miércoles, 24 de octubre de 2012

El Rey de España arranca mañana en Bombay una visita oficial de dos días a India

BOMBAY.- El Rey de España ha llegado hoy a Bombay, donde arranca mañana jueves su visita oficial de dos días a India centrada en favorecer la adjudicación de contratos a empresas españolas en el sector de las infraestructuras principalmente, aunque esta potencia emergente presenta también oportunidades en las áreas de las energías renovables, la Defensa y la industria cinematográfica.

   Don Juan Carlos ha viajado a India acompañado por cuatro ministros (Exteriores, Fomento, Industria y Defensa) y una docena de directivos de empresas de las constructoras Isolux Corsán, OHL, Sacyr y Ferrovial; los fabricantes de sistemas ferroviarios CAF y Talgo; las tecnológicas Indra y Abengoa; los desarrolladores de energías renovables Gestamp y Elecnor; la naval Navantia y el fabricante de sanitarios, Roca.
   El jefe del Estado, con el resto de la delegación, se aloja en el hotel Taj Mahal, uno de los objetivos de los atentados de noviembre de 2008 en los que murieron 173 personas.
   Su agenda comenzará mañana con una recepción a la colectividad española, que irá seguida de un almuerzo con presencia de empresarios españoles e indios, donde el jefe del Estado pronunciará un discurso.
   Por la tarde, el monarca preveía reunirse con el equipo artístico de la película india 'Solo se vive una vez', rodada parcialmente en España y que en India tuvo más éxito que la última entrega de Harry Potter.
   De hecho, el viaje del Rey se quiere aprovechar para que ambos países firmen un acuerdo de cooperación que abrirá la puerta a futuras coproducciones cinematográficas entre España e India, visto el éxito cosechado por este film rodado en España y que narra las peripecias de tres amigos en un viaje por nuestro país, con participación en la Fiesta de la Tomatina incluida.
   Don Juan Carlos se desplazará esa misma tarde a Nueva Delhi, aunque antes mantendrá en Bombay un encuentro con el gobernador del Estado de Maharastra, Raj Bhavan.
   Ya el viernes en Nueva Delhi, el monarca se entrevistará con el presidente y primer ministro indios, Pranab Mukherjee y Manmohan Singh, respectivamente.
   Tanto el Rey como las empresas españolas que le acompañan aprovecharán su presencia en India para intentar convencer a los licitadores indios de que los proyectos españoles son la opción más ventajosa frente a otros competidores, si bien no está previsto que se firme ningún contrato durante la visita.
   Las obras de ampliación de los metros de Nueva Delhi, Bombay y Calcuta; la construcción de una carretera de 22 kilómetros sobre el mar en la zona de Bombay; el AVE entre Nueva Delhi y Ahmedabab, y el futuro desarrollo de las energías solar y nuclear en el país, son algunos de los proyectos que han despertado el interés de las compañías españolas.
   Aunque India ha registrado una desaceleración económica en los últimos años, sigue creciendo al 5,6 por ciento anual y necesita inversiones extranjeras en sectores como las infraestructuras, la energía o el tratamiento de aguas y residuos para superar aquellas carencias que hoy por hoy obstaculizan su mayor desarrollo.
   En los próximos 20 años, según estimaciones de expertos, India acaparará la cuarta parte del negocio mundial en materia de infraestructuras.
   Al margen del acuerdo de coproducción cinematográfica, el viaje del Rey se aprovechará para firmar otros cuatro acuerdos de colaboración, entre ellos una actualización del convenio bilateral para evitar la doble imposición y la evasión fiscal y el primer acuerdo marco en materia de Defensa (indispensable para futuras ventas).
   Renfe y Adif suscribirán un convenio con Indian Railways para el intercambio de tecnología.
   Este será el tercer viaje de marcado acento económico que el Rey emprenda este año, tras los desplazamiento realizados a Brasil y Chile, en junio, y Rusia en julio, destinos a los que viajó también acompañado por una delegación de empresarios.
   El Palacio de la Zarzuela ha avanzado que el jefe del Estado llevará a cabo otra serie de viajes de este tipo a lo largo de 2013, ya que este modelo de desplazamientos, centrados en favorecer oportunidades de negocio para nuestras empresas, se está revelando "muy eficaz", según fuentes de la Casa del Rey.

La monarquía española escribe su último capítulo / Javier del Rey Morató *

Decía Raymond Aron que los contemporáneos son ciegos y no comprenden los acontecimientos que viven.

Es cierto. En 1914, nadie sospechó el horror que les esperaba. Los españoles de 1929 no maliciaron que una de las secuelas de la crisis sería la caída de la monarquía en 1931. El 18 de julio de 1936, las parejas que se besaban en los jardines del Parque del Buen Retiro no sabían que aquél era su último beso: no habría boda, ni hijos, ni futuro en común. 

En 1938, Neville Charmbelain, primer ministro del Reino Unido, regresó a Londres –después de su encuentro con Hitler en Munich–, pronunció el discurso titulado “La paz de este siglo”, y no sospechó que Europa sería un enorme cementerio: más de cincuenta millones de cadáveres. 

Los españoles de 2012 no saben que la historia ha decidido bajar a la calle, y que probablemente les depara sorpresas muy desagradables: la monarquía hace aguas. 
Si el Rey es símbolo de la unidad y permanencia del Estado –como reza el artículo 56 de la Constitución–, o es capaz de mantener esa unidad, o es un florero. 

La deriva independentista de Cataluña nos dice que se acabó la farsa: quieren su Estado propio, y van a por él. Pero es evidente que esa conquista no será inmediata.

The Economist se pregunta si Cataluña será el próximo Estado de la Unión Europea. Y en Le Monde , se puede leer “L’Espagne ne nous respecte pas”, “Madrid nous vole”, “España no nos respeta”, “Madrid nos roba”. 

Ahí está el éxito de los nacionalistas catalanes: la independencia ya está en la agenda mediática , en España y en la Unión Europea. La entrevista entre Artur Mas y el presidente Rajoy, el jueves 20 de septiembre, dejó las cosas claras: no hay margen para el pacto fiscal. Esa decisión -que conocían los nacionalistas-, les viene como anillo al dedo para el nuevo escenario: legitimar la escisión y negociarla. 

La crisis podrá hacer caer la monarquía. Y poner punto final a un Estado cuya historia tiene quinientos veinte años.

(*) Profesor de Comunicación Política en la Universidad Complutense

Las infantas Elena y Cristina apartadas del resto de la Familia Real en el Museo de Cera


Las infantas Elena y Cristina han sido relegadas a un segundo plano hasta en el Museo de Cera, de Madrid. Los constantes problemas en torno a la Familia Real que se han sucedido en los últimos años y en los que las protagonistas han sido las hermanas mayores del Príncipe Felipe, han hecho que la Casa Real decida dejarlas a un lado de sus actividades. Esto ha derivado en que las figuras que las representan en el Museo de Cera ya no estén a la misma altura que los Reyes y los Príncipes, sino en un segundo plano, como meras espectadoras de la Monarquía y no como parte de ella, según la revista 'Ella Hoy'.

El error de don Felipe por falta de costumbre

MADRID.- Ser el heredero de la Corona puede traer algunas incómodas situaciones y si no que se lo digan al Príncipe Felipe que se enfrentó a uno de estos embarazosos momentos el pasado martes.

   Don Felipe acudió al funeral en memoria de Iñigo de Arteaga que se celebró en la madrileña iglesia de San Francisco de Borja. Cuando el príncipe abandonó el templo por una de las puertas laterales se cruzó con una mujer que pedía limosna y que le tendió la mano para que le diera una moneda.
   El heredero más acostumbrado a que la gente le pida saludos y no dinero, no lo dudó un segundo. Alargó su brazo, tendió su mano y le dio un fuerte apretón.
   La mujer de origen rumano no daba crédito a la reacción real aunque correspondió al saludo de Don Felipe, que muy satisfecho continuó su camino ajeno a la petición.
   Está claro que el Príncipe de Asturias dió así un nuevo significado al concepto de 'limosna'.

Iñaki Urdangarin se ofreció a Jorge Valdano para encargarse de los fichajes del Real Madrid

MADRID.- Urdangarin vio en el Madrid de los Galácticos (Zidane, Figo, Ronaldo) una fuente muy jugosa de ingresos. Es una de las muchas líneas de negocio que trató de abrir Iñaki Urdangarin desde su emporio de Nóos. Valdano no aceptó y aún a día de hoy en el club comentaron la "osadía" del marido de la infanta Cristina.

El libro que Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta acaban de publicar, 'Urdangarin, un conseguidor en la corte del Rey Juan Carlos', es una bomba de relojería en el que se cuentan las tretas del yerno del Rey para hacerse con grandes cantidades de dinero.

Una de ellas fue tratar de hacerse el responsable de fichajes del Real Madrid. Visto que sus negocios en Baleares iban viento en popa, y que el mundo del deporte les estaba ofreciendo pingües ingresos, Urdangarin solicitó, en la primavera de 2004, una entrevista con Jorge Valdano. Cuentan Indan y Urreiztieta en su libro que "el campeón del mundo de fútbol tuvo que echar mano de sus más profundas dotes de gentleman para no mandar a esparragar a Iñaki Urdangarin cuando le visitó en las oficianes del Santiago Bernabéu.

Así, Iñaki le propuso "un tema que se nos ha ocurrido a mi socio, Diego Torres, y a mí. Queríamos proponerte encargarnos de los fichajes del Real Madrid". Y se lo dijo a un hombre "que no salía de su asombro, que alucinaba, que estaba literalmente estupefacto". La osadía de Urdangarin y Torres aún se comenta como chascarrillo en el club, según el libro, que recuerda los inconvenientes que veía Valdano para el 'fichaje' de los cerebros de Nóos, entre otros, que no eran agentes FIFA.

Javier Bardem más monárquico con Camila que con doña Sofía

LONDRES.- Poco amigo de las corbatas y etiquetas, Javier Bardem sorprendió ayer en la premiere mundial de ‘007 Skyfall’ celebrada en Londres vistiendo un impecable esmoquin, etiqueta que también lucieron el resto de actores de la nueva entrega del agente secreto en la que el actor español da vida al villano de la nueva saga. No se sabe si se trata de un cambio de estilo del ganador de un Oscar por ‘No es país para viejos’, pero llama la atención que pueda ser para cumplir con el protocolo de un acto al que asistía el Príncipe Carlos y Camila como representantes de la Familia Real inglesa.

Si echamos la vista atrás, este pequeño detalle es aún más llamativo puesto que en su momento fue muy comentado ni siquiera llevara corbata cuando recibió la medalla de Oro del Spanish Institute, en Nueva York, hace ahora un año a pesar de que al acto estuviera presidido por la reina Doña Sofía. Este gesto fue interpretado como un pequeño desaire del actor español más internacional a la Familia Real española, aunque aquel día, en plena sede del 'Spanish' ya aprovechara para presumir de su convencido republicanismo.

Agradezco a la reina de España este reconocimiento más allá de mi conocida opinión sobre la monarquía”, dijo en su discurso delante de doña Sofía y personalidades tan variadas como el expresidente Bill Clinton.

Ahora sorprende este cambio de estilismo y de etiqueta del actor. Por este motivo y porque hasta ahora ni con la Familia Real lo había cumplido, muchos se preguntan si el esmoquin es, en realidad, una imposición de la productora.

El príncipe barbudo / José Apezarena *

Un día se la quita, otro se la deja. Va por temporadas. Me refiero al heredero, al príncipe Felipe, y su poblada barba.
 
Últimamente la luce, como ocurrió en la fiesta nacional, el 12 de octubre, en el desfile de la plaza de Neptuno y en la recepción del Palacio Real. Así se le ha visto también este fin de semana en Luxemburgo, en la boda del heredero ducal.

Ya sé que es un asunto muy personal, pero no acabo de entender esos cambios, que pueden desconcertar a la gente si se repiten con demasiada frecuencia. En una sociedad de imagen, como la que vivimos, tales cuestiones tienen alguna relevancia.

Soy de la opinión de que esa barba, ya bastante cana por cierto, no favorece demasiado al príncipe. Entre otras cosas, porque le hace demasiado mayor. Don Felipe tiene 44 años, camino de 45, pero con ese adorno facial pareciera tener unos cuantos más.

¿Por qué su afición a lucir barba? He de suponer que porque le gusta, claro. Pero también porque igualmente está de acuerdo la princesa Letizia, de la que se cuenta que tiene mucha mano en los que atañe a cuestiones de imagen de los herederos.

Pero, si lo que se persigue es trasladar a los ciudadanos una especie de señal, en la línea de que el príncipe es persona madura, y en condiciones por tanto de asumir con garantías la Jefatura del Estado, el empeño se me antoja superfluo. Porque el príncipe ha acreditado ya de sobra esa y otras cualidades.

Es más. Si tal fuera la finalidad del recurso a la barba, constituiría incluso un rasgo negativo, como de desconfianza del príncipe en sí mismo, en lo que ahora es y representa.

El general MacArthur era un personaje muy celoso de su imagen pública. Recibía abundantes cartas de ciudadanos admiradores suyos, las leía todas y tomaba buena nota. El general solía llevar consigo un grueso bastón (casi parecía un garrote), y en una de las misivas le plantearon si era porque lo necesitaba para sentirse más seguro. Apenas leer esas líneas, MacArthur arrojó el bastón (casi parecía un garrote) en una papelera y dejó de utilizarlo.

(*) Periodista en la Corte

martes, 23 de octubre de 2012

1625, el año milagroso de la monarquía hispánica / Michael Neudecker

El año 1625 fue un año mágico para la Monarquía Hispánica de Felipe IV, un coloso en el que nunca se ponía el sol, pero que se sostenía sobre pies de barro. Ese año todo salió bien a pesar de que la vuelta a la guerra en Flandes, los constantes ataques holandeses hasta en los lugares más remotos del imperio y la eterna crisis financiera ponían en peligro la hegemonía hispánica. Pero el nuevo rey y su valido, el Conde Duque de Olivares, tenían un plan para recuperar lo más preciado para ellos en el mundo: la reputación.



Aunque a primera vista había heredado un coloso impresionante e invencible, Felipe IV tenía un serio problema mantener la viabilidad de su imperio que heredó de su padre, Felipe III, en 1621. Sus posesiones abarcaban las coronas de Castilla, Aragón, Portugal, el Reino de Nápoles y Sicilia, Milán, Flandes, el Franco Condado en Francia, e inmensas colonias en América y en Asia que le proporcionaban oro, plata y especias.

Sin embargo, este imperio sufría por lo mismo que parecía invencible: su inmensidad y heterogeneidad impedían un gobierno coherente y centralizado. Cada reino y corona, aunque tenía al mismo monarca, mantenía sus peculiaridades tanto culturales (idiomas, costumbres) como legales, con cortes propias, las únicas instituciones con capacidad para aprobar la recaudación de los impuestos. Estos necesarios para pagar a los soldados que defendían y mantenían unido al imperio, y no todos los territorios estaban por la labor de imponer unos impuestos altos a sus súbditos.

Esto dejaba poco margen de actuación al rey, pero su valido –lo que en el futuro se conocería como Primer Ministro o algo parecido- tenía un plan: recuperar la “reputación” de la monarquía y, a través de ella, imponer una reforma política que unificara paulatinamente a los diferentes reinos. Mejor dicho, que repartiera mejor los esfuerzos fiscales del conjunto del imperio entre las zonas que en ese momento apenas contribuían al coste de las guerras y las que, como Castilla, estaban casi arruinadas.

El ‘Rey Planeta’

Para empezar, Olivares ideó un eslogan para Felipe IV con la idea de que su figura trascendiera la de sus reinos. Ya no sería el rey de Castilla, Aragón, Portugal, etc. Simplemente se haría llamar el “Rey Planeta”. Toda una declaración de intenciones de un joven monarca que al llegar al trono sólo contaba con 16 años.

Pero este título universal necesitaba un lugar apropiado y digno donde centralizar su poder. Para ello recuperaría la corte en Madrid, tal y como la había establecido su abuelo Felipe II, aunque le añadiría un palacio monumental, con unos jardines inmensos y unas salas de recepción que impresionaran a los embajadores extranjeros: el Palacio del Buen Retiro. Todo un decorado para la gran representación del “Rey Planeta”.   

La reputación ya tenía un lugar, ahora necesitaba un contenido, y este se lo debían dar las armas. Y las victorias llegaron, todas a la vez y el mismo año. En 1625.

La primera fue en Brasil contra los holandeses. La Monarquía Hispánica y Holanda habían vuelto a la guerra en 1621, poco antes de la subida al trono de Felipe IV, tras una tregua de doce años. En ese periodo ambas partes se habían beneficiado de la paz, pero los holandeses más. Estaban ganando cada vez más riquezas y fuerza, y el sueño católico de tiempos de Felipe II de vencer y recuperar ese territorio de Flandes para la corona y la Contrarreforma se iba alejando. Además, el éxito comercial holandés les llevó a todo el mundo, incluidas las colonias hispánicas y portuguesas, convirtiéndose en duros competidores. La reputación del imperio estaba en juego, y al final se volvió a la guerra.

Los holandeses atacaron aquellos lugares que les parecían estratégicos, y uno de ellos era la costa de Brasil. Esta colonia portuguesa, mal defendida, era un lugar perfecto donde comenzar la propia expansión en el nuevo mundo. Así, en 1624 Holanda conquistó la ciudad de Salvador de Bahía. Pero la respuesta no tardó en llegar. El mismo año una expedición hispanoportuguesa llegó a Bahía y la recuperó en poco tiempo, en mayo de 1625.


Victoria en Flandes

La siguiente victoria también fue contra los holandeses, pero en su propia casa. El 5 de junio de 1625 cayó Breda, la impresionante fortaleza en el corazón de Flandes. Fue una victoria importantísima, sobre todo por el dinero que se ahorró. En los siglos XVI y XVII la guerra había cambiado mucho y apenas se daban batallas campales. La presencia de cañones y mosquetes encarecían muchísimo las guerras que llevaban a cabo mercenarios muy caros también. Las ciudades se atrincheraron tras anchísimas ciudadelas y fortines que solamente se podían conquistar tras largos y costosísimos asedios de final incierto.

En Flandes, un territorio pequeño y plagado de ciudades, esto suponía que había una fortaleza cada pocos kilómetros. La única opción era conquistarlas de una en una, algo que siempre se sabía cómo empezaba pero nunca cómo terminaba. Tenían las mismas posibilidades de éxito asediados como asediadores. Las enfermedades, el hambre y la falta de paga podían dar al traste y deshacer a todo un ejército. Ambrosio de Spínola, el comandante genovés al servicio de Felipe IV en Flandes lo sabía, por lo que temía que si sus soldados dejaban de cobrar podían, simplemente, marcharse. Y las comunicaciones y la logística en esa época eran simplemente horribles. Pero Breda cayó tras un largo asedio.

 

Salvador de Bahía y Breda, dos victorias importantes contra los enemigos holandeses. Quedaba la tercera, la definitiva. En noviembre de ese año milagroso los holandeses y sus aliados los ingleses quisieron devolver el golpe atacando a la propia Península Ibérica y, lo más importante, atrapar el tesoro que venía de América e interrumpir el comercio con las colonias. Es decir, un ataque a la espina dorsal del imperio. Si no llegaban el oro y la plata de las minas americanas no habría paga para los soldados que ganaron en Breda y en Brasil, y lo ganado ese año se perdería.

El objetivo escogido fue Cádiz. Unos 10.000 soldados enemigos desembarcaron para tomar la ciudad, pero estuvieron tan mal coordinados y preparados que fueron repelidos perdiendo a muchos prisioneros y barcos. Fue la guinda en el pastel del Rey Planeta.



Tres victorias para la historia

Salvador de Bahía, Breda y Cádiz. Tres batallas victoriosas para el imperio que rápidamente iban a servir de propaganda para la política del Conde-duque de Olivares de restaurar la reputación de la Monarquía. Para ello mandó a tres pintores (Maíno, Velázquez y Zurbarán) que retrataran las victorias en tres grandes lienzos con el objetivo de exponerlos en el futuro Salón de Reinos, en el Palacio del Buen Retiro. Para recordar a los enviados extranjeros con quién estaban tratando.

Todos los cuadros se terminaron y expusieron más o menos al mismo tiempo, entre 1634 y 1635. Pero para entonces las tornas estaban a punto de cambiar. Ese año el ambicioso e inteligente valido del rey de Francia, el cardenal Richelieu, intervino directamente en la política europea con el objetivo de debilitar y derrotar a los Habsburgo, sus enemigos mortales, tanto en España como en Alemania en la Guerra de los Treinta Años. Nuevos escenarios, nuevos enemigos, más gastos.

Así, en 1635 empezó la guerra entre Francia y la Monarquía Hispánica, un reto que acabó por arruinar y derrotar definitivamente al imperio que, además, en 1640 vio cómo en Portugal y en Cataluña surgieron dos sublevaciones contra la política de Olivares de unificar los esfuerzos de guerra.

En 1625 un muy joven Felipe IV vio cómo su reinado comenzaba con una serie de victorias importantísimas que encajaban perfectamente en la nueva ideología imperial que había ideado el Conde-duque de Olivares. Pero no dejaron de ser victorias efímeras. Al final el imperio resultó ser demasiado grande y la Monarquía Hispánica demasiado pobre.

La inutilidad de la Monarquía / César GSF

Para las generaciones jóvenes, víctimas de la Logse, poco puestas en latines y menos aun en filosofías, he de aclarar, de entrada, que la frase que titula este humilde trabajo, traducida al español, significa “La Monarquía ha de ser destruida”. La frase quedó para la historia por ser el título de un artículo que publicó en el desaparecido diario “El Sol”, allá por 1930, uno de los pensadores más importantes de España y quizás de la Europa del siglo XX: José Ortega y Gasset… Con el permiso de don José y salvando las distancias, le tomo la palabra, desciendo no pocos peldaños en la escala intelectual -los que me corresponden medido con tan alta figura- y aterrizo en este penoso panorama de la España del 2012, tan triste e incierto como aquel de 1930. Y es que parece que aquí no aprendemos nada, que estamos atrapados en un bucle temporal, tan absurdo y estéril como la rueda del hámster, que por mucho que gire no le lleva a ninguna parte. Condenados a repetir siempre los mismos o parecidos errores…
 
Un servidor de ustedes, hasta hace bien poco, estaba adherido a la tesis oficial de que la Monarquía nos garantizaba una estabilidad, que blindaba la navecilla de la Nación ante los envites de nuestra procelosa historia… Había de ser la garante de la paz y unidad entre todos los españoles… Y así pareció funcionar durante cerca de tres décadas… Es también verdad que durante esos años se ocultó mucha basura bajo las alfombras, que se sembraron los gérmenes que han florecido en la actualidad… Pero… no obstante, a algunos, quizás ingenuamente, nos parecía que “la botella estaba medio llena”, y optamos por acogernos a la conocida plegaria mariana del tullido que rezaba aquello de “Virgensita, por favor, déjame como estoy”… Mejor parecía “no meneallo”.

Ese idílico panorama, en los últimos tiempos, se ha desvanecido casi por completo, mostrándonos la cruda realidad de que no navegamos en un batel medianamente seguro, sino en una balsa podrida que hace aguas por todas partes y amenaza con hundirse y dejarnos abandonados en medio del océano… El sistema parece haber entrado en barrena, y a ello ha contribuido no poco la nefasta gobernanza durante ocho años del “contador de nubes”, que destruyó el espíritu conciliador de la Transición, resucitando los peores rencores de nuestro pasado. Pero ahora no voy a hablar de ese sujeto, hoy ya afortunadamente retirado y dedicado a tiempo completo a la tarea de ese conteo nuboso para el que, sin duda, está tan bien dotado. Nunca debió dedicarse a otra cosa… Pero no es de políticos profesionales de quienes quiero hablar aquí… Esta larga introducción pretende acercarse al análisis de lo que ocurre en la más alta instancia de la Nación: La Corona.

Para este que escribe, lo peor de la situación actual, más allá del mal momento económico, de la recesión, más allá de los seis millones de parados; consiste en la amenaza o, mejor dicho, inminencia de la secesión de Cataluña y… del País Vasco que vendrá detrás ( o delante, quién sabe ). No voy a comentar aquí la magnitud del desastre, evidente para todo el que tenga algo de juicio; desastre no sólo moral, sino de quiebra de las garantías jurídicas, personales, familiares, laborales, económicas, de todo orden, que supondría esa tragedia… Uno esperaba una reacción acorde con la gravedad del órdago separatista…, una reacción de aquellos que están obligados a ello por mandato constitucional, por razón de su cargo, por el sueldo que les pagamos los contribuyentes… y por su honor, si es que lo tienen. Dejemos aparte la decepcionante actitud tibia y evasiva de don Tancredo -perdón, quise decir don Mariano-, que sin duda merece estudio aparte… y centrémonos, como ya he dicho, en La Corona…

¿Qué pasa en La Corona?… Pues si nos atenemos a lo que dicen y muestran, bien poco… Parece como si la cosa no fuera con ellos. Se han limitado a colgar de su página web un comunicado descafeinado y ambiguo que se puede interpretar en diversas claves según el gusto del consumidor. Hace pocos días, la máxima autoridad del Estado vino a Barcelona y fue objeto de desplantes varios por el sátrapa nacionalista que gobierna esto y… la cosa pareció hacerle mucha gracia… Campechano que es el hombre.

He aquí un par de “perlas” vertidas en el contexto de los fastos de las celebraciones del pasado día 12 de Octubre, que encaramos con humor, ya que, de otra forma, serían como para llorar a moco tendido:

- A preguntas de periodistas acerca de la situación actual:

“EL JAMÓN ESTÁ MUY BUENO”… Sí, esta aguda observación fue formulada poco después de finalizado el desfile de la Fiesta Nacional… He estado consultando a ver si es que el jamón pudiera tener alguna vertiente estratégico-militar para relacionarlo así con el desfile… Es posible que sí, que el jamón constituya una potente arma disuasoria de primer orden contra el islamismo radical, y más si lo unimos a sus parientes de pueblo, algo más rústicos, pero sabrosos: el chorizo y la morcilla, la sobrasada mallorquina, sin olvidar, claro está, la butifarra catalana… Pero no todo el jamón está muy bueno, habría que responder al artífice de ese hallazgo ontológico, está muy bueno si es ibérico y mejor aun si se trata de un 5 jotas y… si además ha sido pagado con cargo a los presupuestos generales del estado, ¡sin duda debe saber a gloria bendita!

-El “Delfín”, también en el contexto de un coloquio campechanote, con altas dosis de borboneo:

“CATALUÑA NO ES NINGÚN PROBLEMA”… ¡Hay que ver qué sabias inspiraciones vinieron a iluminar en el día de la Fiesta Nacional a estas las mentes privilegiadas! ¿Acaso fue un efecto colateral de ese jamón tan bueno?…

-En esa misma celebración de la festividad del 12 de Octubre, se abroncaba al Gobierno por unas frases vertidas días antes por el Ministro de Educación, y consideradas poco correctas políticamente por la Alta Institución… ¡No sea que se vayan a enfadar los independentistas! ¡Son tan delicados los pobres!

Todas estas salidas parecen revelar la tentativa de la Alta Institución de caer simpática a los secesionistas… ¿Qué esperan? ¿Les han prometido algo? ¿Acaso creen que en unos futuribles reinos de taifas, el rey de España (o de lo que quede) será también el rey de Cataluña, el rey de Euskadi, etc.? ¿Aspiran quizás a una “commonwealth-ita” de nacioncitas a gusto y medida de sus interminables ocios, que les garantice, emulando en plan modesto a su Graciosa Majestad Británica, ir de aquí para allá disfrutando de un variado y ameno parque temático vacacional?: Hoy a esquiar a Vaqueira, al reino de Catalunya; en verano a navegar a Mallorca, en el reino de les Illes, también catalán, por supuesto; luego un divertido sarao en Madrid, en el reino de España; después quizás una cacería con fiesta flamenca añadida en el reino de Al-Andalus…, etc., etc., ¿Es ese el futuro en el que sueñan?

En todo caso, esos gestos de la Corona, parecen revelar cuál es su verdadero talante, su escasa o nula intención de implicarse en lo que constituye su última, y acaso única, razón de ser: LA DEFENSA Y GARANTÍA DE LA UNIDAD DE LA NACIÓN ESPAÑOLA. Sin eso, la Monarquía no es nada, solamente un baile de disfraces, una fiesta de buena sociedad, tema para la revista Hola y similares… Sin eso, no le deberemos nada a esta Monarquía: ni lealtad, ni respeto, ni un sólo céntimo del presupuesto que les pagamos los contribuyentes… Esto deberían tenerlo bien claro.

Ahora, haciendo un alarde de imaginación, quiero situarme mentalmente en “el día después”; sí, en ese hipotético y desgraciado “día después” de que haya quebrado la unidad nacional…, que este que suscribe no desearía en modo alguno vivir… Si para entonces estamos aun por este perro mundo, si no nos hemos matado a palos, si no estamos en la cárcel o… Dios sabe dónde, yo me veo ya como ciudadano español de una futura España refundada como república, convertido en un convencido republicano, pero no de la primera ni de la segunda repúblicas, que fueron un horror, sino de una futura república dedicada a la reconstrucción, o mejor “refundación”, de España; gritando, como en su día el general Prim, “¡No más borbones!” y, naturalmente, con don José Ortega y Gasset: “¡¡¡Delenda est Monarchia!!!”

lunes, 22 de octubre de 2012

El Rey trata con Carlos Ghosn las expectativas de Renault en España

MADRID.- El Rey Don Juan Carlos ha recibido en el Palacio de La Zarzuela al presidente de la alianza franco-nipona Renault-Nissan, Carlos Ghosn, con quien ha tratado la actualidad española y las expectativas de Renault en España, informó la firma automovilística gala en un comunicado.

   En la recepción en La Zarzuela, en la que Ghosn estuvo acompañado por el presidente de Renault España, José Vicente de los Mozos, el directivo de Renault-Nissan tuvo ocasión de conversar con el Rey sobre la situación actual del mercado automovilístico en España y en Europa.
   Ghosn mostró su honor por haber sido recibido por Don Juan Carlos I y agradeció la oportunidad de mantener un encuentro que les "ha permitido conversar sobre la actualidad española y las expectativas de Renault en España".
   Además, el presidente director general de Renault-Nissan mostró ante el Rey su satisfacción por haber recibido la condecoración española de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica en un acto celebrado por la mañana.

¿Culpa Urdangarin a la princesa Letizia de sus problemas con la justicia?


MADRID.- Acaba de ser publicado el primer libro de la investigación sobre su conflicto con la justicia, que ha golpeado con fuerza a la institución monárquica española y si es verdad lo que dice, a alguien se le ha ido la chaveta. El libro "Urdangarin: un conseguidor en la corte del rey Juan Carlos", escrito por Esteban Urraiztieta y Eduardo Inda, periodistas del diario El Mundo que destaparon los negocios fraudulentos del duque de Palma, recreas con inusitado detalle varios episodios vividos en el seno de la Familia Real en relación a su caso.

Urraiztieta e Inda, que van a vender ejemplares como rosquillas, juegan en su obra al 'nuevo periodismo', mezclando realidad y ficción, y recreando muchas escenas y sucesos que sólo pueden haber imaginado.

LOS CAPÍTULOS DEL FOLLETIN

En el primer capítulo, que adelanta el diario de Unidad Editorial, se cuenta, por ejemplo, "el 40 cumpleaños del duque de Palma, celebrado en el palacete de nueve millones de euros en enero de 2008".
"Un cumpleaños que terminó como el rosario de la aurora, con el Príncipe abroncando a su cuñado por su ritmo de vida y por las impertinencias que le espetó bien entrada la noche".
También se cuenta como Don Juan Carlos le hizo un favor a Iñaki posibilitando la reunión en La Zarzuela con Camps y Barberá de la que saldría su primer gran negocio.
 "Lo que Don Juan Carlos pensaba que era una iniciativa impecablemente profesional resultó un gran fraude que acabaría con el paso de los años haciendo tambalear los cimientos de la primera institución de este país".
Además, se destacan las aspiraciones deportivas de Urdangarín que quería ser "presidente del COI".
 "Un hito más propio de una película de Cantinflas que de una institución seria como la Corona: el vídeo que el marido de la Infanta Cristina grabó "dando las gracias al pueblo español en unos momentos tan difíciles como los que estamos viviendo (sic)".

"Rafael Spottorno no daba crédito a lo que veían sus ojos y escuchaban sus oídos cuando recibió el CD con un discurso a la nación que era una surrealista versión del que Don Juan Carlos protagoniza cada Nochebuena".

Por si fuera poco, Inda y Urraiztieta meten a Doña Letizia en el ajo y aseguran que Urdangarín la culpa directamente de buena parte de sus males.
Concretamente la acusa de que sus corruptelas pasasen de los cajones del juzgado a las portadas de los periódicos.
"Es periodista, nos tiene manía y seguro que está detrás de todo lo que nos está pasando".
En cuanto a otras "bombas atómicas", que el exsocio de Urdangarín, Diego Torres, asegura que pagó con la tarjeta del Instituto Noos el anillo de pedida de Letizia Ortiz.
"La única verdad es que el príncipe encargó a su hermana pequeña recoger en la Joyería Suárez de Barcelona el segundo secreto mejor guardado -después de la boda en sí- de un acontecimiento que garantizó la continuación de la dinastía. Cristina delegó en su marido porque se encontraba en la cama con 39 de fiebre, víctima de una brutal gripe. En cualquier caso, en su peculiar relato reconoce que el Príncipe intentó pagar la sortija y que el duque de Palma le respondió que corría de su cuenta. Vamos, que era un regalo".
De lo pasajes más llamativos, el que describe con todo lujo de detalles la fiesta del cuarenta cumpleaños de Iñaki Urdangarín en enero de 2008 en su residencia de Pedralbes.
"Una fiesta sorpresa en la que Cristina se confabuló con los invitados para respetar la ley del silencio."
Entre los invitados al evento se contaban al heredero de la corona Búlgara, Kardam, y su mujer, Miriam Ungría; Konstantin y María García de la Rasilla; Pedro López Quesada y su esposa, Cristina de Borbón Dos Sicilias, doña Elena, el Príncipe, Letizia y la Reina. También David Barrufet, la regatista Vicky Fumadó, Alex Crivillé y su esposa Anna Nogués y un sinfín de deportistas. Los más discretos, como siempre, los Urdangarín, cuyas hermanas Ana y Lucía "colaboraron activamente con su cuñada en los preparativos".
Fue la fiesta en la que muchos conocieron la cara del socio de Iñaki, Diego Torres.
Aquel cumpleaños fue el escenario de una sonora bronca entre cuñados. Iñaki Urdangarín pidió a su cuñado, el Príncipe Felipe, ayuda financiera para pagar su palacete:
"Señor, no puedo con la hipoteca de la casa, son 20.000 euros al mes; sólo pido que se me ayude en los pagos, tal y como se me había prometido".
"Jamás te prometimos nada, aquí cada uno se paga su casa", respondió tajante el Príncipe.
Urdangarín insistía y Don Felipe zanjó el debate:
"¡Pues no habértela comprado!".
Una de las partes más curiosas de la bronca o la supuesta bronca fue precisamente que Iñaki espetara al Príncipe.
  "Yo compré esta vivienda porque el Rey quería alojarse en nuestra casa cada vez que viniera a Barcelona y, como el piso en el que vivíamos no era muy apropiado para el padre del señor, se me aseguró que me echarían una mano".
A lo que el Príncipe respondió tajante "eso es mentira, nosotros jamás te hemos prometido nada".
Urdangarín insistía, "pero es que yo no llego, no llego, señor".
Y es que Urdangarín jura y perjura que compró el palacio porque en 2003 el rey le espetó:
"¡Pero cómo tienes a mi hija en un piso de 300 metros cuadrados cuando mi hija ha vivido toda su vida en un palacio!".

domingo, 21 de octubre de 2012

Spain’s New Old Flag / by Jonathan Blitzer *


MADRID.-  Every Thursday evening, in the middle of the Puerta del Sol, a small crowd gathers around an equestrian statue of King Carlos III to stage a modest protest. There are rarely more than 25 people, most of them in their 70s. The first thing several of them do is unfurl a banner that reads: “Against impunity, in solidarity with the victims of Francoism.”

Then, a few others hoist up the tricolor flag of Spain’s Second Republic. Its yellow, red and purple bands hearken back to an era of democratic promise. That tumultuous period, which began in 1931 with the election of a left-leaning coalition that sent King Alfonso XIII into exile, had its share of political squabbles and reactionary violence. But it also brought heady euphoria and a raft of egalitarian reforms. A new constitution enshrined women’s suffrage and freedom of speech, while stripping the nobility of its erstwhile privileges.
Those days had a palpable air of reformist zeal and ambition. Today, amid a painful recession and a crisis of political leadership, the promise of that bygone era has a renewed purchase.
The Spanish public is reeling. But unlike in the years of the Second Republic, much of the drama revolves around what seems to be happening outside Spain. National politicians have been reduced to beleaguered spectators. The Republican flag is a bedeviling, homegrown symbol underlining the enervated state of the current political class.
Under the circumstances, its relevance and meaning are shifting. Until recently, older Spaniards who remember the years of the dictator Francisco Franco, just after the Second Republic, regarded the Republican flag with a mix of pained nostalgia and a flash of activist fervor. And Spaniards born after democracy was restored in the late 1970s tended to think of it more as a recondite artifact than a galvanizing symbol. Now it’s making a comeback with them, too, thanks to the growing democracy deficit in the European Union generally, and in Spain specifically.
At public demonstrations against austerity measures, an ever diverse array of protestors, including young people, wave the old tricolor. As the journalist Javier Valenzuela told me, “Young people in their 20s and up are identifying the flag as a symbol of protest against the current state of affairs.”
Bearers of the Republican flag at public demonstrations say it has a range of meanings. Some cite historical memory of the atrocities of the Civil War and its enduring legacy of unburied enmities. Others, drawing on the history of the Second Republic, mention the waning prestige of the Spanish monarchy.
Still more carry it to rallies as a call for economic justice at a time when the government is doing nothing about the widening gap between the rich and the poor — a chief issue also during the early years of the Republic. As one activist remarked: “The question shouldn’t be ‘Why are we seeing so many more Republican flags now?’ It should be ‘Why weren’t we seeing more of them in the years before?’”
The flag is, crucially, a catchall. In the current political morass it’s hard for engaged citizens to know where exactly to take aim with a pointed critique. So much seems to be going wrong. The Republican flag invites and sustains activism while also keeping criticism flexible and open-ended. 
Last Thursday, at around 7 p.m., two 18-year-olds walked to the center of the Puerta del Sol. One of them was carrying a backpack. She paused for a moment, as if she were having second thoughts, but at her friend’s prodding she unzipped her bag and pulled out a Republican flag. She draped it over her shoulders and joined the group of elder protestors.
“Why this flag? Why now?” I asked her. ”It’s because I don’t identify with the current Spanish flag,” she said. Then, gesturing to the flag of old hanging off her shoulders, she shrugged: “I feel closer to this one.”

(*) Jonathan Blitzer is a journalist and translator based in Madrid
http://latitude.blogs.nytimes.com/2012/10/19/spains-new-old-flag/?smid=fb-share 

La infanta que no da guerra / Isabel F. Barbadillo

Pocos miembros de la realeza logran conjugar elegancia y espontaneidad de una forma tan natural como lo hace la infanta Elena, persona de genio y carácter donde las haya. ¿Imaginó la primogénita de los Reyes que aquel 12 de octubre del 2011 sería el último en que su hermana, Cristina, y su cuñado, Iñaki Urdangarin, presenciarían el desfile de la Hispanidad desde la tribuna de la Casa Real? ¿Guiño o ironía del destino? Aquel día doña Elena se puso el mismo traje chaqueta rosa palo, diseñado por Christian Lacroix, con el que tantos elogios cosechó precisamente en la boda de los duques de Palma catorce años antes, aunque esta vez prescindiera de la pamela. Si no fuera porque conocemos la historia de imputaciones por fraude, prevaricación y malversación de fondos, parecería que aquel gesto, más que a reciclaje de armario obligado por la crisis, sonaba a homenaje de despedida. Justo un año después, ella, la cuarta en la sucesión al trono de España, también es 'apartada' de la tribuna principal en los actos del jefe de Estado.
 
La fotografía del pasado día 12, en la que aparecía aguantando el desfile junto a Alfredo Pérez Rubalcaba, se convirtió en la imagen del día. Las ausencias de Cristina de Borbón y Urdangarin ya no son noticia por sí mismas, pero la interpretación generalizada atribuye el cambio a la necesidad de la monarquía de disimular este vacío. Nada más lejos, según la Casa del Rey, que respalda la escueta explicación de doña Elena cuando dijo: «Este momento tenía que llegar». Desde La Zarzuela aseguran que si no hubiera estallado el 'caso Nóos' también se hubiera modificado el protocolo: hacía tiempo que se barajaba dar más relevancia a los Príncipes. «Su posición como infanta no ha variado, pero se ha decidido que en los actos de Jefatura de Estado estén presentes los Reyes y los Príncipes, que es lo constitucionalmente previsto. Ella seguirá representando a la Corona donde se considere que debe hacerlo y seguirá con su agenda habitual». Punto.
 
¿Pero por qué ahora y no antes?, se pregunta la periodista Carmen Duerto, coautora de la única biografía (no autorizada) que existe de la infanta Elena y a quien ese desplazamiento de tribunas le parece «injusto» para la primogénita de los Reyes y «un agravio que se suma al que ya sufriera al ser ignorada como heredera a la Corona». «A los 50 años (48 para se exactos) le dicen que desaparezca, pero es que eso no figura en ningún decreto ni estatuto. Y no está imputada», comenta Duarto indignada.
 
Por contra, la experta en Casa Real y periodista Carmen Enríquez opina que el nuevo protocolo no supone marginar a la duquesa de Lugo, sino que adquiere un nuevo tratamiento para que las actividades de don Felipe tengan más realce. «Además, la familia crece, tiene muchos miembros y es necesario distinguir entre el núcleo duro, que conforman los Reyes y los Príncipes, y el resto». Lo que no comparte Enríquez es el lugar que ocupó junto al jefe de la oposición. «Eso sí fue chocante, yo creo que hubiera encajado mejor delante del presidente del Tribunal Constitucional», matiza.
 
En cualquier caso, doña Elena desempeñó su nuevo papel con la dignidad que la caracteriza. Tal vez ni siquiera la importe, volcada como está en su trabajo en Mapfre -que es de lo que vive-, en sus hijos y en las tareas domésticas. Con frecuencia se la ve comprando en el Mercadona de la zona del Retiro, próximo a su casa. Y quienes la han visto con el carrito cuentan que gasta la marca blanca El Hacendado tanto en yogures griegos como en leche con calcio y otros productos. Intenta pasar desapercibida como cualquier mujer de a pie y hace caso omiso a sus guardaespaldas, que soporta por obligación. El poco tiempo que le queda lo ocupa en el deporte y en los actos sociales a los que representa a la Familia Real y por los que percibe una asignación.

Doña Elena fue disciplinada y educada para ser infanta, no reina, un puesto que no la gustaría ocupar y que, sin embargo, temió durante el romance de su hermano con la modelo noruega Eva Sannum. Carmen Duerto habla del «alivio» que sintió al romperse esa relación por la que el Príncipe «estuvo a punto de renunciar a sus derechos como heredero». Añade que es «la más auténtica de la familia», mientras Enríquez resalta su preocupación por las personas y el hecho de que tenga «detalles muy humanos». 
 
También un gran genio (prohibió a su madre asistir a una de las pruebas del vestido de novia porque estaba enfadada con ella) y un fuerte carácter que ha sabido atemperar con el paso del tiempo y la práctica de la equitación. En cierta manera, los caballos han domado a la amazona real y su afición a la hípica, que volvió a practicar tras la separación de su marido y padre de sus dos hijos, Jaime de Marichalar, le sirvió de terapia y le permitió reencontrarse con sus viejos amigos.
 
París, donde vivió los primeros años de casada, y la moda no eran lo suyo. La infanta aceptó los consejos de su esposo y exhibió un nuevo estilismo a costa de dietas, diseñadores y saraos que la mantenían en primera plana del papel couché. Hasta que el 13 de noviembre del 2007, después de 12 años de matrimonio y el ictus sufrido por su esposo, la Casa Real oficializaba de forma sui géneris lo que ya se masticaba en la calle: «El cese temporal de su convivencia matrimonial».
 
La infanta ha sido, quizás, la más sufridora de los tres hermanos, unidos por muchas confidencias personales y separados aparentemente por el deterioro que sufre la imagen de la Corona, dañada por la presunta corrupción de Urdangarin y la cacería de elefantes del Rey. Con su padre es con quien doña Elena comparte más aficiones. Toros, vela, caza, chistes y buena cocina. Dicen que sus temperamentos son los más coincidentes. De niña veían juntos en la tele 'El coche fantástico' y se marcaban algún que otro baile. Campechana y desinhibida como él, y ambos con un pronto que asusta. Bonachona y de gran corazón, dicen de ella personas a su servicio. También simpática, divertida y tan bailonga que lo mismo se desmelena en un concierto de Bisbal que se contornea al ritmo del 'waka-waka' o recibe a 'La Roja' con efusividad. Deporte e identidad española es algo que ha inculcado a su hijos, Felipe Juan Froilán, de 14 años, y Victoria Federica, de 12, con quienes asistió a los Juegos Paralímpicos de Londres 2012. Se le han atribuido aventuras sentimentales con jinetes, militares y hasta con toreros. A ella le da igual. En estos tiempos que corren, por su sensatez, es un valor en alza.

sábado, 20 de octubre de 2012

Un mal llamado monarquía: Política parasitaria y extractora / Xabier Pikaza Ibarrondo *

He presentado hace dos días un comentario al texto clave de Mc 10, 35-45, donde Jesús critica a los reyes y grandes del mundo, que son fuente especial de opresión, citando en ese contexto un trabajo sobre el surgimiento de los profesionales de la política como “clase extractora”.
 
Los blogueros más “católicos” de mi portal han vuelto a protestar airadamente, no contra mí (que no soy nadie), sino contra Jesús, a quien tienen miedo, cumpliendo el buen refrán que dice: “Vuelve la burra al trigo…” (como decía el obispo de Donostia).

Insistiendo en el tema de la "burra y el trigo" , debo indicar que admiro la humildad y grandeza de aquel buen asno nuevo, que cargó con Jesús hasta Jerusalén, para que pudiera ser eso que llaman "rey", pero de un modo distinto, en contra de la realeza de la "caballería", que se había establecido en Israel, criticada ya por los mayores profetas y sabios, San Jotán y San Samuel (y otros como Isaías), como verá quien siga leyendo.

Vuelve la burra al trigo… Así quiero yo retornar al buen trigo de Jesús, ofreciendo mi contribución al conocimiento (y crítica) de la “sin-razón parasitaria y extractora” de un tipo de monarquía y política
, que criticaron ya los mejores israelitas de la Biblia, hace más de dos mil quinientos años.

Posiblemente, un tipo de mediación política del poder sea necesaria (como acabó sabiendo Israel, coronando a David), pero todo poder que se separa de la vida del pueblo, poniéndose por encima de ella corre el riesgo directo de volverse “malo” (zarza parásita e incendiaria, clase extractora general, que encima se auto-diviniza), a no ser que sea constantemente discernido, criticado y renovado.

Éste es para la Biblia el principal tema "religioso", que Jesús ratificó de un modo radical, proclamando un Reino de Dios donde ni siquiera Dios es Rey (de esa manera), sino Creador de vida (sanador) y fuente de Fraternidad. 
Surgimiento de la monarquía. Punto de partida 

Durante varias generaciones (entre 1300 y 1050 aC), Israel existió como pueblo unido, sin Estado central ni división de clases económicas. Pero, en un momento de crisis, las tensión entre las tribus y el peligro externo de la dictadura militar filistea, hicieron añorar la existencia de un rey, que impusiera su poder, para enfrentarse con los enemigos y para someter a los “amigos”, los antes libres, haciéndolos vasallos. 

Al principio pudo evitarse su llegada: Las tribus eran árboles buenos (vid, olivo, higuera), que daban fruto y vivían en riqueza compartida, sin necesidad de un poder superior no productivo, que viviera a costa del pueblo, y de una oligarquía comercial parasitaria, que viviera sin trabajar y chupara la savia de los árboles del bosque. 

“Profecía” de Jotán, una razón extractora

Ése es el tema del famoso apólogo de Jotán profeta, que se eleva y protesta en contra de un reyezuelo llamado Abimelek (¡Padre es el Rey!) que implanta su monarquía en Siquém, en el centro del pueblo:
Jotam se colocó en la cumbre del monte Garizim, alzó la voz y clamó: «Escuchadme, señores de Siquem, y que Dios os escuche.
Los árboles se pusieron en camino para ungir a uno como su rey. Dijeron al olivo: “Sé tú nuestro rey.” Les respondió el olivo: “¿Voy a renunciar a mi aceite con el que gracias a mí son honrados los dioses y los hombres, para ir a vagar por encima de los árboles?” Los árboles dijeron a la higuera: “Ven tú, reina sobre nosotros.” Les respondió la higuera: “¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a vagar por encima de los árboles? Los árboles dijeron a la vid: “Ven tú, reina sobre nosotros.” Les respondió la vid: “¿Voy a renunciar a mi mosto, el que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a vagar por encima de los árboles?”
Entonces todos los árboles dijeron a la zarza: “Ven tú, reina sobre nosotros.” La zarza respondió a los árboles: “Si con sinceridad venís a ungirme a mí para reinar sobre vosotros, llegad y cobijaos a mi sombra. Y si no es así, brote fuego de la zarza y devore los cedros del Líbano (Jc 9, 7-15)
El tema es claro. Los que valen valen, y producen, y comparten, creando de esa forma un mundo de riqueza y abundancia, de gozo y plenitud mutua . Ésa es la ley “natural” de la vida. Que cada familia (cada uno) sea un árbol fecundo, que produce para sí y para los otros, sin necesidad de superestructuras de poder violento, que son parasitarias, como la zarza que se alza sobre todos los árboles buenos, les chupa la savia y encima amenaza con quemarles, si no le obedecen. De esa forma, frente a la razón productora y compartidora (comunitaria) de los árboles buenos, que se comunican la vida unos a otros, aparece la razón parasitaria y extractora de la zarza, que no vale para nada, pero se especializa en sorber la sabia y vida de los otros.

San Samuel: Principios de la razón extractora del Rey 

Así lo dice de forma aún más clara el “profeta” Samuel, testigo de la grandeza parasitaria de Israel, centrada en David, que parecerá signo de Dios, protector de sus vasallos, pero que el final terminará convirtiéndose en el gran parásito. Los israelitas le piden un rey (es decir, un gobierno fuerte), y él les advierte:
Este será el derecho del rey que reinará sobre vosotros: Tomará a vuestros hijos y los empleará en su carroza y sus caballos; les pondrá a su servicio, como jefes de mil y jefes de cincuenta, utilizándolos también para labrar su labrantío, segar sus mieses y fabricar sus armas de guerra... Tomará a vuestras hijas como perfumistas, cocineras y panaderas. Se apoderará de vuestros mejores campos, de vuestros viñedos y vuestros olivares y se los dará a sus servidores. Exigirá, además, el diezmo de vuestras sementeras y de vuestros viñedos y vuestros olivares mejores y los dará a sus ministros (1 Sam 8, 11-16).
Éste es el riesgo de una clase monárquica, extractora y parasitaria, que se alimenta del pueblo y que, encima, que debe alimentar a la oligarquía de la corte. Los israelitas supieron el riesgo en el que vayan a caer pidiendo un gobierno de ese tipo, con un Rey que pretende ser signo de Dios. 

Pues bien, el texto sigue diciendo que, a pesar de esa advertencia del profeta, ellos optaron por un rey, y que Dios acepta su propuesta (¡en contra de su voluntad!), diciéndole al profeta que el Rey y su sistema de economía y gobierno iba en contra del “orden divino” de la sociedad: No te rechazan a ti, sino a mí mismo me rechazan, para que no reine sobre ellos (1 Sam 8, 7). Dios reinaba sin “intermediario” real, es decir, sin unos mediadores políticos y económicos como los que habían dominado en las ciudades cananeas, contra las que se habían alzado los israelitas al principio.

Dios mismo era garantía de unidad y defensa del pueblo, que se reunía y regía pacíficamente, sin necesidad de una mediación oligárquica, militar y económica del rey. Pues bien, desde el momento en que el pueblo pone a su cabeza un Rey, Dios se vuelve innecesario.
En lugar del Dios de la fraternidad, que es garante de la comunión directa de las tribus, se eleva el rey como signo de concentración económica y militar de poder, garantizando de algún modo la estabilidad israelita, pero al modo de los otros pueblos del entorno (cf. 1 Sam 8, 6). Y con el rey nace el ejército profesional y la división de clases, con un estamento administrativo (siervos del rey) y militar (jefes de tropa) que vive del trabajo e impuestos de los otros, de manera que hace falta una plusvalía económico-social (un capital para la monarquía y su corte).
De esa forma ha narrado la Biblia, de manera narrado manera precisa y cortante, el establecimiento de la monarquía de Israel, no en forma mítica, como en otros pueblos (donde el rey es signo de Dios y en el él desemboca el drama de la teogonía), sino de forma histórica, pues hubo un tiempo ideal sin reyes (y ese ideal sigue siendo el telón de fondo de la historia). Hay además, la Biblia sabe, una razón económico-militar: el riesgo externo.

En condiciones adversas

La monarquía de Israel surgió de hecho a causa del riesgo de los filisteos, que formaban una aristocracia militar que había conquistado las plazas costeras del sur de Palestina (Ekron, Gaza, Askalon, Gat, Asdod; cf. 1 Sam 6, 17), estableciendo allí su dictadura económico-social expansionista. Su poder estaba ligado a la táctica guerrera, dirigida por cinco seranim, “tiranos” de su pentápolis, que monopolizaban la producción y comercio del hierro, ejerciendo un severo control sobre el armamento.
No se encontraba un herrero en todo el país de Israel, pues los filisteos se decían: ¡que los hebreos no fabriquen armas ni espadas! Por eso, los israelitas tenían que bajar adonde los filisteos para afilar sus arados, sus azadones y sus hachas, pagando... Aconteció, pues, que el día de la batalla no había en Israel lanza ni espada (1 Sam 13, 10-21).
Esta era la situación hacia el 1050 aC. Hasta ese momento, las tribus de la zona montañosa habían podido enfrentarse con las ciudades cananeas, cuyos carros de combate eran poco apropiados para las quebradas y/o llanuras pantanosas, donde se imponía la guerrilla. Pero los filisteos disponían del hierro y tenían un armamento superior ligero e individual (cf. 1 Sam 17, 5 ss) que les daba ventaja sobre los israelitas, que respondieron buscando un líder carismático: Saúl. 

En sentido estricto, Saúl no fue todavía un rey (no unificó la administración ni tuvo una corte lujosa), sino que era general en jefe de unas tribus, a las que convocó contra los nómadas de oriente, en Galaad (cf. 1 Sam 11), y contra Filistea (1 Sam 13-14). Pero tuvo necesidad de crear un ejército permanente, con la novedad económica que eso implicaba. Antes los soldados volvían a sus casas al acabar la guerra, ahora no:
La guerra contra los filisteos fue muy viva... y en cuanto Saúl veía cualquier hombre fuerte o valiente lo atraía hacia sí... Y Saúl escogió tres mil hombres de Israel: dos mil estaban con él en Mikmas..., y mil, con Jonatán (su hijo) en Gibea de Benjamín (1 Sam 14, 52; 13,2).
Nace así el ejército profesional, pues la defensa exige una milicia constante, con cuarteles o campamentos, cerca de los puestos de peligro, dispuesta al pronto combate, y con eso surge una primera división de clases: los soldados se separan del resto de la población, de la que viven (cobrando para ello unos impuestos) y a la que defienden. El hierro es caro, la guerra necesita hombres preparados (separados) y dinero. 

Y surgió la monarquía

Pero Saúl fracasó, muriendo en Gelboe, en manos de los filisteos, hacia el 1000 aC, y en su lugar se elevó David, que había empezado su “carrera” como soldado y jefe particular (condottiero de guerreros profesionales), a través de una brillante carrera político-militar que le hizo rey:
Se le juntaron todos los hombres en apuros, cuantos tenían un acreedor y todos los individuos amargados; David hízose su caudillo y sus acompañantes eran unos 400 hombres (1 Sam 22, 2).
Vivió por un tipo del “pillaje” y de un tipo de “impuesto revolucionario” que exigía a los propietarios de tierras, que él decía defender, en tiempos de crisis. Fue también un mercenario al servicio de los filisteos (1 Sam 27), haciendo un doble juego y sabiendo granjearse con regalos a los representantes de Judá (1 Sam 30) que le ungieron rey tras la caída de Saúl (2 Sam 2, 2-4), para hacerse luego rey sobre todo Israel (2 Sam 5, 3). Ciertamente, parece haber sido un “creyente” israelita (devoto de Yahvé), pero creó una estructura económica y militar contraria a los ideales de Israel.
(a) Siguió siendo un condottiero, un Señor de la Guerra, rodeado por antiguos compañeros de guerrilla (cf. 1 Sam 22, 2) que formaban su guardia militar (cf. 2 Sam 23).
(b) Se enriqueció con sus campañas y conquistas militares, contratando a soldados mercenarios de Creta y Filistea (cf. 2 Sam 8, 18; 18, 20) que puso a su servicio.
(c). El rey es rey por derecho de conquista. Con sus profesionales mercenarios (sin la participación de las tribus, es decir, del verdadero pueblo), David conquistó Jerusalén, un importante enclave cananeo-jebusita, que será su ciudad particular (su “capital”, en sentido político y económico).
De esta forma, el pueblo de las libertades tiende a convertirse en pueblo dependiente de un centro más alto, que funciona como capital política, templo real (con el traslado del Arca de Yahvé y la construcción del santuario; cf. 2 Sam 6; 1 Rey 6) y cuartel militar de un ejército mixto, de israelitas de las tribus y de mercenarios (2 Sam 5,10-21). 

Ciertamente, David mantuvo la independencia de Israel y conquistó toda la tierra de Canaán, pero creó una serie de problemas que serán casi insolubles para el yahvismo posterior:
--el centralismo administrativo, con la sumisión económica del pueblo, dividido en clases y obligado ya a pagar tributos,
-- y un ejército profesional, contrario a la antigua experiencia religiosa israelita. 

Esos problemas y contradicciones se agudizaron con Salomón, hijo de David (960- 920 aC), impuesto como rey por una intriga palaciega, apoyada por los cereteos y peleteos, es decir, por los mercenarios del dinero, al servicio del gran capital controlado por Salomón. Nos situamos ya en la pendiente que lleva al establecimiento del poder del dinero, como único Dios de la tierra(cf. 1 Rey 1, 38; Mt 6, 24).
 
La vieja organización libre de las tribus tiende a desaparecer, y en su lugar se introduce una administración “racionalizada” con criterios territoriales y militares (cf. 1 Rey 4), de tipo mercantil. Salomón aparece así como un verdadero rey cananeo, un líder del gran comercio de orienta, más que como un fiel israelita.

(*) Teólogo