considerado que el gesto serio del Rey antes del encuentro con Artur Mas en Zarzuela puede suponer que el monarca se haya dado cuenta de que el proceso va en serio y de que la situación es "gravísima".

"Espero que entienda que el presidente del Gobierno central y el resto de diputados de partidos del Congreso no son capaces de decir que este asunto es gravísimo y que lo tenemos que afrontar", ha subrayado.
De Gispert ha reconocido que ante la cuestión catalana la Monarquía tiene un papel institucional y solo podría actuar de árbitro si se lo pide el Gobierno central, pero no ha sido el caso. Además, ha recordado que la Monarquía es una institución que ha estado viviendo "sobre todo de los aires de Madrid, del Congreso y de los diferentes presidentes de Gobierno".
En su opinión, el Ejecutivo español no entiende lo que se propone desde Cataluña porque el Estado ha vivido siempre "por real decreto, por imposición, no ha vivido negociando ni pactando", una actitud y carácter que sí ha atribuido a los catalanes. Ha hecho hincapié en que el problema nunca han sido los españoles y lo ha achacado al Estado: "El problema es el Estado español, del color que sea; cuando se trata de Cataluña siempre es no", ha lamentado.
Para De Gispert, la prueba que dota de razón la reivindicaciones soberanistas del Govern es que el independentismo hace diez años suponía un 15% de la población y hoy alcanza el 47%. "Si el Gobierno nos hubiese tratado bien, como corresponde a una comunidad histórica como Catalunya, estoy convencida de que en este momento no estaríamos hablando de lo que hablamos", ha zanjado la también miembro de Demòcrates de Catalunya, partido escindido de UDC.
Ha recordado como el expresidente Pasqual Maragall lo intentó con el Estatut, que tumbó un TC -que en ese momento estaba deslegitimado, según ella-; después Mas con el pacto fiscal; siguió la defensa del derecho a decidir; la ley de consultas y el 9-N.
Mientras, ha asegurado, desde el Govern se han hecho intentos para pedir la competencia y poder convocar un referéndum: "Nada", ha concluido. "Cuando al otro lado sólo tienes una pared de hormigón, a la fuerza un pueblo como Cataluña que es luchador, que ha perdido muchas guerras pero que se ha levantado, llega un punto que dice: '¡Hasta aquí hemos llegado!".

martes, 28 de julio de 2015

Yo que Felipe no estaría tranquilo / Jaime Peñafiel *

Y no lo estará. Nunca, hasta ahora, desde que la forma de Estado en España es la  Monarquía, se había atacado, de forma tan directa, como se está haciendo. No creo le tranquilicen las encuestas que, como se está viendo, no responden a la realidad. Al menos, en la izquierda. Y ya lo dijo “el coletas” cuando declaró, cínicamente,  que no se convive en democracia con un rey o una reina. Y que Felipe,  si quiere seguir siendo Jefe de Estado, que se presente a unas elecciones. Ganas de decir tonterías.

De Norte al Sur del país, se está extendiendo el ataque a los símbolos de la Monarquía. Empezó el alcalde de Cádiz, Jose María González “Kichi”, sustituyendo el retrato del Rey por el de un alcalde anarquista, durante la I República. Le siguió la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, retirando el busto de don Juan Carlos del Salón de Plenos del Ayuntamiento, de una forma desagradablemente ostensible, con luz y taquígrafos.

En Zaragoza, se sustituyó el nombre que Felipe daba a un pabellón deportivo por el de un entrenador. En la localidad barcelonesa de Montcada, también el retrato del actual Rey para sustituirlo por una imagen de la localidad. Y en el municipio orensano de Arrua, la alcaldesa, María Albert, retiró dos fotografías del Rey en cuanto tomó posesión. Como la alcaldesa de Moaña, Leticia Santos, quitó el retrato del Rey para sustituirlo por la fotografía de Castelao, padre del nacionalismo gallego. La lista es interminable porque el efecto Colau se ha extendido por toda España.

Sabíamos que España era una Monarquía sin monárquicos. Con millones de juancarlistas. Pero no sabíamos que la Institución tenía tantos enemigos y tantos detractores.

Lo peor, está todavía por llegar. La coordinadora 25S, ya ha comenzado la campaña para derribar a la Monarquía, haciendo suya la convocatoria de la llamada Junta Estatal Republicana, para la manifestación que se celebrará el 28 de septiembre, coincidiendo con el fin de semana de las elecciones catalanas, bajo el lema “Monarquía no es democracia, es dictadura y corrupción”.

Pablo Echenique, secretario general de Podemos en Aragón y, desde su silla de ruedas, ha asegurado que “cada territorio o ciudad tiene que pensar que símbolos le mueven y representan y actuar en consecuencia”. ¡Toma ya!

No les vale a muchos que la vicepresidenta, Soraya Sáez de Santamaría, exija respeto a la Ley. La ignoran como “un gesto de normalidad, madurez e higiene democrática” ya que “la figura de Felipe representa una institución antidemocrática y anacrónica”.

Hasta ahora, diez o doce han sido las visitas de Felipe a Cataluña. En todas ellas se ha esforzado en caer bien hablando catalán. Independiente de que no sirve de mucho, tampoco es necesario. Como no lo fue hablar en francés en su comparecencia ante la Asamblea Nacional francesa el 3 de junio pasado. Todos los Jefes de Estado del mundo, en sus comparecencias a este nivel, utilizan su idioma. Todos sabemos que habla un magnífico inglés y un aceptable francés, pero él es el representante del Estado español. Son detalles que no debe olvidar.

Si un día deja de ser Rey, al menos que lo haga consciente de que siempre fue un soberano lleno de dignidad, sin gestos a la galería que jamás agradecerá nadie.

Mucho me temo que la cuenta atrás de la Monarquía puede, si Dios y Felipe no lo remedian, haber comenzado ya. Yo que él no estaría tranquilo.

Una pregunta: cuando Letizia se casó con Felipe, ¿pensó, en algún momento, en todo lo que está pasando y puede pasar? A lo peor, no iba a ser un camino de rosas, como muchos piensan. ¿También los republicanos de su familia?

Nada de esto sucedió durante los 40 años del rey Juan Carlos. Sería bueno no olvidarlo.


(*) Periodista


viernes, 24 de julio de 2015

Carta abierta a Felipe VI / Ramón Cotarelo *

Estimado señor: en 1716, un antepasado suyo, Felipe V, abolió de un plumazo los derechos y libertades catalanas tras someter Barcelona mediante conquista militar. Trescientos años después quiere el destino que venga usted a impedir que los recuperen.

Acaba usted de espetar un discurso a un gobernante democrático, elegido por las urnas, como usted no lo ha sido, cuyo contenido esencial reside en recordar la necesidad de respeto al principio de supremacía de la ley, sin el cual, no es posible la sociedad civilizada.

¿Con qué autoridad dice usted eso a un presidente que, como él mismo señaló en una entrevista posterior, nunca se ha saltado la ley? Contestemos a esta fastidiosa pregunta.

Su autoridad personal en la materia que, a fuer de republicano, este blog no reconoce, es inexistente. Su poder viene directamente de la designación de un militar golpista, un delincuente perjuro que se alzó contra su gobierno y usted no ha tenido el coraje ni la gallardía de refrendarlo mediante una consulta a la ciudadanía, un referéndum en el que esta decida si quiere seguir con la monarquía o prefiere la República, el último régimen legítimo que hubo en España, pues el suyo no lo es.

Usted carece de autoridad pero se hace eco de la del gobierno español, ese sí, elegido por sufragio universal. Es este quien ha enviado a usted a Cataluña a recitar el catón elemental del Estado de derecho: el respeto a la ley, que a todos nos obliga, incluidos los gobernantes.

En términos abstractos esto es cierto. En términos concretos, aquí y ahora, en España, no solo no lo es, sino que es una burla. El gobierno que exige a Mas el cumplimiento de la ley, la cambia a su antojo, unilateralmente, sin consenso alguno, valiéndose de su rodillo parlamentario cuando le conviene, de forma que esa ley ya no es una norma de razón universal, general y abstracta que atienda al bien común, sino un dictado de los caprichos del gobierno del PP que, como sabe usted perfectamente, es el más corrupto, arbitrario e incompetente de la segunda restauración. 
 
Un solo ejemplo lo aclara: el mismo día que el presidente de ese gobierno, un hombre sin crédito ni autoridad algunos, sospechoso de haber estado cobrando sobresueldos de procedencia dudosa durante años, denuncia que los soberanistas catalanes intentan "cambiar las reglas del juego" al desobedecer la ley, sus acólitos presentaban un proyecto de ley de reforma del sistema electoral español para cambiar las reglas de juego a tres meses de unas elecciones. Y nadie en España, ni un medio de comunicación, ni un publicista ha denunciado esta arbitrariedad, esta ley del embudo.

Ciertamente, los gobernantes dicen que, si a los catalanistas no les gusta la ley, pueden cambiarla, pero legalmente, como han hecho ellos. No tengo a usted por una lumbrera, pero imagino que no se le escapará la impúdica hipocresía de este razonamiento pues los catalanes jamás serán mayoría en cuanto catalanes en España y, por tanto, no pueden materialmente cambiar la ley y están condenados a vivir bajo la que la mayoría les impone. Siempre. Por si no lo sabe usted, eso se llama "tiranía de la mayoría" y es tan odiosa como la de la minoría.

No, señor, el asunto ya no es de respeto a la ley. El asunto es de legitimidad, o sea mucho más profundo y antiguo. Pero, por no abusar de su paciencia, se lo expondré a usted en tres sencillos pasos a imitación de la triada dialéctica hegeliana que sirve para explicar la evolución de la realidad, pero también su involución.

Primero vino una guerra civil y cuarenta años de dictadura que forjaron una realidad española en la que se mezclaban los sueños de fanfarrias imperiales con los harapos de un país tercermundista, gobernado por los militares y los curas, como siempre. Fascismo, nacionalcatolicismo, centralismo, ignorancia, represión y robo sistemático. Fue la tesis.

Luego llegó la transición, la negación de la tesis, la antítesis. España se convertía en una democracia homologable con el resto de los europeas. Se negaba la dictadura. El Estado se descentralizaba y devolvía libertades a los territorios, se promulgaba una Constitución que consagraba la separación de la Iglesia y el Estado y propugnaba un Estado social y democrático de derecho. Y se acariciaba la ilusión de que era posible una continuidad normal del Estado, por encima de los avatares históricos.

Por último llegó la negación de la antítesis, la negación de la negación, la síntesis. Con el triunfo aplastante del PP en 2011, volvió el espíritu de la dictadura, el gobierno de los  curas (o de sus sectarios del Opus Dei), el nacionalcatolicismo. Se conservó la cáscara de la Constitución, pero se la vació de contenido con la ayuda del principal partido de la oposición, cómplice en esta involución y se procedió a recentralizar el país, atacando el régimen autonómico y burlando las expectativas catalanas, de forma que su estatuto carece de contenido. De nuevo con la ayuda del PSOE y la diligente colaboración de todas las instituciones del Estado. La que más se ha usado ha sido un Tribunal Constitucional carente de todo prestigio y autoridad moral por estar plagado de magistrados al servicio del gobierno o sectarios del Opus Dei, con su presidente a la cabeza, militante y cotizante del PP. 

Así están hoy las cosas en España, señor mío. Un gobierno de neofranquistas y nacionalcatólicos, empeñados en imponer sus convicciones como ley de la colectividad, corroído por la  corrupción, basado en un partido al que algún juez considera una asociación de delincuentes. Un gobierno que ha provocado una involución sin precedentes, una quiebra social profunda (lea usted las estadísticas de pobreza, las de paro, las de productividad, las verdaderas, no las que fabrica esta manga de embusteros) y una quiebra territorial mucho más profunda, que él mismo reconoce de una gravedad extrema y de la que es el único responsable por su incompetencia, autoritarismo y corrupción.

¿Cree usted que ese gobierno tiene autoridad para hablar de la ley?  ¿La tiene usted?

No le extrañe que los catalanes quieran liberarse de esta tiranía personificada en estúpidos provocadores como ese que quiere "españolizar a los niños catalanes". Muchos otros, si pudiéramos, haríamos lo mismo. No quieren, no queremos, vivir otra vez el franquismo. 

Y usted, le guste o no, lo representa.
 
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

Sobre la retirada de símbolos monárquicos en Cataluña / Joaquín Abad *

Por lo menos los de Podemos y sus amigos gobernantes en el ayuntamiento de Barcelona, que preside la conocida activista anti-sistema Ada Colau, son consecuentes con su ideología, aunque se salten la ley a la torera, como viene haciendo la Generalitat desde hace muchos años. Y lo viene haciendo porque el Gobierno, los sucesivos gobiernos de la nación, han mirado para otro lado. Y claro, empiezas cediendo la mano y al final no es el codo, sino todo el cuerpo lo que se toman.

La retirada del busto de Juan Carlos del Salón de Plenos del ayuntamiento de la Ciudad Condal es sólo el principio. En las redes sociales el ayuntamiento dicen que ese busto no representa al actual jefe del Estado, y que carecen de uno de Felipe VI. Pero intuyo que aunque alguien se lo regale, se lo done, se lo ofrezca, los políticos gobernantes, Colau y su pareja y los colocados a dedo, harán lo imposible y será el principio de una apariencia republicana, que sintoniza muy mucho con el secesionismo reiteradamente anunciado por Artur Mas. Sí, el que fue en son de paz a visitar al Rey de España, en el palacio de La Zarzuela el pasado día 17, y le recibieron con cara de pocos amigos, pero le recibieron.


El rostro de ayer de Felipe VI, en el acto de entrega de despachos a los 35 nuevos jueces de la 65ª promoción de la Escuela Judicial, celebrado en Barcelona, era todo un poema de seriedad y disgusto. Junto a Felipe VI se hallaba sentado Artur Mas, que a pesar de su sonrisa no logró que el Rey le dirigiera la palabra. Los espías ya habían filtrado al monarca lo que se estaba barruntando en el Ayuntamiento, por lo que el deterioro de las relaciones aumentaba por minutos.


Lo dicho. Han sido muchos años que las instituciones nacionales, y el propio Jefe del Estado, han permitido que los políticos catalanes incumplieran las leyes alimentando artificialmente la necesidad de separarse de España y ser un estado independiente. La culpa no sólo ha sido de los corruptos políticos catalanes que quieren salvarse de la cárcel. La culpa es de quien se lo ha permitido, hasta la fecha.

(*) Periodista y editor de www.muyconfidencial.com y de www.mil21.es

domingo, 7 de junio de 2015

Con ésto, ¿tampoco va a pasar nada? / Ramón Cotarelo *

Que el Rey pueda ser un imbécil o un criminal capaz de homenajear en España a los compañeros de quienes su protector Franco asesinó a mansalva y cuyos huesos yacen aún en fosas comunes en todo el país está dentro de la naturaleza de las cosas. Hasta es probable.
Que al gobierno de mangantes neofranquistas esto no le produzca reparo alguno y hasta le parezca bien, también es muy probable dado que está compuesto de nacionacatólicos y fascistas más o menos nostálgicos, a quienes la coherencia ética nunca ha parecido asunto de interés porque desconocen qué sea la ética, la conciencia u otras zarandajas. Si hay que disimular y hacer como que la justicia y los derechos humanos nos importan, se disimula y se hace. Al fin y al cabo, lo suyo es robar.
Que la oposición -en gran medida heredera de los héroes de la Nueve en París y de los asesinados en el genocidio franquista- todavía no haya dicho nada, ni protestado siquiera, demuestra su grado de abyección moral, habiendo cambiado un lugarcejo al sol de las elecciones por su responsabilidad por el restablecimiento de la justicia en nuestro país. Demuestra que no solamente no tiene valor para presentar una moción de censura, sino que también carece de él para respetar sus propios ideales y la memoria de quienes murieron por ellos. O sea, que es tan escoria y bazofia como la corona, el gobierno y su partido.
Que los medios no den la noticia, no digo ya completa, como aquí, sino ni siquiera manipulada, censurada, por temor a que la gente ate cabos, demuestra que, si los políticos de la oposición son miserables y cobardes, los periodistas lo son por partida doble porque su deber es precisamente este: informar de algo que tiene una indudable trascendencia.
El Rey homenajea en París a los republicanos españoles, compañeros de los cientos de miles que los fascistas también españoles asesinaron y enterraron en fosas comunes y que el gobierno de este Rey y él mismo siguen negándose a desenterrar y hacerles justicia.
Los viejos soldados nunca mueren

Esta línea de la antigua  balada antimilitarista, reconvertida luego en timbre de honor por el general MacArhur en la guerra de Corea, se aplica a la inenarrable ceremonia de esta semana en la que Felipe VI homenajeó en París a los combatientes españoles republicanos de la novena compañía de la división Leclerc y haciéndolo, si no yerro, bajo los colores de la bandera de quienes los expulsaron de su país. Aquí solo una reflexión complementaria, para ver más de cerca esta vergüenza de la Gran Nación.

La Europa de hoy es el resultado de la derrota del fascismo. España lo es de su victoria. Allí ganaron quienes aquí perdieron. No compartimos memorias. No compartimos nada. En Europa abundan los recuerdos, monumentos, homenajes a los antifascistas. No hay ninguno que honre la memoria de los fascistas. Aquí es al revés: apenas dos o tres placas y recuerdos a los antifascistas, generalmente por iniciativa municipal, y una plétora de monumentos, calles, plazas, arcos, fuentes, paseos y hasta pueblos enteros dedicados a honrar la memoria de los fascistas. La historia la escriben los vencedores y, por eso, el arco de La Moncloa, a la entrada de Madrid,  sigue llamándose Arco de la victoria.
Felipe VI hiló un discurso vergonzoso. Por el contenido y por la circunstancia. Citó como si fuera motivo de orgullo, la presencia en Francia de artistas e intelectuales españoles, entre los que mencionó a Picasso, Dalí y Machado. Pero no dijo nada de las razones de la marcha de muchos de ellos.  Y eran poderosas. Le ofrezco un par de ejemplos, entre otros posibles, por si las desconoce. Julián Zugazagoitia y Lluís Companys eran dos españoles que también se fueron a Francia en aquellos años. Los ocupantes alemanes los capturaron, se les entregaron a Franco y Franco los hizo fusilar. ¿Entiende S.M. por qué se iban los españoles, incluidos los combatientes de la Nueve?
Pero hay más. Hay la circunstancia. Casi nadie subraya el hecho verdaderamente aleccionador de que el discurso de Felipe VI se hiciera en presencia de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, nieta de exiliado político del franquismo e hija de emigrante económico de ese mismo franquismo. El franquismo que nombró Rey a su padre.
No, los viejos soldados nunca mueren. Solo se difuminan. 
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

sábado, 6 de junio de 2015

El Rey Felipe VI preside como tal su primer desfile militar en el 'Día de las Fuerzas Armadas'


MADRID.- Los Reyes don Felipe y doña Letizia han presidido hoy, en Madrid, por vez primera, el Día de las Fuerzas Armadas. Un acto sobrio (ha costado 40.000 euros, un 90% menos) y sin la parafernalia neofranquista, de apenas media hora de duración y con escasa presencia política. 

Junto a los monarcas, sólo los ministros de Defensa e Interior, Pedro Morenés y Jorge Fernández Díaz. También la alcaldesa en funciones de Madrid, Ana Botella, la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa y, el todavía presidente de la Asamblea madrileña, José Ignacio Echevarría, aparte de otros altos cargos del Ministerio de Defensa y de la Casa del Rey.
A su llegada, la Guardia Real, mientras sonaba el Himno Nacional, ha rendido honores a Felipe VI vestido con uniforme de capitán general del Ejército de Tierra, quien ha saludado a las autoridades presentes, ha pasado revista a las tropas, se ha procedido al homenaje a los Caídos mientras sonaba 'La muerte no es el final' luego el toque de oración seguido de una descarga de fusilería y, a continuación, ha dado comienzo a un desfile de 600 elementos de la propia Guardia Real, el Ejército de Tierra, el Ejército del Aire, la Armada y la Guardia Civil, todo entre el Paseo del Prado y la Plaza de Cibeles.
El rey Felipe VI pasó revista a las tropas nada más llegar a la Plaza de la Lealtad, donde cientos de personas han arropado a los Reyes y a las Fuerzas Armadas en esta jornada castrense. El rey depositó primero una doble corona de laurel, en homenaje de recuerdo a los caídos por España en todas las guerras, a los piés del monumento a los héroes en los jardines de la plaza. 
Posteriormente los monarcas presidieron una breve parada militar en la que participaron unidades de todos los ejércitos y de la Guardia Civil. La Patrulla Águila irrumpió en el cielo de Madrid pintando con los colores de la bandera española mientras los gritos por España, por los Reyes y, sobre todo, por el Himno Nacional, se multiplicaron durante la breve y austera ceremonia. 
Una vez que desfiló el último soldado, el Rey se apresuró a abandonar la discreta tribuna, despedirse de las autoridades y abandonar la zona, no sin antes saludar de nuevo a los cientos de ciudadanos que se habían acercado a participar de la parada militar.
Posteriormente los Reyes han ofrecido un 'lunch' en el Palacio Real a unos 300 invitados, la mayoría de ellos numerosos jefes y oficiales de los tres ejércitos y de la Guardia Civil. 
Los actos conmemorativos del Día de las Fuerzas Armadas de este sábado han comenzado a las 10.30 horas con el izado solemne de la bandera de 290 m2 en la Plaza de Colón, de Madrid, que ha sido presidido por el Jemad, quien ha estado acompañado por el jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra (jeme), general Jaime Domínguez-Buj; el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire (jema), Francisco Javier García Arnaiz; el jefe del Estado Mayor de la Armada (ajema), almirante general Jaime Muñoz-Delgado, y el director general de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa.

En el acto, que ha sido sencillo, ha estado presente una compañía mixta de los Ejércitos, la Armada y la Guardia Civil, a los que ha pasado revista la autoridad competente antes del izado de la bandera y la llegada posterior de los Reyes a la plaza de la Lealtad.

Gritos a favor de la Corona

Los Reyes han sido acogidos con aplausos y gritos de "viva España" y "viva la Corona" de cientos de personas que han presenciado la celebración.
Aplausos y gritos de "vivas" a la monarquía y las Fuerzas Armadas se han escuchado durante el acto, especialmente a la llegada de los Reyes a la plaza de la Lealtad, pasadas las 12:30 horas, y a su partida al finalizar el acto.
Tras el acto, que ha durado unos 25 minutos, las autoridades se han dirigido a la recepción oficial que han ofrecido los Reyes en el Palacio Real.
Este 6 de junio ha sido el primer Día de las Fuerzas Armadas para Don Felipe, pero no el primer acto militar que preside como rey de España. Después de su proclamación, el monarca presidió el desfile con motivo del Día de la Hispanidad el 12 de octubre y el 6 de enero fue el anfitrión en el Palacio Real durante la Pascua Militar. Por tanto, este ha sido el último acto militar que preside antes de cumplir su primer año como jefe del Estado.
La celebración del Día de las Fuerzas Armadas se remonta a 1978, cuando se estableció la conmemoración anual de una fiesta de carácter nacional que homenajeara a los Ejércitos y fomentara el conocimiento y la integración entre los mismos y la sociedad española.

El rey Felipe VI, flanqueado por la Reina Letizia, ha presidido este sábado por primera vez el Día de las Fuerzas Armadas, en la ceremonia celebrada en el centro de Madrid y que en esta edición fue retransmitida en directo por Televisión Española. En el desfile, que ha concluido en la Plaza de la Lealtad, participarán unos 600 militares.
Los actos han costado unos 140.000 euros, cifra similar a la del año pasado. Además del desfile en Madrid habrá 274 eventos repartidos por toda la geografía española.
El ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha afirmado que las Fuerzas Armadas "forman parte fundamental de la sociedad española" y se sienten reconocidas por la misma. En declaraciones a Televisión Española momentos antes de que comenzara la parada militar, ha afirmado que el rey Felipe VI "ha asumido perfectamente su papel de mando supremo" de los tres ejércitos".
Además, ha dicho que, ya siendo príncipe de Asturias, "demostró un conocimiento profundo de esta institución y un cariño tremendo".


Leer más:  El Rey Felipe VI preside su primer desfile de las Fuerzas Armadas. Noticias de España  http://www.elconfidencial.com/espana/2015-06-06/fuerzas-armadas_872113/#lpu6vdQyDEdsII6m

El rey Felipe VI, flanqueado por la Reina Letizia, ha presidido este sábado por primera vez el Día de las Fuerzas Armadas, en la ceremonia celebrada en el centro de Madrid y que en esta edición fue retransmitida en directo por Televisión Española. En el desfile, que ha concluido en la Plaza de la Lealtad, participarán unos 600 militares.
Los actos han costado unos 140.000 euros, cifra similar a la del año pasado. Además del desfile en Madrid habrá 274 eventos repartidos por toda la geografía española.
El ministro de Defensa, Pedro Morenés, ha afirmado que las Fuerzas Armadas "forman parte fundamental de la sociedad española" y se sienten reconocidas por la misma. En declaraciones a Televisión Española momentos antes de que comenzara la parada militar, ha afirmado que el rey Felipe VI "ha asumido perfectamente su papel de mando supremo" de los tres ejércitos".
Además, ha dicho que, ya siendo príncipe de Asturias, "demostró un conocimiento profundo de esta institución y un cariño tremendo".


Leer más:  El Rey Felipe VI preside su primer desfile de las Fuerzas Armadas. Noticias de España  http://www.elconfidencial.com/espana/2015-06-06/fuerzas-armadas_872113/#lpu6vdQyDEdsII6m

domingo, 24 de mayo de 2015

El rey emérito Juan Carlos I y la princesa Corinna vivirán en un chalé de Somosaguas

MADRID.- La relación entre la supuesta princesa Corinna Zu Sayn-Wittgentein y el rey emérito Juan Carlos I, lejos de lo que algunos portavoces de Zarzuela afirman, está bastante más consolidada de lo que pretenden los consejeros de la Corte, según http://www.mil21.es

Tras el incidente de Botswana, donde ambos se hallaban cazando elefantes y que terminó en accidentado regreso a España y hospitalización del monarca, los servicios secretos prácticamente la expulsaron del territorio nacional como si fuera una apestada. Aquello dejó una marca agria en el comportamiento de las autoridades españolas con la amada del rey y llego a manifestar que no tenía intención de regresar nunca más.

Pero parece que Juan Carlos está decidido a pasar el resto de sus días en compañía de la princesa Corinna, aunque ya haya desistido a divorciarse de Sofía de Grecia, dado que supondría un nuevo escándalo en la casa real con el reparto de gananciales, como establece la ley española, donde saldrían a relucir los miles de millones que Juan Carlos ha acumulado de sus comisiones. Dinero que se encuentra en diferentes paraísos fiscales y opacos a la Hacienda española.

El chalé donde ambos vivirán se halla en la calle Siete Cerros, de una exclusiva urbanización de Somosaguas, Pozuelo de Alarcón, con acceso restringido, y tras varios años de obras está siendo decorado por la propia princesa Corinna. La pareja de Juan Carlos y su novia tendrán vecinos de postín como son el ex presidente Felipe González, la pareja Aznar-Botella, el cantante Miguel Bosé así como la familia Botín.

La parcela está a nombre de una empresa interpuesta, como es natural, pero que fue adquirida con fondos del monarca y todos los gastos corren a cargo del que se dice uno de los hombres más ricos de Europa.

Los Reyes celebran su undécimo aniversario de boda

MADRID.- Si echamos la vista al presente podemos ver hoy en día a los Reyes de España llevando un matrimonio estable, compenetrado y en el que disfrutan de su vida social de una manera muy cercana al pueblo.

Este año han celebrado su undécimo aniversario presidiendo la Jura de Bandera de los nuevos Guardias Civiles en el cuartel de El Pardo.
Un acto seguramente muy especial para ellos, ya que aunque no es el primer año de casados, sí lo celebran como el primero siendo Reyes de España.

jueves, 7 de mayo de 2015

La prensa, complice de Juan Carlos / Joaquín Abad *

Tras la lectura del libro de Ana Romero, Final de Partida, sobre la última etapa de Juan Carlos, como rey y como persona, saco algunas conclusiones. La más trágica, la que más me duele porque llevo la libertad, la independencia del periodismo en mi ADN desde que empecé las prácticas al final del régimen de Franco, es la complicidad de la prensa. 
 
Leo que desde que era príncipe, nuestro Rey Juan Carlos ha sido todo un golfo. Siempre se ha comportado como un auténtico egoísta, buscando sólo diversión y acercándose a amigos adinerados a los que sablear. Y siendo la primera autoridad del Estado ha coleccionado centenares de amantes despreciando, humillando a su esposa, la Reina Sofía de Grecia, a la que le restregaba en público la querida de turno. 
 
Y en la prensa, que lo sabía, que lo fotografiaba, nada se decía. Nada se publicaba. En la mayoría de casos por esa especie de pacto no escrito entre los directores de los medios que ignoraban las golferías del Jefe del Estado español. Vamos, como si de la familia Franco se tratara, sólo que España no era ya una dictadura militar y la libertad de prensa estaba respaldada por la Constitución.

Son muchas las ocasiones que editores de revistas del corazón han comprado fotos comprometidas, reportajes escandalosos de Juan Carlos para guardarlos en el cajón del olvido y luego, quien sabe, utilizarlos para obtener favores. Otras ocasiones, miles, son los propios directores que reciben la llamada de Zarzuela solicitando que no se publicara tal o cual información que en nada favorecía la imagen social del Rey de España. 
 
El Mundo de Pedro J. Ramírez era uno de los pocos que se resistía a las presiones pero no obstante se resguardaba reproduciendo lo que revistas italianas, o inglesas, publicaban de nuestro monarca que lo fotografiaban en pelota picada, en algún yate, con la amante de turno. 

Fue a partir de Botswana, cuando nos enteramos que nuestro Rey se dedicaba a matar elefantes en plena crisis económica, con colas de miles y miles de españoles en los comedores de Cáritas, que se terminó con esa complicidad. Nuestra primera autoridad estaba por encima del bien y del mal. Para él no había crisis, ni había nada que le impidiera irse de cacería a Africa junto con su última amante, la denominada princesa Corinna. 

La prensa, los periodistas, los editores, han sido los cómplices durante cuarenta años de los excesos de un monarca que ha disfrutado de quizá un millar de amantes, y que se sabe que ha amasado una fortuna mil millonaria. Cómplices de un mal ejemplo social y económico y que se ha rodeado de una corte de empresarios que hacían negocios gracias al tráfico de influencias que se emanaba desde la propia Zarzuela. ¿O no?
 
(*) Periodista y editor de www.muyconfidencial.com

lunes, 20 de abril de 2015

Adelanto de un capítulo del libro 'Final de Partida', de Ana Romero


Un día cualquiera de marzo de 2013, saloncito azul, palacio de La Zarzuela. ¿Cuántos momentos de infelicidad pasó don Juan Carlos solo en su saloncito azul el año antes de abdicar? No en su despacho oficial ni en el salón de audiencias donde recibía a autoridades. Tampoco a la entrada de Zarzuela donde se fotografiaba junto a reyes y jefes de Estado. Ni en comidas o cenas con supuestos amigos en las que decía lo que los demás querían o podían oír. Solo, sentado sobre un sofá vacío frente a una tele. Solo, sin el sonido de los flashes y las bromas impostadas, junto a un teléfono que más que un móvil era su cordón umbilical con un mundo del que se había aislado. "Poco a poco, le fueron quitando todo: el poder, la mujer que amaba, su capacidad para disfrutar de la vida. No le dejaron nada, excepto la soledad de un viejo león que se retira solo a morir", señala una persona que supo de esos días trágicos de Juan Carlos I durante parte del año 2013.
Según esa misma persona, a partir de enero de 2013, y sobre todo en el terrible mes de marzo, el rey fue sometido a un "confinamiento en régimen de incomunicación". Esta afirmación, a todas luces exagerada, provoca reacciones diferentes. Para unos, el monarca fue abandonado por todos en su entorno inmediato como castigo a su comportamiento poco ejemplar y como medida de presión para conducirlo a la abdicación: "Lo dejaban solo queriendo". Para otros, su soledad fue la consecuencia natural de una vida labrada con la laboriosidad del gran egoísta que es: "Una mezcla explosiva del ser humano y del jefe de Estado: cuando no actúa movido por sus propios intereses, lo hace por los de España. Nunca lo hace pensando en qué es lo mejor para ti. No le importa nadie, sólo se importa él".
Como no busco juzgar, sino sólo explicar lo que sucedió en la convulsa parte final del reinado de Juan Carlos I, creo que fue a través de esa escena doméstica -un septuagenario sin familia ni amigos que se consume en una salita decorada hace mucho en azul- como visualicé el drama del que nace rey y está condenado, a perpetuidad, a ser un símbolo institucional antes que un hombre de carne y hueso. (...)
A partir de Botsuana y de la falta de sensibilidad que el rey mostró hacia el posible colapso económico de España, su capital político y humano empezó a hacer aguas. En marzo de 2013, se sintió impotente para recuperarlo y eso le llevó a la desesperación. Sin la caza, sin la libertad, sin los viajes, sin la compañía del ser querido, sin el poder y hasta sin ese sofá mullido que a todos nos gusta tener en casa: a raíz de las operaciones y sus dificultades para moverse, los médicos pidieron que se le cambiara el sofá del saloncito azul por uno nuevo y seguramente más incómodo.
La familia también hacía tiempo que había desaparecido, si es que alguna vez la tuvo. "Podía pasarse hasta dos meses sin ver al príncipe, que estaba claramente del lado de la madre", señalan fuentes conocedoras de las escuálidas relaciones familiares de los Borbón-Grecia. "Incluso sin ver a la infanta Elena, de la que siempre se dice que es la que más unida está a él. A veces venía a verlo cuando iba a montar a caballo a La Zarzuela, pero ellos no saben lo que es el amor familiar, nadie les ha enseñado -continúan-. No fue el caso Urdangarin el que descompuso a la familia: esta simplemente no existió nunca".
"Me daba pena verlo ahí solo, un sábado, un domingo por la tarde y por la noche, sin más compañía que los ayudas de cámara", cuenta una persona que en más de una ocasión dejó a los suyos para acompañar al monarca en los temibles fines de semana de prisión incomunicada a los que fue condenado sobre todo tras la operación de hernia discal del 4 de marzo de 2013, cuando le dieron un tiempo estimado de baja entre dos y seis meses. Médicamente fue esa operación la que más secuelas le dejó: "Al quitarle la presión que sufría en la espalda, la consecuencia fue similar a la de una manguera a la que se le quita una piedra que la está presionando desde hace mucho tiempo: se queda aplanada y el agua no pasa bien. Lo mismo le ocurrió a don Juan Carlos: los nervios de las piernas no le funcionaban bien y le costaba moverlas. Eso le aterrorizó, porque pensó que quedaría confinado en una silla de ruedas, como su madre, el resto de su vida".
"Mándame una pistola para que me suicide", le dijo el rey a uno de sus amigos después de que el Gobierno, el jefe de la Casa y hasta el director del CNI le hubieran obligado a cancelar el viaje a Abu Dabi "no por consejo médico -como se dijo públicamente-, sino porque se comprendió que CSW [Corinna zu Sayn-Wittgenstein] podía ser un verdadero peligro para la seguridad nacional". La petición de una pistola era claramente una exageración del monarca, que no podía ocultar su irritación. Por primera vez casi desde la muerte de Franco, no se hacía su voluntad. Según se comentó esos días en su entorno, "entre unos y otros" le estaban dejando "sin salida vital".

Cancelación del viaje de Abu Dabi

Para un político que trabajó cerca de él durante años, "cancelar el viaje de Abu Dabi fue un error, porque fue cuando el rey dijo: 'Van a por mí'. Desde entonces, y hasta finales de marzo, sufrió una gran presión para que abdicara. Se sentía completamente solo y entró en depresión. Le obligaron a que dejara de verse con CSW, se operó otra vez y tenía mucho miedo".
La celeridad y la seriedad con la que se canceló el viaje a Abu Dabi -el embajador de España allí, Eugenio Salarich, lo supo menos de 24 horas antes- le dejó "noqueado" de una manera especial, según fuentes de su entorno, que añaden: "Es un manipulador nato: le dice a todo el mundo lo que quiere oír en cada momento, incluido a su hijo". 
Para otros, sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, la Casa del Rey y el Ejecutivo actuaron con decisión, como debían haberlo hecho durante los últimos 38 años: la presencia de CSW en Abu Dabi para acudir junto al monarca al Energy Summit era una potencial muesca en el "desprestigio institucional" que estaba sufriendo España.
Más de un día en esa espantosa primavera, un alto cargo del Gobierno recibió a un rey exasperado en su casa, a horas intempestivas, sin tener con quién hablar o a dónde ir. La mujer de este fiel servidor del Estado, alertada sobre la presencia de una visita destacada, ha visto más de una película en el cine a solas esperando a que el desdichado monarca abandonara su casa y ella pudiera volver sin importunarlo.
Es difícil saber con exactitud lo que él sentía y quería en esos momentos porque las descripciones nos llegan a través de segundas personas. Pero de los testimonios de los que lo trataron en esos meses se desprende la imagen de un hombre que se echó en brazos del único apoyo que tenía en ese momento: CSW. Ella era su único objeto de consuelo y de cariño. Pero para la mayor parte de su entorno, su pareja no era más que "una manipuladora que se aprovechaba de su débil estado para sacarle todo lo que quería".
"Now that I know what it is to be with somebody, I'm going to suffer solitude", "Ahora que sé lo que es estar con alguien, voy a sufrir de soledad", le dijo el rey a CSW. Ella, en respuesta a este enamoramiento supuestamente único en la vida del monarca, respondió con insistentes llamadas interesándose "por sus molestias, reconfortándolo, preguntándole si se había tomado las medicinas, cómo había pasado el día. Le daba pena que nadie lo hiciera, que nadie se estuviera ocupando del hombre detrás del rey". "Él estaba aterrorizado: por su mala salud, por el futuro. Ella lo consolaba y le insistía en que no debía tirar la toalla. Le recordaba que él era el rey, que sólo él debía decidir".
A casi nadie en España logré arrancarle una visión positiva del papel que jugó CSW en los críticos días de 2013. El entorno inmediato del rey, que conocía su insistencia en que este no cediera a las presiones y renunciara la Corona, veía motivos interesados: "Le vale más como rey". Apenas un miembro de la clase política me habló con más caridad esa primavera: "Lo atiende, le da cariño, y eso está bien. Pero creo que los españoles ya no la dejarían verlo. Sobre todo la derecha cavernícola. Sí, ella ha ganado mucho dinero gracias a él, pero también se lo ha hecho ganar a empresas españolas".
"Él está obsesionado con ella, y ella está embarcada en un estilo de vida irreal", me señaló otra persona del entorno del rey que dice conocer bien los recovecos de la vida privada de CSW. Esa primavera, la caricatura de CSW como mujer diabólica se abrió paso por los mentideros madrileños: su mal carácter; su manera de darle al rey "carrete cuando conviene y de recogerlo cuando hace falta en un perfecto ejercicio de manipulación", y hasta la escena que CSW le montó al monarca en pleno hall de un hotel de Venecia frente a un grupo de personas que habían viajado con él en el mismo avión en el que ella no fue invitada. Ese dibujo iba acompañado de otro: un monarca mayor, débil, asustado, que llegaba al final de su vida en completa soledad. Aquí, de nuevo, las visiones difieren. Según unos: "Ella era la única que le hablaba claramente, que se reía de él, que le gritaba cuando hacía algo inaceptable y que lo trataba normal, como un ser humano, no como un rey".
"Corinna viene de abajo, por eso la conozco tan bien", señala sin embargo otro supuesto amigo del ex rey, que comparte esa visión poco amable de la última pareja estable de Juan Carlos I. Me asegura, además, que los servicios de inteligencia guardan celosamente datos de la vida privada de CSW que no dudarán en poner en circulación si esta hace peligrar la dignidad real en España.
Llegados a este punto, es difícil rastrear los hechos como son. Lo cierto es que tras las últimas reuniones de CSW en Zarzuela con el general Sanz Roldán y con Margallo en diciembre de 2012, la clase dirigente se cerró en banda. Fue entonces cuando, además de su residencia en Mónaco por motivos fiscales, CSW cambió el hogar que tenía en el monte de El Pardo por un elegante piso en una de las direcciones más distinguidas de Londres, donde apenas los rusos y los árabes multimillonarios pueden permitirse tener casa.
De esa dura época de soledad impuesta por la salud y por los escándalos, hay varios nombres que sonaron en Madrid como amigos que no dudaron en acompañar al rey cuando él los necesitó: Juan Miguel Villar Mir, el general Félix Sanz Roldán, el doctor Ángel Villamor o el ex presidente Felipe González. A ninguno le gusta hablar de su relación con el ex monarca, y menos en unas circunstancias tan difíciles para él.
También CSW afirmó encontrarse en una situación muy complicada que ella no dudaba en calificar de "pesadilla". No podía ver al rey pero se sentía obligada a apoyarlo en la distancia. Se sabía criticada a lo largo y ancho del país: si estaba, por estar; si no estaba, por no estar. En su afán por defenderse, acabó poniendo aún más piedras en el camino. Cuando se canceló el polémico viaje real a Abu Dabi, una CSW muy enfadada que, como hemos visto, se quedó colgada en la suite presidencial del Emirates Palace se refirió a lo sucedido como un "golpe de palacio" en Zarzuela que tendría retenido a don Juan Carlos. Aunque sus interlocutores no llegaron a creerla, sí intuyeron sin embargo que el rey de España empezaba a perder su poder. Y en el colmo de la humillación, al comprobar que el rey no iba a ocupar la suite presidencial, se le sugirió a CSW que debía abandonarla, a lo que ella se negó en redondo.
Las habladurías no eran buenas para nadie, y menos aún para un país como España que luchaba por recuperarse de una crisis económica en medio de una persistente crisis política. La imagen del país se resentía en los círculos dirigentes del exterior aunque estas interioridades no salieran en la prensa.
Lo que sí resultaba más que visible era el caso Nóos que, a esas alturas, estaba colocando en portada con frecuencia a la familia real. Si un día resultaba imputado el asesor de las infantas Elena y Cristina, Carlos García Revenga, machaconamente llamado "secretario" por los medios, otro era llamado a declarar el conde Fontao, el abogado del rey. Torres seguía con su estrategia de ir filtrando correos embarazosos. Los españoles empezaron a vislumbrar una Zarzuela convertida en una casa de los líos donde nadie parecía estar realmente al frente, desde luego no un monarca que salía y entraba de hospitales aparentemente incapaz de poner fin a los escándalos.
La expulsión de los duques de Palma del paraíso se fue haciendo en diferido, lo que fue malo para todos: para ellos porque les hizo sentirse aún más víctimas y para los españoles porque les dio la sensación de que los empujoncitos que les iban dando eran resultado de las encuestas internas -un rechazo cercano al cien por cien de la población española hacia la pareja- y no al convencimiento personal o a una decisión madura de los padres, el hermano y la institución.
El 10 de febrero de 2013, cuando Juan Carlos I acudió al Buesa Arena en Vitoria para presidir la Copa del Rey, el recibimiento fue desolador. Además de la tradicional pitada al himno nacional, los asistentes le gritaron "¡Fuera, fuera!" y, lo que es peor, le corearon la canción infantil: «Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña". Una cosa es que se pite al rey en España debido a las habituales tensiones nacionalistas y otra es que se le hagan chanzas porque su imagen ha dejado de inspirar respeto.
Este punto fue especialmente doloroso para él, porque todos los que le conocen lo describen como "un caballero". Le llegaban los vídeos y las imitaciones más crueles, y él los interpretaba -correctamente- como la pérdida de popularidad entre todas las capas de la sociedad. Su corona se tambaleaba con claridad, pero cayó definitivamente cuando perdió el respaldo de la clase dirigente y de los poderes fácticos.
Como cada año, a primeros de enero de 2013, EL MUNDO le había regalado a Zarzuela una encuesta con preguntas que nadie parecía querer hacer para no infligir más daño a Juan Carlos I. En esa en particular se pudo ver claramente que el rey no recuperaba la popularidad que había perdido tras la caída en Botsuana. Esos 20 puntos de crédito que se despeñaron por el risco de la irresponsabilidad personal ya no volverían jamás.
En medio de toda esa niebla que se cernía en torno al monte de El Pardo, irrumpió CSW como un elefante en una cacharrería. En febrero, sintiéndose abandonada a su suerte por el aparato de Zarzuela, decidió lanzar su propio mensaje de defensa en medio de posados glamurosos que incluyeron una pulsera valorada en más de tres millones de euros. Peor, imposible, ante un país agobiado por la crisis económica y el deterioro de las instituciones, empezando por la Corona. Tras leer sus declaraciones, algunos miembros del Gobierno entendieron además la peligrosa relación que se había creado entre CSW y la Casa del Rey. Ese fue el caso, por ejemplo, del ministro de Industria, José Manuel Soria, que comprobó sorprendido cómo se manejaban algunos de sus documentos sin que él los hubiera facilitado. Don Juan Carlos, que pareció entender el error cometido en Botsuana, seguía errando al permitir que CSW regresara a Madrid y dialogara con Margallo, su ministro más cortesano, sobre asuntos que sólo correspondían al Gobierno, como eran los problemas con los líderes de Emiratos por las primas a las renovables.

El último trabajo de Corinna

El último trabajo de CSW para Zarzuela, en diciembre de 2012, fue la puntilla. EL MUNDO desveló que ella escribió el guión y eligió el atrezo del vídeo de Juan Carlos I para el Energy Summit de Abu Dabi, ese al que luego no asistió. En él, el monarca se dirigió a los participantes del foro en el Emirates Palace sentado junto a una enorme fotografía de sheikh Zayed, el jeque fundador de los Emiratos. La cinta la grabó un cámara de Televisión Española bajo la dirección de Javier Ayuso, el director de comunicación de la Casa. A partir de ahí, CSW sólo tendría cabida en el universo emocional del monarca. Se acabaron los trabajos para España.
(...) El 31 de marzo, EL MUNDO volvió a asestar un golpe en forma de exclusiva al publicar el testamento de don Juan de Borbón, del que siempre se dijo que vivió gracias a la ayuda caritativa de algunos seguidores monárquicos españoles. Crónica, el suplemento dominical dirigido entonces por Miguel Ángel Mellado, se hizo con el documento que demostraba que don Juan murió rico y que dejó a sus tres hijos casi siete millones de euros entre cuentas bancarias e inmuebles. El dinero, además, estaba en tres cuentas en Suiza. Su hijo ingresó los 2,25 millones de euros que le correspondieron en una cuenta en Ginebra mediante tres cheques en octubre de 1993.
La información [firmada por Ana María Ortiz] no dejó bien parado al rey, del que siempre se sospechó sottovoce que podía tener cuentas en el extranjero. Durante más de tres meses, Zarzuela guardó silencio. A principios de julio se nos convocó a un briefing en Magnolias en el que, sin previo aviso, se nos informó de que el jefe de la Casa, Rafael Spottorno, había hecho una laboriosa investigación fruto de la cual había comprobado que el rey empleó esos 2,25 millones de euros en pagar "deudas y obligaciones" de su padre, y que en 1995 cerró la cuenta. Spottorno no aportó prueba documental alguna. Los bancos se habían fusionado, había pasado mucho tiempo y los papeles habían desaparecido. Tampoco hubo documentos de que el monarca hubiera pagado impuestos en España por la herencia recibida.
Lo que parecía que no podía empeorar, lo hizo: el 3 de abril, el juez Castro imputó a la infanta Cristina y la instó a acudir al juzgado a declarar el día 27 de ese mismo mes. "No se acaba de entender que el rey no comente con su hija las críticas que había hecho llegar a su marido", escribió el magistrado en su auto.
Doña Cristina, o la ciudadana Cristina de Borbón, como empezaron a llamarla los medios debido a su falta de ejemplaridad, no llegó a declarar porque fue desimputada por el fiscal. Esta figura jurídica no existe, pero fue acuñada espontáneamente para definir una situación que fue debatida con entusiasmo por los españoles de todas las clases sociales y en todos los puntos del país. Zarzuela adoptó un papel sorprendente: se inmiscuyó de lleno en el quehacer de la Justicia al emitir un comunicado en el que expresaba su "sorpresa" por la decisión del juez y defendía la del fiscal. El comunicado, incomprensible para la mayoría de los españoles, se explica en el contexto de la reunión que mantuvieron en palacio el rey, el príncipe, el presidente del Gobierno, el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, y el fiscal general del Estado, Torres Dulce, en la que se estableció una línea roja de actuación: se dejaba caer a Urdangarin al foso pero no a la infanta para evitar la contaminación de toda la Corona.
Sin éxito alguno, don Juan Carlos se dirigió a su hija menor "como rey y no como padre" para que hiciera algo, como por ejemplo divorciarse de su marido. No sólo no lo hizo, sino que la pareja Urdangarin-Borbón salió reforzada después de lo que ambos consideraron una injusticia. Además, de nada sirvió la interferencia de Zarzuela en los quehaceres de la Justicia: un año más tarde, la infanta Cristina fue imputada sine die, y así sigue.
Por si la situación no estuviera aún lo suficientemente enrarecida con todos los acontecimientos, el todo Madrid supo en ese tiempo que el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, se había reunido en Londres con CSW. ¿Por encargo de quién? ¿Para tramar el qué? Juntos, la enemigo número uno del momento con el enemigo número uno de siempre.
El viernes, 22 de febrero de 2013, la esquina de la redacción de EL MUNDO. Por la ubicación de su despacho, a Pedro J. le solíamos llamar "el de la esquina". Allí se concentraban los despachos del poder: el del director, el de su eterno número dos, Casimiro García-Abadillo, y el de su filósofo de cabecera, Pedro García Cuartango. Esa mañana, con la primera entrevista de CSW ya hecha, el director andaba dando zancadas por la redacción, síntoma inequívoco de que estaba excitado por alguna noticia.
Entre conversaciones cruzadas, y ante la incredulidad general, saqué a colación la columna que José Antonio Zarzalejos había publicado ese día en El Confidencial y que tituló "El rey baraja ya la abdicación". Me pareció relevante porque Zarzalejos es un periodista riguroso que tiene buenas fuentes, y porque intuía -recién llegada de mi encuentro con CSW en Londres- que el monarca no podría hacer juegos malabares durante mucho más tiempo.
"Sin movilidad y sin popularidad, tocado en su percepción pública por su relación con Corinna Sayn-Wittegenstein [sic] y ahora también por su aireada -aunque no probada- intervención para proporcionar la presidencia de la Fundación Laureus a su yerno, don Juan Carlos ya es permeable a asumir una próxima abdicación, siempre en una coyuntura más distendida que le permita lo que, sin duda, merece: dejar la jefatura del Estado con la vitola de haber sido el mejor rey de la historia de España. Porque ya su permanencia al frente de la institución de la Corona ha traspasado el umbral de la optimización de la monarquía de tal forma que la proclamación de don Felipe produciría una regeneración institucional completa con un efecto dominó en todo el sistema, ahora muy renqueante", escribió el antiguo director de Abc (...).
Lo que Zarzalejos escribió se lo habían confirmado directamente en Zarzuela, pero los hombres de gris no tuvieron empacho en desmentirlo ese mismo día a través de un comunicado. El rey "montó en cólera" al comprobar que su entorno no sólo aceptaba con los brazos abiertos lo que aún no era más que una idea sin elaborar, sino que empezaba a difundirla para que no hubiera marcha atrás. Esto hizo extremar las precauciones a Spottorno, que, en 2014, cuando la idea volvió a estar sobre la mesa, fue preguntando al rey cada día durante dos semanas si "esta vez iba en serio", o si "iba a cambiar otra vez de opinión".
La operación de relevo, como ya hemos visto, se empezó a estudiar en profundidad en 2010 poco antes de la operación de pulmón, pero el rey "no quería ni oír hablar del tema", apoyado por un entorno que le repetía: "El príncipe aún no está preparado". "Después de Botsuana, se lo empezó a ver venir, pero no quería ni atado", me corrobora un destacado político que habló con el monarca de la posible abdicación "al menos en 15 ocasiones" entre 2012 y 2014. "Ya he hecho todo lo que tenía que hacer", fue el argumento principal de don Juan Carlos para justificar un final que, en el verano de 2012, puso sobre la mesa al presidente Rajoy como órdago a su decisión de seguir viendo a CSW, y que el 5 de enero de 2013, con motivo de su 75 cumpleaños, "se le había vuelto a sugerir". Pero "ella se negó en redondo a que él lo hiciera".
Los diplomáticos extranjeros acreditados en Madrid, y sus extensiones en los servicios de inteligencia, ya no preguntaban si el rey pensaba abdicar, como en el pasado reciente. En la primavera de 2013, la pregunta era: "¿Por qué no lo ha hecho ya? ¿A qué espera? Debería hacerlo".
A su alrededor, en un perfecto cuadro shakespeariano, las clases informadas destacaban tres problemas, los tres con nombre de mujer y las tres a la defensiva. El primero, el de la princesa de Asturias, quien después de "unos años muy buenos, tras tener a las niñas, se torció. Considera que tiene que protegerse frente a una familia disfuncional". El segundo, el de la infanta Cristina, "cuya soberbia le impide dar el paso -la renuncia a los derechos dinásticos- que aligeraría la carga que lleva el rey". Y el tercero, el de CSW, que "tiene mucha influencia sobre el monarca incluso en la lejanía. Aunque ya no tiene dependencia física hacia ella, sí la tiene psicológica". No hay un cuarto nombre femenino, el de doña Sofía, "porque ella lo único que quiere es que su hijo reine. Nada más, y nada menos".(...)

La maldición del gen Borbón

El debate en España comenzaba a deslizarse por una peligrosa pendiente: si el juancarlismo estaba herido de muerte, y los españoles nunca habían sido monárquicos, ¿por qué aceptar la Corona después de Juan Carlos I? La decepción personal provocada por el rey confirmó a muchos españoles la maldición del gen Borbón, que acaba siempre mal para España. Este era el camino que Zarzuela y Moncloa querían evitar a toda costa: que los últimos años de don Juan Carlos pusieran en peligro la arquitectura política de la España salida de la Transición. Ese fue el temor que empezó a imponerse entre la clase dirigente: si el rey permanecía en el trono habiendo perdido el respeto de los españoles, existía el grave peligro de que los ciudadanos le dieran la espalda no sólo a él, sino a la Corona en general.
Hasta entonces, la clase dirigente se había visto beneficiada por un rey que traía estabilidad y confianza al país. Pero en pocos meses se empezó a instalar el convencimiento de que el monarca se había transformado en un peligro para la estabilidad del sistema creado tras la muerte de Franco. Incluso entre algunos de sus más enérgicos defensores, benefactores o beneficiados. Don Juan Carlos se estaba quedando peligrosamente sin apoyos.
El temido efecto contagio empezó a producirse en 2013, y contaminó hasta los grandes valores de la Casa, como la reina. El 8 de enero, para gran sorpresa de sus acompañantes, doña Sofía fue abucheada en Madrid en un acto solidario en el cine Callao: la presentación de la película de televisión basada en la vida de Vicente Ferrer, que entregó su vida a los intocables de la India. Algunos de sus fieles entre los hombres de gris mostraron su sorpresa e indignación: "No es justo, si hay alguien que no se lo merezca es ella". Pero volvió a ocurrirle lo mismo, a finales de mes, en el Teatro Real. Y de nuevo, cinco meses más tarde, en el Auditorio Nacional de Madrid. (...)
Si hasta allí habían acudido españoles de bien -no vi a ningún hooligan entre los abucheadores-, ¿hasta dónde estaba llegando el descontento hacia los Borbones del siglo XXI?
Lo supimos, en vivo y en directo, el 31 de mayo, cuando los príncipes de Asturias recibieron una sonora pitada en el Liceo de Barcelona, un lugar poco sospechoso de albergar a desarrapados. Incluso los españoles que no hablan catalán imaginaron que la expresión "foteu el camp!" no es precisamente un halago. Las caras de los príncipes, cada uno en su estilo, lo decían todo. En el caso de doña Letizia, era claro el enfado: desde su punto de vista, ellos sufrían las consecuencias de las actuaciones irresponsables de otros. Entre ellos, su suegro, el rey, que seguía enrocado en su decisión de no abandonar el barco hasta que la situación política se aclarara, el juicio de Urdangarin finalizara y los españoles se hubieran convencido de que, al fin y al cabo, él había sido el mejor Borbón de la historia de España.
En esa dirección lo apoyaba y lo aconsejaba CSW, que en abril había enviado a su primer exmarido, el americano Philip Adkins, a acompañar al rey. Adkins almorzó con don Juan Carlos en Zarzuela y, por fin, lo encontró más animado porque había mejorado algo. El primer día que pudo ponerse de pie después de la operación de hernia discal, al monarca se le llenaron los ojos de lágrimas. Le pareció un milagro, él que se daba ya por confinado de por vida a la silla de ruedas. CSW y Adkins, por un lado, y el doctor Villamor por otro, le empujaron a hacer la dura rehabilitación que le ayudaría a caminar de nuevo. No había muchos más a su alrededor que le inspiraran el deseo de sobreponerse a la invalidez, excepto su propia ambición y la fijación dinástica que le había sido inculcada desde niño.
A corto plazo, su gran ilusión era poder viajar de nuevo al extranjero para encontrarse con CSW. Incluso los que tanto empeño ponían para separarlos se dieron cuenta entonces de que "ella era la única que le daba vidilla". Una vidilla necesaria para mantener la estabilidad institucional en España hasta que el horizonte económico, político y judicial se estabilizara. CSW, con su habitual rapidez mental, pareció darse cuenta del cambio de rumbo en la capital de España. Más de una persona la oyó comentar con amargura: "Ahora sí querrán que me ocupe yo de él para que en España puedan seguir utilizándolo. Primero me echan con cajas destempladas y ahora me buscan. ¿Por qué no me dejan en paz?".
Pronto, el rey pudo viajar de nuevo a Londres para verla, una rutina que mantuvo cada tres semanas mientras su salud se lo permitió. Estaba claro que mientras CSW no viniera a España ni se inmiscuyera en los asuntos nacionales, casi era mejor que el rey siguiera viéndola para que tuviera "algún tipo de esperanza que le ayudara a recuperarse físicamente". Su entorno de Zarzuela, en un nuevo vaivén, empezó a convencerse una vez más, para bien o para mal, de que "su mejoría física lo pone en la casilla de salida para otros tantos años".
Esa también fue la época en la que el rey decidió que no podía abandonar el trono "con el rabo entre las piernas" como casi todos sus antecesores, cuando proclamó que volvía "para dar guerra". Fue un espacio temporal breve en el que llegó a creer que podría relanzar su imagen y erigirse en protagonista de una segunda Transición. En ese tiempo de energía positiva, hasta EL MUNDO le apoyaba. Pedro J., en su Carta del Director, escribió "El Rey Batallador", insistiéndole para que siguiera al frente del trono hasta la muerte. Y hubo una portada, la del domingo 5 de mayo, que al monarca le entusiasmó.
Esa portada, que llevaba mi firma, se tituló: "El rey decidido a reactivar los mejores valores de la Transición". Su contenido era una clara lanzadera para que don Juan Carlos retomara las riendas de la jefatura del Estado: "(...) Según el programa institucional Audiencia abierta, de TVE, don Juan Carlos va a relanzar el papel moderador de la Corona para propiciar "pactos, acuerdos y consensos" frente a la crisis. El monarca, de 75 años, quiere fomentar la "transparencia" y el "sometimiento a la ley" de todas las instituciones, empezando por la monarquía. (...) Desde hace dos semanas, el rey insiste, casi a diario, en que está de vuelta. Ayer lo hizo a través de la televisión pública, que ofreció, por primera vez en 10 años, imágenes del monarca despachando en La Zarzuela con Rafael Spottorno, el jefe de la Casa del Rey (...)".

La nota más baja en las encuestas

Uno lee ahora ese artículo con una mezcla de condescendencia y de pena por el deseo de que ocurra lo que hay en él. No se reflejaba en mi crónica que se trataba del enésimo intento cocinado en Zarzuela por insuflar vida en una figura que se apagaba sin remisión: el barómetro del mes de abril del Centro de Investigaciones Sociológicas dio 3,68 puntos a la monarquía, un claro suspenso que se convirtió en la nota más baja desde que comenzaron las encuestas. La vez anterior, en octubre de 2011, la monarquía había logrado una media de 4,89 puntos. En dos años, entre octubre de 2011 y abril de 2013, el gubernamental CIS se olvidó de preguntar a los españoles por su opinión hacia la monarquía, siguiendo el viejo axioma de no news, good news.
Visto ahora, con la distancia de los hechos acaecidos, uno no puede sino esbozar una sonrisa: ¿en qué mundo vivía Zarzuela en aquella época si pensaba que don Juan Carlos, Rajoy y Pérez Rubalcaba podían ponerse al frente de una nueva España?
Como si Botsuana no hubiese existido, trataron de retrotraerse a marzo de 2012, cuando el rey se reunió con el lobby del Ibex 35 en ese encuentro-exclusiva filtrado posteriormente a El País y EL MUNDO.
Increíblemente, el rey y su entorno estaban aparentemente convencidos de que don Juan Carlos aún podía ponerse al frente de una renovación de la imagen de la monarquía. Además de "entusiasmado" con esa portada, también se encontraba "muy animado" ante la perspectiva de "retomar el control", aunque "sigue estando solo y confundido acerca de su relación con CSW".
También la clase política dirigente y los principales medios de comunicación hicieron todo lo posible por reinsertar a Juan Carlos I en los corazones de los españoles. A este esfuerzo se sumó Pedro J. Ramírez, quien en su carta "El Rey Batallador" dejó escrito: "Lo que ahora requerimos de él no es que nos vuelva representar en los Juegos Olímpicos sino que impulse un proyecto regenerador, similar al de la Transición, que nos saque del hoyo". Y llegó a decir de él que "sigue siendo el mayor activo de nuestra democracia". La extraña misiva semanal de Ramírez echó a temblar los consejeros del rey: si le pedía que se quedara con esa tanda de piropos, sólo podía ser para "echarlo él mismo, cuando él quisiera".
Aunque mis fuentes describieron al rey como "entusiasmado" con la mencionada portada y de volver a ser el protagonista de una segunda Transición, lo cierto es que nunca llamó a Ramírez para agradecerle la casi aduladora carta. Juan Carlos I había dejado de fiarse del director de EL MUNDO hacía más de 20 años: una simple columna no iba a convertirlo en su principal apoyo. En ese tiempo hubo otro desagradable motivo adicional que supuestamente jaleó la decisión real de "aguantar" contra viento y marea. El propio rey se encargaba de airear la sospecha: doña Letizia no estaba preparada para ser reina de España. No he podido confirmar si todo lo sucedido en torno a la princesa de Asturias durante aquellos meses fue una tormenta de verano auspiciada por los que no querían que accediera al trono, entre ellos su propio suegro, o si se trató de una serie de hechos consecuencia de su atribulada existencia.
Lo que sí puedo asegurar es que la tormenta tuvo lugar, aunque los medios de comunicación pasaron por encima de ella de puntillas. Personas influyentes la utilizaron para probar que doña Letizia no era apta para ser consorte del rey de España. La mano de Shakespeare se dejó sentir de nuevo en La Zarzuela en un extraño segundo acto de una tragedia cuyos capítulos estaban ya muy avanzados. Las personas que se decían más responsables e informadas se jactaban de poseer los datos necesarios para declararse contrarios a la posibilidad de que doña Letizia ocupara el lugar de la reina Sofía. El rey hacía poco por defenderla.
"Ella se casó enamorada, pero luego se desenamoró, se desengañó o no está bien", señalan fuentes solventes sobre lo que empezó a ocurrir en la primavera de 2013 tras la publicación del libro Adiós princesa, escrito por un primo de doña Letizia, David Rocasolano, y que no fue publicitado en ningún medio de comunicación tradicional.
El libro en cuestión, con bastante mal estilo, es un claro acto de venganza hacia un familiar con el que la relación se ha roto, y no deja bien parada a la actual reina de España. A partir de ahí, no sabemos si influida por la traición familiar, doña Letizia empezó a dar muestras públicas de un claro malhumor. Su cara estática y su tensión latente se convirtieron en marca personal hasta septiembre de 2013, en que lo peor había pasado y "le vio las orejas al lobo". En Buenos Aires, durante la malhadada presentación de la candidatura a los Juegos Olímpicos, los príncipes de Asturias demostraron públicamente que sus supuestas dificultades matrimoniales habían quedado atrás. La excelente intervención de don Felipe, sobre todo comparada con la lamentable de los políticos, le dio un halo real al heredero ante todo el país, que lo siguió por televisión.
Desde abril y hasta septiembre de 2013, los problemas de doña Letizia se superpusieron a los de don Juan Carlos: comenzaron a ser discutidos por el todo Madrid su extrema delgadez, su mala relación con don Felipe, sus inadecuadas salidas con amigas y, lo peor, unos mensajes de móvil de una persona que actuaba contra ella. Al parecer, el Gobierno tuvo que pedir al CNI que interviniera ante un "intento de chantaje". Un asunto turbio que debió de complicar la relación familiar hasta el punto de que, en agosto, doña Letizia abandonó Mallorca y dejó al príncipe allí con las infantas Leonor y Sofía. En ese momento, el rey pidió al príncipe que se divorciara de ella, pero el resultado fue el mismo que el de la petición que formuló a la infanta Cristina: la pareja se volvió a unir y luchó aliada contra la adversidad.
Fue ese el extraño verano en el que la prensa monárquica publicó un artículo llamando al orden a doña Letizia para luego rectificar y afirmar que supuestos problemas en la pareja no eran más que "una errónea percepción pública". El talante cambiante de la princesa, que mejoró en septiembre de 2013 -y definitivamente en junio de 2014 cuando se convirtió en reina-, vadeó el temporal, de modo que su supuesta incapacidad para reinar quedó enterrada en el olvido. Ya había un motivo menos para que don Juan Carlos se resistiera a abdicar. Sobre todo, debía dejar paso al príncipe de Asturias "mejor preparado de la Historia", como él mismo dijo en TVE en enero de 2013.
Como el año anterior, el rey eligió el Día de las Fuerzas Armadas para hacer una rentrée pública tras una operación. Esta vez, tuvo lugar en la plaza de la Lealtad de Madrid, no en Valladolid, y resultó bastante deslucida y pobre. Duró apenas 20 minutos, y el paso lento del monarca, seguido de las caras de circunstancias de los príncipes de Asturias, no sirvió exactamente como el espejo de los ejércitos de España. (...)

En la misa del centenario de Don Juan

El 20 de junio, la misa conmemorativa del centenario del nacimiento de don Juan se convirtió en el mejor ejemplo del estado de descomposición en el que se encontraba la familia real española: nada de esto quedó fotografiado o contado, pero los que acudimos ese día al Palacio Real pudimos observarlo y casi tocarlo con las manos. Los reyes, como de costumbre, no se miraron ni se hablaron. Los príncipes de Asturias se presentaron sin sus hijas, aparentemente porque doña Letizia se negó en redondo a que las niñas asistieran. La princesa de Asturias estuvo tan seria y malencarada que claramente había tenido un altercado reciente: no comulgó, no besó el anillo del obispo como el resto de la familia real y tampoco hizo la reverencia ante el Santísimo. Todos estos gestos, salvo la comunión, forman parte del protocolo. Saltárselos era su manera de mostrar un monumental enfado. Por su parte, la infanta Cristina, que reapareció sola tras año y medio de ausencia, se sentía claramente a disgusto: tan pronto sonreía demasiado como mostraba unos ojos llorosos. Los más normales, la infanta Elena y su hijo mayor, Felipe Juan Froilán. Los que conocen los intríngulis de palacio afirman: "El abuelo tiene tan poca relación con los nietos que no sabe dónde estudian o si el mayor es un gamberro".
De la ceremonia salimos confundidos y con la clara sensación de que la familia real, así, no podía seguir cumpliendo su función institucional. Las principales autoridades del país, allí presentes, tuvieron que tener por fuerza la misma impresión. Era evidente.
El rey hizo caso omiso a esta clara descomposición familiar, declaró que lo suyo era "cuestión de tornillos", no de estar "enfermísimo" y se lanzó a visitar Marruecos. Ese viaje había tenido que ser pospuesto a primeros de año por su operación de hernia discal, y en ese momento se sintió con ánimos de hacerlo: era un trayecto corto que le traería muchos réditos, dada la importancia política de la relación entre los jefes de Estado vecinos. Zarzuela repitió sin cesar que, nueve meses después del complicado viaje a India, el rey estaba en plena forma para recuperar su "agenda exterior". Según pudimos observar en Marruecos, esa aseveración era claramente exagerada. De la misma forma que la visita a la India quedará en mi memoria por la longitud de la primera alfombra roja, el último viaje oficial a Marruecos de Juan Carlos I está para mí conformado por varias escenas aisladas: la llegada en el Falcon, del que salió con enorme dificultad, y la ternura con la que un alto funcionario le prestó su brazo a la vuelta para que pudiera subir con dignidad. Los periodistas estábamos lo suficientemente cerca como para comprobar el enorme esfuerzo que este hombre llevó a cabo para facilitar la entrada de don Juan Carlos en el avión. "Me hizo pensar en mi padre", me diría más tarde el funcionario cuando le hice ver lo difícil que debió de ser extender su brazo sin mover un músculo y sostener al monarca hasta que entró en el avión.
Ese viaje también tuvo su traspiés con una alfombra en el palacio real de Rabat, donde una mano amiga también lo sujetó con fuerza. Y finalmente, una recepción en el jardín del embajador de España, Alberto Navarro, en la que un invitado marroquí suspiró: "Qué pena verlo así. Esta será su última visita a Marruecos".
Don Juan Carlos quiso convertirla en 'su alteza real Corinna de Borbón'
En esa recepción, el rey se arrastró a duras penas entre los invitados apoyándose en sus muletas y contestando irritado a las preguntas de los periodistas. "Ahora voy a pensar en mí", nos dijo.
Puede que así se explique que unas semanas más tarde, en agosto, cuando pasó unos días en la casa de Philip Adkins en Sussex, discutiera con CSW la posibilidad de contraer matrimonio y de que ella obtuviera el título de su alteza real Corinna de Borbón. El complicado plan implicaba aguantar un año más, llegar hasta los fastos de celebración del 40 aniversario de su proclamación en noviembre de 2015 y luego retirarse con ella en un país extranjero, apenas con un apartamento en el Palacio Real al que acudir cuando los ánimos de los españoles se hubieran atemperado respecto a ella. Era un deseo recurrente en el ánimo del monarca pero de muy difícil encaje en la realidad política y constitucional de España.

Quería celebrar sus cuatro décadas en el trono

Su ilusión era que el 22 de noviembre de 2015 pudiera celebrar sus cuatro décadas en el trono [terminó firmando su abdicación el 18 de junio de 2014] antes de pasar la batuta a su hijo después de que la Justicia ajustara cuentas con su yerno y los españoles se hubiesen pronunciado de nuevo por una estabilizadora victoria del Partido Popular.
Pero todo parece indicar que el rey no se daba cuenta de que el tren había pasado de largo delante de él. A finales de agosto, a la vuelta de Sussex, unos terribles dolores le volvieron a atacar. El doctor Villamor descubrió que se trataba de la peor de las opciones: una infección en la prótesis que él mismo le había colocado en la cadera izquierda en noviembre de 2012.
La teoría, que el mismo rey ha interiorizado, de que podía haber muerto de septicemia "es ridícula", según fuentes médicas. La prueba: que durante un mes La Zarzuela debatió y organizó la mejor manera de volver a empezar. Qué opción médica tomar, y cuándo y cómo informar a los españoles de que el rey -aquel que iba a ponerse al frente de la nueva Transición española- volvía a quirófano por trigésima vez en tres años. En secreto, los planes se fueron desarrollando a lo largo del mes de septiembre, y ayudan a entender el buen humor de los príncipes de Asturias a su regreso veraniego. A finales de mes, El Confidencial desveló que médicos americanos habían estado visitando al rey, y el plan de Zarzuela de esperar hasta el último minuto para informar a los ciudadanos se tuvo que adelantar.
El viernes 20 de septiembre -¡por primera vez en la historia!-, tuvo lugar una rueda de prensa en La Zarzuela presidida por Rafael Spottorno con la compañía de tres médicos: a su derecha, dos venidos de Estados Unidos, y a su izquierda, el doctor Villamor, cuyo rostro serio dejaba intuir que algo más estaba pasando en medio de todo el tumulto.
Según me han contado, al mediodía, Villamor almorzó en buena sintonía con los médicos venidos de la clínica Mayo -Miguel Cabanela y Robert Trousdale-, Spottorno y dos miembros del gabinete de prensa. Pero a algunos periodistas no les pasó desapercibida la manera en la que Spottorno cogió a Villamor por el brazo y lo apartó del equipo médico a la hora de sentarse en la rueda de prensa. Con gran firmeza, agarró al médico del rey y le dijo: "Tú, aquí".
Una nueva partida estaba a punto de empezar.


lunes, 13 de abril de 2015

La República / Ramón Cotarelo *

Los amigos de Izquierda Socialista de Guadalajara me han invitado a participar en un acto en conmemoración de la Segunda República, y además, han tenido la generosidad de añadir un castizo José a mi nombre. 

Mi cometido en este acto es el que se marca a la derecha: "visión general de lo que representó la II República". Lo tengo fácil. La II República fue el último régimen legítimo que tuvo España. Los 40 años de dictadura del general golpista y genocida, fueron una ignominia. La segunda restauración borbónica que le ha sucedido, primero en la figura de Juan Carlos I (llamado Campechano) y luego en la de su hijo, Felipe VI (llamado Preparao)tampoco es enteramente legítima. De las tres legitimidades que cabe aducir aquí, esto es, la franquista, la dinástica y la popular, solo operan las dos primeras. La tercera brilla por su ausencia. Franco nombró sucesor "a título de Rey" a Juan Carlos I, después de que este jurara fidelidad a los principios del llamado Movimiento Nacional. Es decir, tanto él como su hijo cuentan con la legitimidad del 18 de julio, un golpe de Estado militar-fascista en contra de su propio pueblo. Y con ella siguen. 
 
Habiendo abdicado en su hijo Juan Carlos I, su padre, Juan, le confirió la legitimidad dinástica. Y esa es la que este régimen tiene porque carece de la popular. Nunca se sometió a referéndum ni consulta democrática la existencia de la monarquía en España, sino que entró de matute en el referéndum de la Ley para la Reforma Política de 1976. La trampa consistía en que, si se votaba "no" a esa ley, se votaba "no" a la democracia. Al votar "sí" a la democracia, la gente tuvo que tragar la figura del Rey. Más miserable, ruin y ramplona no puede ser la forma de restablecer a los Borbones en España.
 
Por mi parte, entiendo que el espíritu de la II República y lo que esta trajo a España se resume en tres grandes apartados: a) avance en la emancipación de las mujeres; b) reformas civil, militar, religiosa y agraria; c) expansión y consolidación de un sistema educativo universal  público y gratuito.
 
Los republicanos sabían y sabemos hoy que la educación es el puntal de una sociedad moderna, avanzada y libre. Por eso la suprimieron los fascistas y por eso tratan de suprimirla de nuevo sus herederos ideológicos, los gobernantes de la cleptocracia actual.
 
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED