domingo, 30 de agosto de 2020

La monarquía española vista desde afuera / Irene Prüfer Leske *

Hace tiempo que me interesa este tema observando con estupor al Rey Juan Carlos I y todo lo que se discute en este momento respecto a la monarquía.

No soy votante del partido Podemos ni simpatizante.

Siendo de origen alemán vivo desde la muerte de Franco en España y soy española de adopción desde 1983. Trabajé en España desde que vine en 1975 y voto cuando debo dar mi voto y pienso que tengo derecho a opinar.

La única, primera y última vez que pude votar en Alemania voté a Willy Brandt y lo admiré cuando él renunció salpicado por el “Affaire Guillaume”. Luego he vivido varias dictaduras militares en Argentina y el régimen de terror de López Rega y Isabelita hasta el 1975.

He sido educada en los colegios de la República Federal de Alemania con enseñanza en Educación democrática y he participado en el movimiento estudiantil del 68/69 en la Universidad de Heidelberg intentando sacar a viejos nazis que permanecían como profesores en las Universidades.

Cuando hubo el intento del golpe de 28F del 81 se difundió la imagen de Juan Carlos I “defendiendo” la democracia que hoy día se le atribuye como el mayor mérito. Yo pensaba entonces y sigo pensando “¿Qué otra cosa se podía haber defendido? ¿Un régimen militar? En aquel momento España dentro de una Europa llena de democracias muy consolidadas desde hacía décadas, España con aspiraciones a ingresar en la UE? ¿Que otra cosa podía defender?

Hasta hoy día me ha parecido ridículo atribuir a Juan Carlos el solo hecho de haber “defendido la democracia”. Teniendo en cuenta la elasticidad total de este término. “Democráticos” se llaman hoy día cualquier nuevo y antiguo estado dictatorial de África o Asia, incluso existía en aquel momento la República Democrática de Alemania bajo el régimen comunista más atroz y sangriento. 
 
Así que la palabra “democrático” es en muchos casos un decir. Y Juan Carlos ha demostrado cual era su inclinación verdadera: la amistad con los Estados Árabes que no defienden precisamente los valores de una verdadera democracia.

Lejos de estar con los valores democráticos, Juan Carlos lo ha demostrado en su vida privada, un machista a la vieja usanza que se permite cualquier libertad en su matrimonio bajo el manto de la mentira fingiendo tener una familia ejemplar e intacta. Con el visto bueno de una mujer totalmente sumisa sin aparente opinión propia.

Se dice que “se defiende en este momento la monarquía en este país” y “no se juzga o se critica a la institución sino a una persona”. Ahora bien, la monarquía como institución se basa exclusivamente en lazos familiares y por lo tanto en personas. No es una institución como el gobierno o instituciones benéficas o jurídicas que se deben basar en ideas democráticas, convicciones y programas. Como tal votamos al gobierno según las ideas y los programas que exponen en cada fase electoral y observamos su cumplimiento. Como ente abstracto no entiendo qué tengo que ver yo como ciudadana con la monarquía. Si defiendo a la monarquía tengo que defender en este momento a Felipe y su “ejemplaridad”. En esto tengo que creer. 
 
Sin embargo, me parece que también Felipe ha sabido desde siempre de las andanzas de su padre y de su cuñado y de otros de la familia real. No en vano Letizia se ha distanciado de su cuñado y de Juan Carlos I. Y si no fuese por Letizia, ¿Felipe actuaría de la manera que actúa? ¿Qué programa tiene Felipe? 
 
Según mis observaciones, su máximo interés es la permanencia de la Corona en España y la promoción de la Infanta Leonor para ser la futura reina? Tal se ha visto poniendo en primer lugar a su hija en la última entrega de los galardones “Princesa de Asturias” anteponiendo su figura ante todos los galardonados. ¿Tengo que apoyar esto? Si no es así, ¿Qué razones y argumentos entonces me atraen de la monarquía?

En Alemania el homólogo al rey es el Bundespräsident cuyo cargo es elegible y renovable cada 5 años. El Bundespräsident tiene obligaciones representativas y debe ser una persona respetada y de prestigio y de trayectoria intachable. En el año 2010 fue elegido Christian Wilhelm Walter Wulff como el presidente más joven de la RFA. Pero fue investigado en 2012 por supuestos casos de corrupción y de tráfico de influencias. 
 
Dimitió en seguida y fue absuelto en 2014 de todos los cargos como p.ej. invitaciones por parte de personas influyentes, crédito favorable para su mujer etc. También es conocido el caso del ministro de Defensa Karl-Theodor Zu Guttenberg, que renunció después de haber sido investigado por el plagio en su tesis doctoral.

La cultura del suicidio, de la renuncia y dimisión en caso de cometer errores o en relación con personas de su entorno como hemos visto en el caso de Willy Brandt, es inherente en la cultura alemana igual que la autocrítica y la autoinculpación.

Mucha gente se pregunta ¿Por qué no renunció Juan Carlos antes, por qué no devuelve el dinero transferido a testaferros y paraísos fiscales? Por qué no se divorció de la Reina Sofía y se fue a vivir con una de sus múltiples amantes? ¿Y por qué no renuncia Felipe? De cierta manera protege a su padre y lo ha protegido siempre. Se ve que el asunto de la monarquía es puramente personal.

Se dice que la Monarquía da estabilidad al actual gobierno y a España en general. Me parece que el contrario sería el caso: si tuviéramos un gobierno sin esta familia llena de mentiras, corrupciones y escándalos tendríamos una democracia y un país más consolidado y más serio y más moderno ante todas las miradas de Europa y del mundo.

Únicamente Hola se vería mermada de lectoras que son “todas las mujeres de España”, según mi hija. Y para terminar: Lo único que me gustó de Juan Carlos I fue su “¿Por qué no te callas?” espetado a Hugo Chávez en su día. 
 
 
(*)  Lingüista y traductora española de origen alemán. Enseña e investiga como profesora en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Alicante en el campo de la traducción e interpretación.

martes, 4 de agosto de 2020

Juan Carlos I, um líder antes que um rei / Francisco Poveda *

Juan Carlos I é um rei, um Chefe de Estado, o chefe de uma dinastia, da Casa Real espanhola e comandante-em-chefe do Exército. Mas, sobretudo, é o líder do corpo social de um país com muita história. Nenhum país pode funcionar sem um líder, se entendermos a função como uma influência sobre a maioria. E ele há sido, indiscutivelmente, o lide da Espanha durante 32 dos seus 70 anos, em uma nação pouco monárquica apesar de ter sido quase sempre, e historicamente desde 1492, uma monarquia unitária. E antes um conjunto de monarquias peninsulares de todos tipos, sortes e destinos.
" O já longo reinado de Juan Carlos I está sendo uma das épocas de maior esplendor e progresso do país "

A Espanha, um país de vales e montanhas, é um local de muito difícil gestão. Depois de um mais que turbulento século XIX e um século XX que apontava para superá-lo para o pior, o já longo reinado de Juan Carlos I está sendo uma das épocas de maior esplendor e progresso do país, só equiparável ao governo de seu parente direto Carlos III no século XVIII. E democrático ao estilo saxão ou escandinavo. 

Em um momento em que, pela idade do rei e o tempo ocupando o trono, começa-se a fazer balanços, e alguns na Espanha, desde a direita mais conservadora e a esquerda mais extrema, aproveitam para questionar a legitimidade da instituição, convém refletir sobre a necessidade, ou não, de prescindir de uma liderança tão popular e garantidora para os espanhóis. Nenhum monarca na história contemporânea da Espanha esteve tão perto do povo. 

Juan Carlos I demonstrou ser peça fundamental numa engrenagem constitucional complexa, ainda que consensual, reformável e dificilmente substituível agora por outra menos equilibrada e solidária. Agora por agora, o rei é a garantia de liberdades públicas reais e não só formais, da sobrevivência da Espanha como tal e em sua diversidade, da moderação na vida pública, da defesa nacional na qualidade de vértice das Forças Armadas e da política externa. Que líder em nossa história reuniu sequer a metade destas qualidades todas? 

O monarca segue sendo, apesar da sua idade e tempo no trono, o garantidor também da própria instituição monárquica. Enquanto viva e mantenha seu juízo são, não parece possível convulsão alguma no sistema, apesar de ser o espanhol, todavia, um povo imprevisível. Nenhuma plutocracia à espreita parece ter o que fazer quanto a isso. Tampouco há a vista alguma figura política com suficiente estatura de estadista e capacidade de agregação bastante para propor a sério, e ao destino, uma mudança da monarquia à república na Espanha.
" Não são poucos, nem pouco ambiciosos, os políticos que estão esperando seu momento de ser presidente de uma nova república após a morte do rei "


Inclusive, se após Juan Carlos I se proclamasse a III República, seria uma estupidez e uma torpeza política tentar apagar os sinais visíveis de seu longo reinado, numa vã tentativa de retificar a história "a posteriori". Isso porque não são poucos, nem pouco ambiciosos, alguns políticos de certo perfil, de direita e de esquerda, que estão esperando seu momento de ser presidente de uma nova república após a morte do rei. Seus nomes estão nas mentes de todos e um deles é, até hoje, sem vergonha, conselheiro de Estado em exercício. 

Não nos enganemos: alguns deles já movem desde já as forças da mídia desde fora da Espanha para que se produzam ataques, ainda que sutis, a Juan Carlos na imprensa internacional, e isso não parece furto da casualidade nem da conjuntura. Esses ataques respondem a interesses alheios à opinião pública da Espanha e aos espanhóis. Seu objetivo imediato é a erosão da figura do rei justamente num ponto de inflexão causado por sua idade, seu estado de saúde e o estresse inerente da sua alta responsabilidade. 

Também estão surgindo livros e textos que desprestigiam o herdeiro de Juan Carlos. E temos ouvido e visto programas de rádio e televisão dentro da Espanha cujo objetivo não parece ser o de favorecer a liderança do rei, chegando-se inclusive a pedir sua abdicação, como se estivéssemos diante de um outro Fernando VII. Demasiadas coincidências no tempo e demasiados impacientes esperando seu momento para, eventualmente, ocuparem a Chefia do Estado. 

Mas o futuro ainda não está escrito e Juan Carlos ainda traz consigo poderosa força de inércia para que alguém tente parar a seco a monarquia. Uma grande porcentagem dos espanhóis não conheceu outro líder. Já outra grande parte sabe, agradecida, que ele está cumprindo seu papel histórico com tato, discrição, grande diligência e muita dignidade. E segue sendo, no momento, ínfima a minoria que está propondo alternativas em vida ao próprio rei, o que deixa ainda mais difícil a situação de um príncipe das Astúrias pouco entusiasmado com o cargo, mas também tomado pelo dever dinástico ao alcançar 40 anos, casar e ser pai duas vezes.
" O tempo do futuro Felipe VI não terá nada a ver com o de Juan Carlos I, embora a Espanha continue essencialmente a mesma "


O próprio rei sabe das dificuldades que seu herdeiro terá para conservar o trono. Mas pior era sua situação ao ganhá-lo por consenso em novembro de 1975. No fim, a questão será a mesma: demonstração de utilidade e capacidade de liderança. E independência de grupos de interesse no que será então uma democracia telemática, para qual o rei carece de planos. O tempo do futuro Felipe VI não terá nada a ver com o de Juan Carlos I, embora a Espanha continue essencialmente a mesma. 

Por mesma me refiro à dificuldade de gestão do país. Quando seus dirigentes não foram muito capazes de entender-la, fracassaram de pronto. Hoje ninguém discute que a república é uma forma de governo mais abrangente e moderna (se mais democrática, ainda estamos por ver), mas a monarquia constitucional não deixa a dever na capacidade de gerar bem-estar para o cidadão, do Pacífico ao Báltico. O que ainda está por demonstrar é se a república resultará mais idônea para um país de tanta complexidade e atormentada história como a Espanha. 

Ficou demonstrado historicamente que só com fortes lideranças é possível o progresso da Espanha com unidade na diversidade. Nossa característica individualista não deixa muito lugar para decisões colegiadas, condicionadas, compartilhadas ou vazias de conteúdo. A moderação é, em nosso caso, uma condição e uma necessidade. E parece que a pode sustentar melhor uma autoridade neutra de longa projeção no tempo que outra submetida a revalidação periódica ou a interesses partidaristas do momento. 

Nossa transição política tem sido um modelo, mas só da perspectiva da nossa história recente desde meados do século XIX. Apesar do pacto pela não ruptura, tivemos episódios trágicos. Agora estão mais claros os erros e acertos da fórmula, mas a monarquia não pode ser em nenhum caso o bode expiatório de um "neo-franquismo" que resiste a sucumbir nas mãos da História ou de uma Igreja dominada por uma corrente integralista alheia ao Catolicismo espanhol. 

A Juan Carlos I temos que julgar o que fez como rei desde 1976 e não o que fizeram o que dele se utilizaram após a vitória da democracia sobre o totalitarismo em 1945. Se a reforma política de 1978 encerra necessárias rupturas, a sua foi a primeira como condição "sine qua non" para legitimá-lo no começo de seu reinado e para mostrar estar à altura do cargo após a tentativa de golpe militar de fevereiro de 1981. Por suas mãos, a Espanha entrou na União Européia em 1986 depois de décadas de tentativas vãs e recuperou os parâmetros democráticos perdidos em 1936 com a eclosão da Guerra Civil.
" Monarquia ou república é um debate em que se deve pesar a haveres e deveres de cada sistema de governo "

O agora tão admirado por todos Adolfo Suárez foi por Juan Carlos escolhido, que lhe deu cobertura e deixou agir segundo a conveniência de ambos. Mesmo a incomum duração da permanência de Felipe González no Palácio de La Moncloa foi alheia à intenção do monarca de consolidar uma democracia para todos. Só por isso o rei da Espanha merece, no seu aniversário de 70 anos, a gratidão dos cidadãos por evitar a repetição de episódios que, novamente, nos fizessem sentir envergonhados como espanhóis perante o mundo. 

Monarquia ou república é um debate em que se deve pesar a haveres e deveres de cada sistema de governo segundo nossa própria experiência e a do nosso entorno para vermos se vale à pena provar a mudança apenas pela própria mudança. É uma questão de calcular o risco e pesar o preço desta decisão se se quer apresentar essa possibilidade algum dia. 

Em uma democracia consolidada, como a que nos deixa Juan Carlos I, é até cabível propor prescindir justamente de quem a fez possível com sua liderança. A soberania reside desde 1978 nos espanhóis porque o monarca recusou ser cúmplice e vértice de uma ditadura institucional com aparência de democracia no primeiro momento e depois renunciou poderes civis executivos com a posterior Constituição. Essa é sua grandeza e seu enorme mérito. 


(*) Francisco Poveda é jornalista e professor universitário espanhol



(Publicado em 'O Globo', Brasil, 4 de Janeiro de 2008)

lunes, 3 de agosto de 2020

Juan Carlos I se autoexilia, sentencia la Transición y deja a su suerte una Monarquía hoy a la deriva con Felipe VI


MADRID.- El Rey Juan Carlos ha comunicado a Felipe VI su decisión de trasladar su residencia fuera de España. Según relata Zarzuela en un comunicado, el Rey Emérito recuerda que hace un año decidió expresar su voluntad de dejar de desarrollar actividades institucionales y que ahora, "ante la repercusión pública que está generando ciertos acontecimientos pasados" de su vida privada, ha decidido trasladarse fuera de España.

"Es una decisión que tomo con profundo sentimiento, pero con gran serenidad", explica Juan Carlos I, justificando su decisión "para contribuir a facilitar el ejercicio" de las funciones de su hijo como Jefe de Estado.
En su carta, el padre del Rey alude sin mencionarlo al caso de las supuestas donaciones de Arabia Saudí no declaradas a Hacienda, una investigación que arrancó en Suiza y que está estudiando la Fiscalía del Supremo.
"Con el mismo afán de servicio a España que inspiró mi reinado y ante la repercusión pública que están generando ciertos acontecimientos pasados de mi vida privada, deseo manifestarte mi más absoluta disponibilidad para contribuir a facilitar el ejercicio de tus funciones, desde la tranquilidad y el sosiego que requiere tu alta responsabilidad. Mi legado, y mi propia dignidad como persona, así me lo exigen.
Hace un año te expresé mi voluntad y deseo de dejar de desarrollar actividades institucionales. Ahora, guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones y a ti como Rey, te comunico mi meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España.
Una decisión que tomo con profundo sentimiento, pero con gran serenidad. He sido Rey de España durante casi cuarenta años y, durante todos ellos, siempre he querido lo mejor para España y para la Corona.
Con mi lealtad de siempre. Con el cariño y afecto de siempre, tu padre."
Ante esta carta, el Rey Felipe ha transmitido a su padre "su sentido respeto y agradecimiento ante su decisión".
"El Rey desea remarcar la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia; y al mismo tiempo quiere reafirmar los principios y valores sobre los que ésta se asienta, en el marco de nuestra Constitución y del resto del ordenamiento jurídico", subraya el comunicado de Zarzuela.

Matices de su abogado

El Rey Juan Carlos ha comunicado este lunes que permanece a disposición de Fiscalía, que investiga si cobró alguna comisión por la adjudicación del AVE a La Meca a empresas españolas en 2011, "para cualquier trámite o actuación que considere oportuna" tras decidir trasladar su residencia fuera de España.
Así lo ha afirmado su abogado Javier Sánchez-Junco, en un comunicado que se ha emitido justo después de conocerse la carta que ha remitido el rey emérito al Rey Felipe VI, en la que ha comunicado su decisión de trasladar su residencia.
"Su Majestad el Rey Don Juan Carlos me ha dado instrucciones para que haga público que, no obstante su decisión de trasladarse, en estos momentos, fuera de España, permanece en todo caso a disposición del Ministerio Fiscal para cualquier trámite o actuación que considere oportuna", reza el comunicado.

Una televisión portuguesa asegura que está en Estoril 

El rey Juan Carlos podría encontrarse en Portugal tras haber anunciado este lunes su decisión de abandonar España. Según la televisión portuguesa TVI24, el emérito español se encontraría en Estoril, en el municipio de Cascais.
Estoril ha sido un enclave importante en la vida del ex monarca y su familia. Allí fue exiliado su padre, Juan de Borbón, y en este lugar pasó el emérito su infancia.
Sin embargo, la institución de la Corona no ha informado del nuevo lugar de residencia del emérito, que según ha adelantado en la noche de este lunes la televisión portuguesa podría tratarse de Estoril.


Doña Sofía se queda en Zarzuela 

La decisión del rey Juan Carlos de irse a vivir fuera de España no va a suponer ningún cambio en la situación de la reina Sofía, que va a mantener su residencia en el Palacio de la Zarzuela y a proseguir con su actividad institucional, como venía haciendo desde el relevo en la trono hace seis años.
La madre de Felipe VI, que se encuentra de vacaciones en el Palacio de Marivent de Palma, ha quedado al margen de la controversia al no tener relación con los presuntos negocios en los que pudo participar el rey emérito.
Don Juan Carlos y doña Sofía llevan distanciados en el plano sentimental desde hace varios años, si bien han mantenido la residencia en Zarzuela al ser miembros de la familia real tras la abdicación.
La decisión del anterior monarca de retirarse de la esfera pública en junio del pasado año tampoco afectó a la reina Sofía, ni a su agenda oficial. Doña Sofía siempre ha representado una referencia para Felipe VI y así lo ha reconocido en público en varias ocasiones.
La última fue en diciembre de 2018, en el homenaje por el 40 aniversario de la Constitución, cuando ensalzó "el apoyo permanente y comprometido" de su madre un mes después de cumplir 80 años.
En mayo de 2017, también le expresó su "reconocimiento y admiración" por "el gran ejemplo" que ella suponía y por la "humanidad y compromiso" demostrados en favor de los más desfavorecidos.
Debido a la pandemia, doña Sofía ha visto recortada su agenda en lo que va de año, en el que sólo ha tenido media docena de actos oficiales, entre ellos, la veneración del Cristo de Medinaceli y el concierto de las víctimas del Holocausto, todos ellos protagonizados antes del estado de alarma.
Desde entonces, sólo se la ha visto dos veces, en sendas reuniones del patronato de la Fundación Reina Sofía en Zarzuela, fuera del programa institucional, rodeada de sus colaboradores más cercanos y protegida con mascarilla.
El primer encuentro tuvo lugar el 3 de junio y el último, el 14 de julio, en plena tormenta por las noticias publicadas sobre don Juan Carlos.
Desde la abdicación, el papel de doña Sofía ha menguado, aunque, además de su actividad como parte de la familia real, ha seguido mostrando su lado más solidario, apoyando iniciativas como la del combate contra los residuos plásticos en el mar.
Su momento más delicado lo vivió en abril de 2018 en la catedral de Palma, cuando protagonizó un desencuentro con la reina Letizia al querer fotografiarse con sus nietas Leonor y Sofía.
Antes de la retirada pública del rey Juan Carlos hace un año, doña Sofía protagonizó algunos actos con él que llegaron a interpretarse como una reconciliación del matrimonio, si bien no tuvieron continuidad.
Entre estos encuentros, hubo algunos eventos con amigos, como cuando fueron a la boda del tenista Rafael Nadal en Mallorca en octubre de 2019 o a su academia en la isla unos meses antes. Durante 2020, sólo se la vio con Juan Carlos I a comienzos de año en el entierro y el funeral de la hermana mayor de éste, la infanta Pilar de Borbón, y en el de la viuda del que fue primer presidente de las Cortes tras la reinstauración de la monarquía, Torcuato Fernández-Miranda.
Como acostumbra a hacer cada verano, la reina Sofía ya se encuentra en el Palacio de Marivent de Palma, adonde llegó hace unos días con su hija mayor, la infanta Elena, y su hermana, la princesa Irene. Su hermana es su gran apoyo moral desde hace varios años y quien suele a acompañarla a actos públicos, además de residir con ella en Zarzuela parte del año.
Con ella viajó a Atenas a principios de febrero para asistir a la presentación de los diarios de su madre, la reina Federica, junto con su otro hermano, Constantino.

La fuga de Juan Carlos I / José Antich *

En 1931, hace ahora algo menos de 90 años, Ramón María del Valle-Inclán, tras conocer la marcha de Alfonso XIII camino del exilio, con un botín considerable que hoy equivaldría a unos 75 millones de euros, escribió: “Los españoles han echado al último de los borbones, Alfonso XIII, no por rey, sinó por ladrón”.

Estamos en 2020, un 3 de agosto, inicio de vacaciones de verano muy marcadas por el coronavirus y su nieto Juan Carlos I acaba de dejar pequeño el affaire protagonizado por Alfonso XIII. 

Igual que su abuelo, acaba de emprender el camino del exilio, con una fortuna más que considerable que el The New York Times cifró, en 2014, en unos 2.300 millones de dólares. El Campechano, como ha acabado siendo tratado coloquialmente el rey emérito, huye de España cuando se empiezan a abrir las causas de corrupción que le afectan muy especialmente pero con ramificaciones de diversa índole en el conjunto de la família real.

Es, evidentemente, un golpe a la monarquía española que no tiene parangón desde que fue reinstaurada al frente de la jefatura del Estado hará, dentro de unos meses, 45 años.

¿Está tocada de muerte la institución? Probablemente sí ya que aunque los movimientos del deep state con Juan Carlos I hace tiempo que tienen por objeto, sobre todo, proteger a Felipe VI, es evidente que la dimensión de los sucesivos escándalos de corrupción, su conocimiento de los mismos e incluso su presunta implicación en el reparto del dinero le convierten en una pieza que ya no es imposible de capturar por los partidarios de acabar con la monarquía.

La fragilidad de Felipe VI queda explicitada en un escueto comunicado de su Casa en el que da cuenta de que su padre le ha dirigido una carta en la que nada se dice de su renuncia al título de rey emérito mientras él le muestra su sentido respeto y agradecimiento ante su decisión de exiliarse.

Juan Carlos I destaca que “he sido rey de España durante casi cuarenta años y, durante todos ellos, siempre he querido lo mejor para España y para la Corona”, a lo que su hijo apuntilla la importancia histórica del reinado de su padre “como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia”. Ningún comentario sobre el motivo real de su huida.

Toda una tradición en la etapa moderna de relación entre España y los Borbones. En 1854, María Cristina de Borbón, reina consorte de Fernando VII, fue expulsada por ladrona; en 1868, su hija Isabel II se fue al exilio, además de por la ausencia de estabilidad política y su complicada vida amorosa por el robo de unas alhajas de la Corona. Antes marcharon Carlos IV y el ya citado Fernando VII. Y, más recientemente Alfonso XIII, el último Borbón que reinó hasta que llegó Juan Carlos I.

Aunque la caída del rey emérito se ha precipitado en los últimos meses, algun día habrá que analizar a fondo en qué medida la afrenta de Felipe VI a Catalunya al apoyar la violencia policial en los hechos de octubre de 2017 fue la tumba de una institución que hay tiene un suspenso en su valoración y está cada vez más cuestionada.


(*) Periodista y director de El Nacional


https://www.elnacional.cat/es/editorial/jose-antich-fuga-juan-carlos_527745_102.html

¡Viva siempre el rey! / Jaime Peñafiel *

Me refiero a don Juan Carlos que será Rey hasta su muerte.

Quienes admirábamos y hasta queríamos al rey Emérito estamos muy tristes. Nunca, jamás, pensé que su hijo Felipe VI iba a ser capaz de atender la petición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de actuar contra su padre.

Cierto es que nadie, ni Dios, pueden expulsar a un español del territorio nacional. Pero si obligarle a marcharse como ha hecho Felipe, presionado por el Presidente y el vice, ¿por el bien de la Institución? 

Yo diría que por el bien de lo que queda de la inexistente Familia Real, a quien Felipe VI , un joven sin empatía ni con la derecha ni con la izquierda aunque buena persona sin esfuerzo acaba de colocarla al borde del exilio. Y, en todo caso, en el principio del fin de la monarquía como quiere Sánchez e Iglesias.

El ex rey Farouk de Egipto cuando fue derrocado por el general Naguib pronunció unas proféticas palabras que he repetido sin cesar y que hoy , con la marcha del Rey Juan Carlos del país en el que ha reinado durante casi cuarenta años con un balance mas que positivo, empiezan a tener sentido: “No me importa haber perdido el trono porque, dentro de unos años, en Europa solo quedarán cinco reyes, los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra.” Por supuesto que Felipe VI ¡no! y mucho menos su hija Leonor.

Me sorprende que nadie haya preguntado ayer sobre el destino de la reina Sofía, esa sufridora esposa que ha tenido no uno sino cien motivos para divorciarse. Se decía que no lo hacía  por estar enamorada de su esposo. 

Yo pregunto ¿donde se encuentra en estos momentos? Por supuesto que no acompañando a su todavía esposo “en la suerte y en la desgracia, en la salud y en la enfermedad hasta que la muerte nos separe”, como le dijo el oficiante cuando contrajo matrimonio en la catedral ortodoxa de Atenas. 

La muy egoísta se ha refugiado en el palacio de Marivent con su hija Elena  ¿para no presenciar como su hijo echaba a su padre de Zarzuela? ...  Puede. A diferencia de la reina Victoria Eugenia que siguió a su esposo el rey Alfonso XIII al exilio.

Saben ustedes, querido lectores, que es el cuarto Borbon que se ve obligado a marcharse si no al exilio si de España: el 17 de octubre de 1840 lo hacia la reina Maria Cristina; el 18 de septiembre de 1868 Isabel II y el 14 de abril de 1931, Alfonso XIII, el abuelo paterno del rey Juan Carlos.

¿Quién será el próximo?  No hay quinto malo.


(*) Periodista


https://www.republica.com/reino-de-corazones/2020/08/03/viva-siempre-el-rey/

El autoexilio de Juan Carlos I / José Antonio Zarzalejos *

No hay monarquía parlamentaria en un país democrático como España que pueda soportar sin daño institucional el comportamiento del rey Juan Carlos, emérito por abdicación desde el mes de junio de 2014. Desde entonces, el Rey-padre ha sido un constante dolor de cabeza para su sucesor y un factor de erosión de la Corona, algo que ha terminado por derivar en su marcha del país. De manera cíclica, informaciones de solvencia le han vinculado con una relación sentimental por completo inadecuada con Corina Larsen

De esa vinculación se han derivado unas relaciones pecuniarias peligrosas que remiten a operaciones de 'lobby' en el comercio exterior de empresas españolas, beneficios opacos en forma de presuntas comisiones y la extraordinaria manipulación de la figura de su hijo, Felipe VI, que ya en una nota contundente, renunció, por sí y en nombre de su hija, la princesa de Asturias, a la herencia que podría corresponderle tras conocer que figuraba como beneficiario de los fondos depositados en Suiza y procedentes de Arabia Saudí, parte de los cuales habrían sido destinados a retribuir a la otrora amante del Rey abdicado.

Felipe VI ha actuado con la responsabilidad que prometió hacerlo cuando fue proclamado, en junio de 2014, rey de España ante las Cortes Generales. Estos casi seis años de reinado han sido un 'continuum' de decisiones del jefe del Estado que han ratificado su propósito de renovar la Corona y situarla en los más altos estándares de reputación y respetabilidad. 

Para ello, redujo la dimensión de la familia real (los Reyes, sus padres y sus dos hijas); revocó el título ducal de Palma a su hermana la infanta Cristina (que, tozudamente, sigue sin renunciar a los derechos sucesorios, un gesto simbólico pero significativo cuando su marido cumple condena); suprimió los actos de rehabilitación de su padre previstos para 2018 en coincidencia con la celebración del 40º aniversario de la Constitución, e impulsó a don Juan Carlos a abandonar, en junio de 2019, toda actividad pública en representación de la Corona.

Tras conocerse las fechorías económicas de Juan Carlos I, que podrían derivar en actuaciones judiciales de naturaleza penal ante la Sala Segunda del Supremo, Felipe VI renuncia a la herencia de su padre que pudiera corresponderle —también la renuncia alcanza a la princesa de Asturias— y le retira la asignación económica que libremente le atribuía y que alcanzaba la cifra de 194.000 euros anuales. Sin embargo, no es suficiente. 

Salvo para los monárquicos que creen que los indudables méritos del Rey emérito enjugan sus desatinos actuales, es muy posible que los ciudadanos reclamen una mayor contundencia. El Rey emérito debería dejar de utilizar las instalaciones que corresponden a la Corona y pertenecen al Patrimonio Nacional y, manteniéndose a disposición de la Justicia, retirarse a vivir a un país europeo que sirva como expresión indudable de que no empleará su posición para evitar las responsabilidades —institucionales y políticas, y acaso penales— en que haya podido incurrir.

Esa fue la decisión —por motivos bien diferentes, pero conforme a un guion de respeto a la institución— del abdicado rey británico Eduardo VIII (11 de diciembre de 1936) que, al casarse con Wallis Simpson, no se atuvo a las normas de la dinastía. Abandonó el Reino Unido, desempeñó algunos cargos de remota relevancia y terminó sus días en Francia. Era un estorbo para la monarquía británica y actuó en consecuencia. Murió en el retiro, en Francia. La misma dinastía Windsor acaba de aplicar un protocolo implacable al príncipe Harry, nieto de la reina Isabel, al que se le priva de su tratamiento y se le retira la asignación presupuestaria. De inmediato, se desplazará a vivir una parte importante del año a otro país.

La decisión del rey Felipe ha sido la debida. Y la nota de su Casa debe leerse con atención, porque pone en evidencia el doble juego del rey Juan Carlos, al ocultar a su hijo el manejo de su nombre en la fundación nutrida con fondos opacos. Se trata de una conducta que indigna por irresponsable y que requiere un paso más: que Juan Carlos I se retire a un autoexilio para que su presencia, por escasa que sea, no sombree las actividades de la Corona y que evite su disfrute de inmuebles, vehículos y servicios de la Zarzuela. Aquellos que hacemos profesión de fe en la monarquía parlamentaria hemos de ser exigentes por completo, porque el sostenimiento de la Jefatura del Estado, su forma monárquica, está en juego.

Se inicia, además, un juicio político sumarísimo contra el rey Juan Carlos que podría ser también judicial y que trataría, por evidentes intereses ideológicos, de salpicar a Felipe VI y acentuar así la crisis sistémica que padece nuestro sistema constitucional. Juan Carlos I lo apadrinó y lo impulsó. Pero esa autoría histórica no le da derecho a la frivolidad de deteriorarlo con una conducta incalificable. Si se va a otro país, le haría a su hijo un favor y, acaso, lograría rescatar la Corona de la crisis se le viene encima.


 (*) Periodista


Por su interés, El Confidencial vuelve a publicar esta columna fechada el 16/03/2020

Don Juan Carlos ante la historia / Fernando G. Urbaneja *

La bibliografía sobre Juan Carlos de Borbón es extensa e intensa, no son pocos los historiadores de fuste que han investigado la vida y avatares del que ha sido cabeza del Reino de España durante cuarenta años, con un balance de desempeño que resiste a su favor cualquier comparación. 

A todos esos textos de historia y biografía, incluidos los más banales, les falta añadir un muy penoso último capítulo. La salida del anterior Rey del recinto de la Zarzuela era inevitable, la cuestión es determinar cuándo, cómo y dónde. Una decisión que tenía que tomar una persona de 82 años, sometido a presión y soledad desoladoras, bajo la carga de unas responsabilidades que arruinan su trayectoria personal y su propia autoestima.

Por un lado está la sensación de la maldición de los Borbones para vivir en el exilio, aunque no podemos considerar a Don Juan Carlos como exiliado ya que nadie le priva de nacionalidad y derechos individuales (no de todos). La realidad es que abandona España sin precisar destino, solo y  con el compromiso de responder a las demandas de la justicia. 

Su padre vivió en el exilio muchos años, su abuelo se fue al exilio, su bisabuelo vino del exilio, su tatarabuela murió exiliada en Paris y el antecesor, el nefando Fernando VII, también abandonó España medio forzado y medio encantado. Todo ello forma parte de la historia de España y de sus dirigentes.

La decisión de irse de España tiene más carácter simbólico que efectivo y evidencia una soledad desoladora. Don Juan Carlos está en la historia, su relevancia actual es nula, salvo lo que significa rendir cuentas y pagar un precio por sus errores (y por sus aciertos). 

Su suerte no es muy distinta de la que han tenido jefes de gobierno o de estado europeos en fechas recientes, del canciller Kohl, al primer ministro Craxi, de las peripecias de Chirac a las de Berlusconi, del Presidente Nixon a lo que ocurra con Trump.

Las decisiones relevantes del caso Don Juan Caros fueron la abdicación hace cinco años y su punto final como representanta oficial o oficioso de España hace un año y la retirada de la retribución del Estado hace meses. Solo faltaba el desahucio de la Zarzuela. Las anteriores decisiones fueron más relevantes que la conocida ahora de salir de España, aunque esta sea muy simbólica.

Algunos tratarán de extraer consecuencias políticas de esta decisión pero tienen pocas posibilidades de lograr más recorrido político que ruido en los programas de entretenimiento muy necesitados de combustible a comienzos de agosto. Ante la historia la figura de Juan Carlos es sobresaliente por una trayectoria en la que los aciertos y contribuciones a la prosperidad de España son evidentes y están documentados. 

La recta final es desoladora por su propia irresponsabilidad, acentuada por unas compañías locales e internacionales nada recomendables que le han llevado a la ruina moral. Una historia final en la que no están exentos de responsabilidad  los gobiernos que no cumplieron con el deber de proteger al Jefe del Estado de sus propios extravíos.

Ahora toca que la fiscalía del Supremo y el tribunal competente desentrañen las actuaciones de Don Juan Carlos y las de sus acusadores-chantajistas para ir colocando a cada cual en su sitio. En esta historia varios "aprendices de brujos" han jugado a ser más listos en defensa de sus intereses y pueden salir perjudicados por su falta de juicio.


(*) Periodista y politólgo



lunes, 20 de julio de 2020

Susana Díaz pide a la Casa Real una respuesta "contundente, inmediata y ejemplarizante" para que "vuelva la confianza"


SEVILLA.- La secretaria general del PSOE-A, Susana Díaz, ha pedido a la Casa Real que ofrezca una respuesta "contundente, inmediata y ejemplarizante" para que la gente "vuelva a confiar en una figura tan importante para nuestra democracia como es la jefatura del Estado".

Así se ha pronunciado la líder de socialista en una entrevista publicada por InfoLibre, en la que defiende que "la Justicia tiene que ser igual para todo el mundo y hay que demostrarlo".
Díaz ha precisado que no le responde "decirle a la Casa Real lo que tiene que hacer" y se ha mostrado como "una persona con un respeto profundo a la Constitución". 
"Me declaro profundamente constitucionalista porque quiero a mi país y creo que lo que estamos conociendo es muy grave, cada día más grave", ha señalado en relación a las informaciones sobre el Rey emérito Juan Carlos I.
Sin embargo, ha asegurado que no entra "en lo que tiene que hacer la Casa Real". "Le digo lo que yo demando como ciudadana, lo que deseo que vea una generación como la de mis padres, que vieron la llegada de la democracia como una oportunidad y entendieron el marco que nos dimos todos: una monarquía constitucional", ha argumentado.
Además, ha reconocido que "ha habido un esfuerzo evidente por parte del actual jefe del Estado de mayor transparencia sobre las cuentas" y ha asegurado que "nadie lo discute". "Pero ahora habrá que dar un paso más, la gravedad de lo que estamos conociendo requiere esa respuesta, contundente e incluso ejemplarizante", ha explicado la socialista, todo ello con el objetivo de "devolver la confianza a los ciudadanos en la jefatura del Estado".
Preguntada sobre si cree que debería acabarse con el aforamiento del Rey emérito o si debería limitarse la inviolabilidad del jefe del Estado, Díaz ha valorado la propuesta del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para "limitar los aforamientos a la actividad que uno desempeña". "Y eso vale para todo el mundo, en el ámbito que sea", ha matizado.

domingo, 19 de julio de 2020

Torra anuncia que estudia presentar una denuncia contra el Rey Juan Carlos por presunta corrupción

BARCELONA.- El presidente de la Generalitat, Quim Torra, ha ordenado estudiar la presentación de una denuncia contra el Rey emérito Juan Carlos I y Corinna zu Sayn-Wittgenstein por presunta corrupción.

En un comunicado, el Govern añade que la denuncia puede extenderse a todos aquellos que de una forma u otra hayan "participado, ayudado, cooperado o encubierto las prácticas corruptas en las cuales presuntamente habría sido involucrado el anterior jefe del estado español y su entorno por un espacio de tiempo que todavía está para determinar".
El Govern pretende determinar, según las informaciones publicadas, "la integridad de los hechos, quién habría participado, quién tiene que responder penalmente, y quiénes tienen que asumir la responsabilidad civil ex delicto".
La responsabilidad civil ex delicto correspondería primero a los autores de los presuntos hechos y, después y subsidiariamente, a la Casa Real: el Govern alega que la Casa Real "es una entidad con personalidad jurídica propia, con capacidad para obligarse y sin inviolabilidad que, llegado el caso, permita exigirle responsabilidades ex delicto".
Torra considera que la corrupción se tiene que perseguir con independencia de quien participe, y ha destacado que todas las personas son iguales ante la ley. Ha añadido que, "a pesar de las dificultades de una denuncia de estas características", son hechos graves y cuya presunta responsabilidad es del rey emérito, pero también de otras personas que no cuentan con la inviolabilidad con que sí cuenta Juan Carlos I, según Torra.
"Por las informaciones que van apareciendo, se está hablando de un largo periodo de tiempo en que se habrían cometido estos presuntos hechos e ingentes cantidades de dinero", afirma.

sábado, 18 de julio de 2020

Pere Aragonès: "Hay que hacer caer la monarquía, es una organización criminal"


MONTBLANC/MADRID.- El vicepresidente del Gobierno catalán, Pere Aragonès, ha denunciado la corrupción de la monarquía española y la ha tildado de organización criminal, dos días antes de la visita de los reyes al monasterio de Santa Maria de Poblet

 "Vemos como en La Zaruela los fajos de billetes iban repartiéndose mientras la gente de este país pasaba hambre y sufría precariedad, eso hace falta denunciarlo y hay que hacer caer este régimen y monarquía", ha asegurado Aragonès en el acto político del Jovent Republicà, celebrada este sábado en Montblanc.
"La monarquía sólo puede ser corrupta por definición", ha añadido durante el acto, al lado del portavoz del Jovent Republicà Pau Morales; la diputada del Parlamento Rut Ribas, y el concejal Oriol Pallissó.
Aragonès considera que "el conflicto político sólo se resolverá con la autodeterminación y con la amnistía como única vía".
Durante el acto en Montblanc, el portavoz de las juventudes de ERC, Pau Morales, ha recordado que los Reyes irán el lunes al monasterio de Poblet: "La monarquía no es bienvenida ni en Poblet ni en ningún pueblo de los Països Catalans. ¡No tenemos rey!".
La diputada del Parlament y miembro de la Mesa, Rut Ribas, ha criticado el concepto de 'nueva normalidad' del Gobierno y ha animado a los asistentes al acto a "movilizarse por más derechos, libertades y oportunidades republicanas por todos los jóvenes de los Països Catalans".

Mentís de Alfonsín

La Casa Real frenó en seco los intentos de la empresaria y examiga de Juan Carlos I Corinna Larsen de involucrar a Felipe VI en la trama de los 65 millones de euros que habría recibido el Rey Emérito Juan Carlos I por parte de Arabia Saudí. Así lo revela una carta publicada por 'El Mundo' en que el jefe de la Casa Real, Jaime Alfonsín, responde una petición de la empresaria de una manera tajante.
"Ni Su Majestad el Rey, ni esta Casa, tienen conocimiento, participación o ninguna responsabilidad en los presuntos hechos que menciona, por lo cual falta de toda justificación lícita su involucración en los mismos. Esta Casa se reserva el ejercicio de las acciones judiciales que considere procedentes ante insinuaciones y advertencias a Su Majestad el Rey", señalaba Jaime Alfonsín en una misiva firmada el 21 marzo de 2019.
La carta de la Casa Real respondía a otra que envió Corinna el 5 de marzo de 2019, donde la empresaria afirmaba que Felipe VI era el segundo beneficiario de la Fundación Lucum, la cual está siendo investigada por ser sospechosa de haber servido como entidad pantalla para esconder los 65 millones de euros de Arabia Saudí
Además, en esta carta Corinna acusaba a Felipe VI de haber recibido uno de los dos Ferraris que en el 2011 el príncipe de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed Al-Nahyan, entregó a la monarquía española. La empresaria aseguraba también que el Rey Emérito quiso recuperar en 2014, el mismo año en que abdicó, los 65 millones de euros que le entregó en 2012. Corinna asegura que rechazó devolver el dinero para evitar "posibles acusaciones por delitos financieros".
Con esta carta, Corinna buscaba  que el jefe de la Casa Real o algún representante legal de Felipe VI iniciara un proceso de negociación con ella,que en aquellos momentos ya era investigada por la Justicia suiza por un presunto delito de blanqueo de capitales.
Zarzuela interpretó estas peticiones como amenazas y fue contundente en su postura: "Ni Su Majestad el Rey ni esta Casa designarán ningún representante legal para abrir un canal de comunicación o para iniciar un proceso de discusión o negociación con los hechos que describe".
 

La oleada de informaciones diarias sobre sus presuntos negocios opacos y sus cuentas en paraísos fiscales ha llevado a Juan Carlos I a estudiar alejarse de Zarzuela para no dañar más la imagen de la monarquía española, aunque no tiene intención, de momento, de renunciar al título honorífico de Rey Emérito, según ha informado el diario 'El País'.
Según este diario, que ha hablado con fuentes de su entorno, Juan Carlos I ha asumido que debe dar un paso a un lado. Eso sí, no tiene intención de renunciar a su título honorífico. En caso de no hacerlo, esta decisión recaería en su hijo, Felipe VI, quien sería el encargado de tener que da ese paso.
Según El País, no hay consenso aún entre Zarzuela y Moncloa sobre el momento ni la fórmula para alejar a Juan Carlos de la Familia Real.
Para quitar el título al Rey Emérito bastaría, según El País, con derogar o modificar el decreto por el que se le otorgó tal honor, pero que esto “castigaría injustamente a la Reina Sofía”.
Una de las opciones que se barajan es trasladar al aún Emérito a uno de los pabellones del complejo de La Zarzuela, fuera del Palacio. Otra opción sería que se mudase a alguna de las residencias de Patrimonio Nacional. También se estudia la posibilidad de que se marche al extranjero.
Fuentes del entorno del exjefe de Estado creen que éste “se alejará de una manera progresiva”.

jueves, 16 de julio de 2020

Las tres derechas advierten al Gobierno que no permitirán sus ataques al actual jefe del Estado


MADRID.- Las tres derechas (PP, Vox y Cs) han advertido al Gobierno izquierdoso y republicano de Pedro Sánchez que no van a tolerar la campaña, que a su juicio, se ha emprendido desde Moncloa contra el Rey y la monarquía como institución a raíz de las informaciones publicadas sobre los presuntos negocios opacos de Juan Carlos I.

El presidente del PP, Pablo Casado, ha advertido sobre la campaña del Gobierno para "debilitar" las instituciones del Estado, empezando por las críticas a la Corona, y ha avisado: "Nosotros no vamos a tolerar este tipo de ataques al Rey Felipe VI".
En su discurso ante el Comité Ejecutivo Nacional del partido, Casado ha afirmado que España y el PP se enfrentan a tres grandes desafíos -institucional, económico y sanitario-, el primero de los cuales es "un grave desafío institucional". 
Así, ha señalado que el Gobierno "está debilitando las instituciones del Estado, empezando por la Jefatura del Estado" como revelan "los ataques del vicepresidente al rey y la inédita petición de su abdicación por parte de la vicepresidenta del Congreso", ha dicho. 
"No vamos a tolerar este tipo de ataques a don Felipe VI", ha subrayado el presidente popular provocando los aplausos de toda la cúpula de su partido.
Además, Casado ha destacado "la politización de instituciones tan importantes como la Fiscalía General y la Abogacía General del Estado, el Centro Nacional de Inteligencia, la Guardia Civil, la Junta Electoral, la Comisión Nacional del Mercado y Competencia, o el Consejo de Seguridad Nuclear, el CIS o RTVE".
En el mismo sentido, la portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio, ha dicho que su partido no permitirá el "ataque encubierto" a la monarquía española por parte de Pedro Sánchez "y sus socios comunistas". 
"Ahora más que nunca estamos con nuestro Rey y defenderemos ese pilar fundamental de España", ha señalado Monasterio.
En declaraciones a la prensa tras visitar un centro de Menores Extranjeros No Acompañados (MENA) en Madrid, Monasterio ha agradecido al Rey emérito "el trabajo que ha hecho por España" y ha añadido que "muchos empleos y empresas que han generado trabajo lo han hecho gracias a sus gestiones con determinadas monarquías, gracias a su labor de embajador por el mundo".
Una labor como embajador que "no sabe hacer Sánchez", que junto "con sus socios comunistas han emprendido una campaña en contra de la monarquía, para socavar el pilar fundamental de las instituciones y de todos los españoles, y que representa la unidad de todos".
Por su parte, la portavoz de la Ejecutiva nacional de Ciudadanos, Melisa Rodríguez, ha pedido este miércoles que no se mezclen las informaciones sobre las irregularidades presuntamente cometidas por el Rey emérito con la labor que realiza su hijo, Felipe VI, y que se deje actuar a la Justicia. 
Así se ha pronunciado en relación con la investigación que la Fiscalía ha abierto a Juan Carlos I por el presunto cobro de comisiones por interceder en el contrato del AVE a La Meca.
La última información periodística sobre el padre del Rey, publicada por 'El Confidencial', dice que sacó 5 millones de euros de su cuenta en el banco Mirabaud de Ginebra antes de tener que cerrarla en el verano de 2012 y que previamente había estado retirando grandes cantidades de efectivo, pese a lo cual el saldo de la cuenta nunca bajó de los 60 millones de euros.
Rodríguez ha subrayado que todos los ciudadanos tienen que responder ante los tribunales si incurren en delitos y se ha mostrado convencida de que, en el caso de Juan Carlos I, actuarán "si se detecta cualquier tipo de irregularidad".
Sin embargo, la dirigente de Cs ha evitado dar su opinión acerca de si los partidos deberían abrir un debate sobre los aforamientos y la inviolabilidad del Rey con vistas a reformar la Constitución, como ha propuesto el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. 
Tampoco ha dicho si cree conveniente que, para aumentar la transparencia y la ejemplaridad de la Casa Real, Juan Carlos I abandone el Palacio de la Zarzuela o renuncie al título de Rey emérito.

lunes, 13 de julio de 2020

La Monarquía en España: un debate artificial

MADRID.- La campaña de desprestigio a la que está siendo sometido el legado de Juan Carlos I está siendo hábilmente utilizada por la izquierda a la izquierda del PSOE –y por lo partidos independentistas– para reabrir el debate sobre la conveniencia de la actual forma política del Estado, la Monarquía parlamentaria, a juicio de www.larazon.es

Sin embargo, a pesar de que la Corona se ha convertido en un arma arrojadiza entre las distintas formaciones políticas, lo cierto es que las encuestas dejan claro que la Monarquía no se encuentra entre las cosas que preocupan más a los españoles. En el barómetro número 3.277 del CIS, cuyo trabajo de campo se realizó en marzo de este año, concretamente en la pregunta A9, se preguntaba a los españoles por los principales problemas en España. Tan solo el 0,2% de Los ciudadanos señalaban a la Monarquía como problema.
Puede ser esclarecedor comparar lo que piensan los españoles respecto a otras partes del entramado institucional del Estado, por ejemplo con los partidos políticos. Tras paro, crisis económica, la sanidad y la corrupción, empiezan a aparecer «los problemas políticos en general» para un 16,6%, «el mal comportamiento de los políticos» para un 16,1%, y «lo que hacen los partidos políticos» para un 12,8%. 
Cuando se comparan estas cifras con el 0,2% de la Monarquía adquieren su luz justa las declaraciones vertidas por el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, en el sentido de que entre los españoles estaba creciendo el debate sobre la utilidad de la Corona. Y cabe preguntarse retóricamente: ¿Cuál sería el tanto por ciento de españoles que señalaría al líder de Podemos como el principal problema que tiene España en estos momentos si se incluyera esta opción en el cuestionario del Centro de Investigaciones Sociológicas? 
Cocinar los resultados de ese estudio demoscópico constituiría un reto incluso para el presidente de este organismo estatal, José Félix Tezanos.
NC Report ha realizado para este diario sucesivas encuestas sobre el estado de opinión que existe sobre el desempeño del Monarca a lo largo de los últimos meses por lo que se puede comprobar si la aseveración de Iglesias es correcta o, por el contrario, se trata de un debate artificial creado por la izquierda radical y ayudada por los partidos independentistas para lograr un cambio de régimen en nuestro país. 
Con motivo del Mensaje de Navidad en diciembre de 2019, La Razón publicó una encuesta sobre la Monarquía; el 62.4% consideraba positiva o muy positiva la labor del Rey y merecía una nota de 7.1 puntos en la escala de 0 a 10. 
Es interesante cotejar estos datos con los que arrojó una encuesta análoga encargada con motivo del sexto aniversario de la proclamación en Cortes de Felipe VI ya que entre estas dos fechas la polémica sobre el supuesto cobro de comisiones por la adjudicación a empresas españolas del tren de alta velocidad entre Medina y Meca motivo que el Rey renunciara a la herencia de Don Juan Carlos y de retirarle su asignación con cargo a los Presupuestos. 
Este último estudio no solo ofrece unas cifras de apoyo y simpatía superiores a las de cualquier formación política, sino que habla a las claras de que los esfuerzos realizados durante los primeros seis años de reinado de Felipe VI para actualizar la forma en la que la Institución realiza su labor han calado entre los españoles y son valorados positivamente. Un 62,3% de los españoles cree que se ha producido un cambio a mejor a lo largo de los seis años desde la proclamación.
El estudio también preguntó acerca de la opinión de los encuestados sobre si la Monarquía es el más apto de los sistemas políticos para España. Un 55,5% cree que el actual es el mejor sistema para nuestro país frente a 34,1% de diferentes tendencias republicanas. Cierto es que entre los encuestados de entre 18 y 34 años el «no» a la Monarquía fue de un 46,5% y el de los partidarias de la misma bajaba hasta un 37,8%. 
En cuanto a la valoración a Don Felipe, es significativo apreciar que en los meses que van de diciembre de 2019 a junio de 2020 el Rey pasó de un 7,1 a un 7, es decir, perdió tan solo una décima. Por último, en esta encuesta un 61,7% de los españoles cree que la Monarquía es «una garantía para los valores de la democracia española».
En este mismo diario, el sociólogo José Ramón Lorente Ferrer recordó que España no es un país en donde existan millones de republicanos militantes, como tampoco hay millones de monárquicos activistas. En España hay millones de personas que ven en la Monarquía encarnada en Felipe VI un elemento que garantiza paz, la unidad nacional, la democracia y el Estado de Derecho. 
La percepción más transversal en nuestra sociedad es que la Corona sirve con lealtad al pueblo español. De ahí la percepción que se tiene de ella como institución-arbitro alejada del tráfago partidista. Esta es precisamente su utilidad y la causa de la aprobación por la mayoría. 
La historia de nuestro país en los dos últimos siglos desaconseja a las claras la alternativa: una república con aires caribeños, para deleite de la izquierda radical, y por supuesto confederal, para satisfacer al loby independentista.

Juan Carlos I y los frutos del árbol podrido / Jesús Cacho *

A finales de la década de los 70, Manolo Prado y Colón de Carvajal, intendente y guardián de todos los secretos de Juan Carlos de Borbón, se dedicó a remitir una serie de misivas a diversos monarcas reinantes, particularmente del mundo árabe, para pedirles dinero en nombre del Rey de España. 

Lo que Prado planteaba era una especie de derrama entre los riquísimos reyes del petróleo, demanda a la que la monarquía saudí respondió favorablemente con la concesión de un crédito por importe de 100 millones de dólares (unos 10.000 millones de pesetas de la época) a pagar en 10 años y sin intereses, presente que haría exclamar a Juan de Borbón, conde de Barcelona, ante testigos: "A mí esto que vais a hacer no me gusta nada" (página 392 de El Negocio de la Libertad, editorial Foca, 1998). 

Estaba claro que la familia real saudí le estaba haciendo al joven Rey de España un regalo no inferior al principal de ese crédito, puesto que, con los tipos de interés de la época, bastaba con depositar esos 100 millones en un banco para doblar esa cifra al cabo de los años pactados.

Pero, en lugar de administrar prudentemente esa suma que por sí sola hubiera convertido a Juan Carlos en una persona muy rica, Prado, un desastre como gestor, decidió invertirla en negocios ruinosos (tal que el proyecto urbanístico Castillo de los Garciagos, en Jerez), de lo que resultó que transcurrido el plazo estipulado la Casa del Rey se vio en la tesitura de tener que devolver 100 millones de dólares que no tenía. 

En contra de lo que Prado hubiera podido imaginar, los saudíes estaban decididos a recuperar su dinero, tarea encomendada a un hermano del rey Fahd con espléndida mansión en la Costa del Sol, quien en el verano del 90 se encargó de volar a Palma para almorzar con los reyes en Marivent, intento que devino en fiasco porque Prado y el príncipe Chokotoua acudieron a esperarlo al aeropuerto militar de Palma cuando el invitado aterrizó con su jet en el civil, para reemprender el regreso a Marbella al no encontrar recibimiento. 

El enfado del monarca al enterarse de lo ocurrido se resolvió días después con una buena noticia: el rey Fahd concedía cinco años más de plazo para devolver el dinero. Parece que el quinquenio transcurrió sin que Prado lograra el milagro, de modo que en el verano del 96, testigos a pares, el eco de la llegada a Palma del saudí reclamando el dinero se escuchaba hasta en las cocinas de Marivent: “¡Que viene el 'moro cabreado' (sic) y quiere cobrar!”.

Parece que al hoy rey emérito le han gustado siempre las cifras redondas. Los 100 millones de dólares, por ejemplo, le encantan. Cien millones fue lo que recibió Prado y Colón de Carvajal del grupo KIO, reconocido por el afectado en sede judicial, con ocasión de la invasión de Kuwait por las tropas de Sadam Hussein

Los pagos se justificaron en el emirato por la necesidad de que, durante la llamada operación "Tormenta del Desierto" destinada a reponer a la familia Al Sabah en el trono, la aviación norteamericana pudiera utilizar sin cortapisas las bases aéreas españolas de Rota y Torrejón. Testigo privilegiado, Sabino Fernández Campo, entonces jefe de la Casa del Rey, a quien un día el propio Juan Carlos encomendó la tarea de acercarse a la lujosa residencia en Madrid del financiero Javier de la Rosa, el pagador de la coima, con un escueto mensaje:
-Vas a ir a ver a De la Rosa al número 47 del Paseo de la Castellana y le vas a decir que, de parte del Rey, todo está arreglado y que muchas gracias.

Para Manolo Prado, the servant, el valido por antonomasia, pedir dinero llegó a convertirse en algo habitual durante los primeros años de la Transición. Pedía para “mon patron”, “mon ami le patrón”, “sa majesté”, pero también para “salvar la democracia”, para ayudar a financiar las campañas de la UCD (nominado por Adolfo Suárez, puesto que el abulense no hablaba inglés), para usar las bases aéreas… Y lo hacía siempre con el Gobierno de España por ariete, y naturalmente con la propia institución monárquica, sin reparar en eventuales daños para el prestigio de ambas instituciones. 

En el imaginario colectivo late la idea de que Juan Carlos, que de niño vivió las estrecheces con las que su padre, Don Juan de Borbón, mantuvo en el exilio de Estoril su pequeña corte no afecta al franquismo, a menudo necesitado del socorro de una serie de familias de la antigua nobleza, se juramentó para no volver a pasar penuria alguna en reedición del “¡a Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!” pronunciado por la heroína de Lo que el viento se llevó, hasta el punto de convertir la acumulación de dinero en una enfermedad, una obsesión rozando lo enfermizo, una patología absurda puesto que el monarca constitucional de un país desarrollado como España tenía mil formas, al margen de la confortable asignación que le otorgan los PGE, de labrarse un “buen pasar” sin necesidad de corromperse, sin necesidad arrastrar por el barro el buen nombre de la Monarquía y el de España, a la que como jefe del Estado representa. Sin necesidad de ofender al noble pueblo español que siempre confió en él.

Aquel monarca “pobre” que en 1975 se hizo cargo de la Corona de España y tres años después juró la Constitución es hoy un hombre muy rico, con una fortuna que el norteamericano NYT estimó en su día en más de 2.000 millones de dólares. Naturalmente que en esa tarea no ha estado solo. Echar las culpas de lo ocurrido al emérito en exclusiva es caer en el cinismo de la equidistancia y faltar a la verdad. Aquí ha habido muchos culpables. 

Para hacerse millonario, el monarca ha contado con la colaboración activa de todo un país, o por lo menos de sus elites políticas y económicas, y naturalmente también de unos medios que han participado activamente en la ocultación de lo que estaba ocurriendo. No se trata sólo de Prado, de Ruiz Mateos, de Mario Conde, de Javier de la Rosa, de Josep Cusí y de tantos otros. Se trata de los banqueros, de Alfonso Escámez a Emilio Ybarra, que una mañana sí y otra también descolgaban el teléfono para atender el correspondiente pedido que él personalmente, o su valido, se encargaban de transmitir. 

Se trata de los grandes empresarios del Ibex, cuyas cuitas en el exterior se encargaba de resolver la mayor parte de las veces a cambio de una comisión, como en el caso de la construcción de la línea de alta velocidad entre Medina y La Meca, asunto de actualidad.

Multitud de negocios oscuros que han pasado desapercibidos para la opinión pública y en los que se hizo presente la larga mano de Juan Carlos I. La compra en 2003 del Banco Zaragozano, mayoritariamente controlado (40%) por Alberto Cortina y Alberto Alcocer, por parte de Barclays Bank, filial española del grupo británico Barclays, en una operación de 1.400 millones. Ocurrió que una vez alcanzado el acuerdo y tras el correspondiente due diligence, los británicos descubrieron todo tipo de gatuperios en las tripas de la entidad, motivo por el cual decidieron romper el trato. 

De hacerles volver al redil se encargó el propio rey de España, que a cambio de su mediación recibió una comisión de 50 millones ingresada en la cuenta suiza de su primo Álvaro de Orleans-Borbón. Cinco años después, febrero de 2008, el Tribunal Constitucional falló a favor de susodichos Albertos en el “caso Urbanor”, al anular, por supuesta prescripción de los delitos, la condena que les había impuesto el Tribunal Supremo, evitando de esta manera su ingreso en prisión.

Un secreto a voces

La larga mano del monarca había penetrado en la sala de togas del TC. Como ocurriera con Isabel II y con el propio Alfonso XIII, la corrupción real ha llegado a interferir en el normal funcionamiento de las instituciones del Estado. Para entonces, Alcocer se había convertido en el mejor amigo del monarca, al punto de haber pasado a ocupar como intendente real el espacio vacío dejado en la agenda del monarca por la retirada de Prado. Todo esto, y mucho más, se sabía. Las “fazañas” perpetradas durante 40 años de Juan Carlos de Borbón las sabía todo el que debía saberlas. Eran un secreto a voces en el “establishment” patrio. 

Es el caso de los sucesivos presidentes del Gobierno, que consintieron, y sus equipos, todos perfectamente al corriente de los esfuerzos, y el dinero, empleado por el CESID, ahora CNI, en ocultar los negocios del monarca y proteger con un manto de silencio –el general Sanz Roldán, jefe de los servicios de inteligencia, y su cobarde silencio, juicio extensible a los Manglano que le precedieron-, su escandalosa vida privada, la incontinencia sexual de un hombre convertido en perfecto epígono de Isabel II, aquella mujer toda lascivia que se pasó por la piedra a la mitad del cuerpo de guardia de palacio.

El rey se ha movido en un entorno insano, rodeado de aduladores cortesanos, de millonarios arquetipos del “capitalismo de amiguetes” madrileño dispuestos a rifárselo en las monterías que organizaban en sus lujosas fincas de los Montes de Toledo, escenario del que cabe salvar a un hombre de honor como José Joaquín Puig de la Bellacasa, ex secretario general de la Casa, quien decidió poner pies en polvorosa tras comprobar, verano del 91, los horrores de la corte palmesana entonces dominada por Marta Gayá, la primera de las famosas “novias” del monarca. 

Tras la retirada de Sabino, Azas, Almansas y Spottornos fueron incapaces de poner orden en Zarzuela. En el Guinness de la impudicia figurará para siempre el hecho de haber mantenido durante años a la última de sus queridas, Corinna Larsen, instalada en un lujoso chalé situado dentro del recinto palaciego, a escasos metros de donde la legítima, Sofía de Grecia, entretenía su soledad ojeando la revista ¡Hola! en torno a una mesa camilla junto a su hermana Irene.

Produce sonrojo, por eso, el asombro impostado exhibido por algún cretino cuando asegura que lo publicado estos días “cambiará para siempre la percepción que los españoles tienen de quien ha sido Jefe del Estado durante cuatro décadas”. Lo sabía la elite financiara, colaboradora necesaria, y lo sabía también la política, sin cuya connivencia no hubiera sido posible el saqueo. Lo sabían los dueños de los grupos de comunicación, con Jesús Polanco y el entorno de PRISA a la cabeza, naturalmente Juan Luis Cebrián, un grupo sin el cual no sería posible entender la Transición. Lo sabían, en suma, todos los que hicieron de la libertad un negocio, responsables de haber frustrado, maldito parné, las ansias de libertad y democracia de los españoles tras 40 años de dictadura. 

Asediado por la recalada del asunto de los GAL en los tribunales, Felipe González amagó con destapar los escándalos reales ante el riesgo de ir a dar con sus huesos en la cárcel. Los mensajes de un Felipe acorralado causaron gran conmoción en Zarzuela, dónde en algún momento se temió que llegara a tirar de la manta -¿estaba el rey al tanto del montaje de los GAL?- poniendo en peligro todo el edificio constitucional. Al final, Felipe se limitó a acompañar a Barrionuevo y Vera a las puertas de la cárcel y a fumarse un puro. Sus críticas a Juan Carlos (“es que está cometiendo errores garrafales”; “es que Aznar le tiene muy suelto” –a partir de 1996-) se tornaron en un cínico mirar hacia otro lado:
-que haga lo que quiera, a mí qué me importa. ¡A ver si voy a hacer yo ahora de niñera! –frase dicha a cuenta de la iniciativa de un grupo de empresarios mallorquines de regalar al monarca un nuevo Fortuna.

La maldición de la Transición. El mal fario de un sistema montado en torno a una derecha moderada y un socialismo de corte socialdemócrata, más la inevitable inserción de los nacionalismos catalán y vasco, herederos todos de las nueces del franquismo. Y un legalizado PCE, pieza imprescindible para lograr el nihil obstat democrático. Con el Rey en la cúspide, cual guinda coronando el pastel. El PSOE se reconfiguró en torno a la figura de Felipe, con la ayuda de la socialdemocracia alemana y el Departamento de Estado yanqui. Felipe hizo el PSOE y Felipe lo deshizo, dejándolo en los huesos a su retirada, al punto de que el PSOE de Sánchez no tiene nada que ver con el que conocimos.  

José María Aznar fue capaz de agrupar bajo una misma bandera a las tribus dispersas de la derecha para llevarlas a gobernar por mayoría absoluta, pero dejó el PP en manos de un incompetente que arruinó el partido y sirvió el poder en bandeja a su mayor enemigo. Aznar hizo el PP y Aznar lo deshizo. 

De la Convergencia de Jordi Pujol no quedan ni las raspas, consumida en la hoguera de las vanidades del dinero, con el propio patriarca salvado por la campana de los secretos que guarda con celo exquisito. 

Y el PCE ha desaparecido del mapa. Solo resiste el PNV, siempre las siglas por delante de las personas, convertido en un régimen de partido único en el País Vasco.

Orgía de sexo y dinero

El rey emérito se ha puesto a la cabeza del cortejo fúnebre, tras quebrar el brillante inicio de su reinado. Su voluntad, en efecto, resultó determinante para impulsar la restauración de una monarquía parlamentaria capaz de reinar sin gobernar, olvidando las pulsiones absolutistas tan queridas por la dinastía a lo largo de siglos. Por primera vez en la historia de España, un Borbón no solo no había sido un “obstáculo tradicional” para la liberalización y democratización del país, sino su primer acicate. 

Por desgracia, esa hoja de servicios iniciática se perdió pronto en la orgía de sexo y dinero que ha presidido la mayor parte de su reinado. Él devolvió la vida a una dinastía agostada, y él la deja malherida, casi muerta. Él la hizo y él la deshizo, al punto de que, a pesar de la ausencia hoy en España de cualquier tipo de republicanismo liberal y democrático, será muy difícil que Felipe VI consiga sortear los bajíos de esta crisis y conducir la nave de nuevo a mar abierto. 

Los escándalos del juancarlismo son, en realidad, el mascarón de proa del fracaso de todo un régimen, la evidencia de una clase política que ha puesto en almoneda la democracia parlamentaria, y la irresponsabilidad de unos partidos incapaces de haber abordado la regeneración del sistema desde dentro. Juan Carlos y los frutos del árbol podrido.

Desde que a finales de los ochenta empecé a conocer lo que ocurría en la Zarzuela y su entorno, siempre temí el día en que las andanzas del monarca llegaran al dominio público. Ese día ha llegado, y en el peor momento posible. En el punto más bajo de una España sin rumbo. Con un Gobierno poco amigo de la Constitución del 78, cuya clave del arco descansa precisamente sobre la institución monárquica, razón que explica los ataques que sufre por parte de Podemos, tolerados, si no compartidos, por un presidente del Gobierno cuyos perfiles ideológicos se confunden hoy con los de Pablo Iglesias

La filtración desde el ministerio de Justicia de las declaraciones suizas de Larsen y Dante Canonica apuntan a una nueva maniobra del Gobierno de Pedro & Pablo para ocultar el “caso Dina Bousselham”, tan desestabilizador tanto para Pablo como para Pedro. Todo a costa de socavar los cimientos de la institución monárquica. Las presiones del Ejecutivo sobre Felipe VI y su entorno son notables estos días, al punto de que el heredero tendrá que optar por separarse definitivamente de su padre, un hombre que después de haber tenido todo un país a sus pies, de haber robado mucho y haber fornicado más, parece condenado a terminar sus días en el exilio, como su abuelo Alfonso XIII y como su tatarabuela Isabel II. Los ecos del pasado iluminando el presente.

Si esta monarquía sobrevive será cosa de milagro. Pero Felipe VI es hoy bastante más que un rey constitucional: es el rompeolas que protege la libertad y la convivencia entre españoles, y también la garantía de su prosperidad, condición unida a la unidad de la nación. Más allá de discusiones doctrinales y del natural rechazo que pueda provocar una institución que tiene en la herencia su pilar fundacional, los españoles se enfrentan a la disyuntiva de optar entre una presidencia de la III República ocupada por un González o un Aznar (otras opciones a mano son inimaginables) y una monarquía representada por Felipe VI, el mejor de los Borbones conocidos. 

A pesar de las deficiencias de esta democracia por regenerar, los españoles han vivido los mejores 50 años de su larga historia. España no se parece en nada al país de analfabetismo y miseria que era en 1936 e incluso en 1975. Porque las sociedades libres son capaces de progresar imparables por encima de los errores de sus clases dirigentes. Eso es lo que está en juego. 

Con toda humildad, siempre he pensado que la obligación moral de los españoles de buena voluntad consiste hoy más que nunca en preservar lo conseguido y continuar en la tarea de crear nuevos espacios de libertad y progreso, para transmitir a las generaciones futuras el mejor país posible. Y que sean ellas quienes se encarguen de dilucidar el viejo dilema entre monarquía y república.


(*) Columnista